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Villasmil: Humberto Calderón Berti

 

Habló Humberto Calderón Berti, el destituido embajador de los demócratas venezolanos en Colombia. Pocas intervenciones fueron tan esperadas y seguidas en las redes sociales como la suya. En lo fundamental, ¿qué conclusiones y lecciones pueden extraerse de su intervención, tan lúcida y elocuente?

Reafirmó, como diversos actores han hecho y siguen haciendo, la necesaria existencia, en el combate contra un régimen ética y políticamente inhumano, del hecho moral, que obliga a todos los ciudadanos, pero muy especialmente a sus dirigentes democráticos.

Para estos últimos, la lucha contra el castro-chavismo y sus defensores dentro y fuera de Venezuela, debe estar construida no sobre privilegios, sino sobre deberes.

La transición no puede ser una rebatiña entre los partidos.  

La falta de transparencia, de empatía y de comunicación son un cáncer que afecta al liderazgo opositor. Puso como ejemplo la última ronda de negociaciones con el régimen, decisión que no le fuera informada a uno de nuestros aliados más leales e importantes, Colombia.

Los partidos y sus dirigentes (y el entorno familiar y de amistad de ellos) deben estar siempre al servicio de la unidad opositora, y no confundir ambiciones personales y privadas con intereses públicos, debiendo estar puestos todos al servicio del bien común. La corrupción hay que combatirla en todos los frentes. Es aberrante buscar maximizar recompensas creyendo que al mismo tiempo pueden minimizar riesgos, poniendo asimismo a un lado el objetivo prioritario de derrotar a la dictadura.

La división de la oposición, de sus dirigentes, se expresa en una fragmentación cada vez mayor del sistema de partidos, generando una debilidad visible para todos.

Hay que insistir en la importancia de una oposición partidista unida como realidad integradora de la lucha de toda la sociedad por las libertades democráticas.

 

No hay duda de que la oposición, con sus energías y sus paradojas, ha cometido muchos errores; a mi juicio hay dos, de carácter estratégico, que se cometieron desde que Juan Guaidó renovó las esperanzas de todos a comienzos del 2019 –infundiendo temporalmente la serenidad de una finalidad compartida, y que además parecía que podía lograrse- errores que hoy sobrevuelan en muchos mensajes negativos que pueden verse en las redes sociales:

1) Creer que la derrota de la tiranía vendría de un simple acto, bien sea de rendición/negociación de su parte (o de un sector importante de ella) o bien de la fuerza militar –interna, o externa, o una combinación de ambas- capaz de derrotar al cogollo narco-militar y sus aliados diversos. La primavera venezolana de 2019 estuvo llena de elogios sin condiciones al gobierno norteamericano, a su presidente, Donald Trump, y a sus asesores y voceros más declarativos sobre el tema venezolano; a medida que han pasado los meses, la culpa de la no ocurrencia del acto liberador ha sido progresivamente trasladada a Guaidó y su equipo, como si de ellos dependiera tal decisión.

2) Pensar que lo ofrecido como objetivos de la lucha: cese de la usurpación, proceso de transición, y elecciones libres, era un dato inconmovible –de hecho, sorprendentemente, todavía hay personas que así lo creen-. Por una parte se confunden medios con fines; el fin es el retorno de la democracia y de la libertad a Venezuela. Los tres pasos fueron entendidos, en el momento en que fueron definidos, como el camino más lógico y coherente para lograrlo. Pero no hay que olvidar nunca que todo plan estratégico, al necesariamente incluir decisiones y acciones del contrario, puede –incluso debe- sufrir modificaciones, en especial en el tan importante “cómo”.

Todo lo anterior se resume en un desencuentro cada vez mayor entre dirigencias y pueblo. Un amigo me envía esta opinión: «Para mi el símil con los desencuentros constantes entre el liderazgo y los opositores en general es como una situación en la que el cuerpo médico debe intervenir  a un paciente muy grave, con los familiares dentro y fuera del quirófano gritando y dando órdenes sobre el curso de la cirugía. Simplemente imposible, así no hay quien pueda mantener la cabeza y nervios en su lugar.» A lo cual añado: “Yo agregaría que un problema adicional es que luego de que se les convence a los familiares que abandonen el quirófano y dejen trabajar a los médicos, pasan horas, y horas, muchas horas, y o no les dan información a los familiares, o es contradictoria, o incluso peor aún, para asombro de los familiares, los médicos comienzan a discutir y pelearse entre sí…”

Pero no sigamos lloviendo sobre mojado. Eso sí, cierta dirigencia ex -opositora se quitó la careta (el llamado por algunos “Grupo Vichy”, como los colaboracionistas franceses en la Segunda Guerra Mundial, o de manera más criolla “la mesita de diálogo de Maduro”), lo cual es un hecho positivo, porque desde hacía tiempo se sabía que estos señores jugaban para el equipo contrario y no se tomaban definiciones claras al respecto.

En palabras del artículo periodístico más reciente de otro gran dirigente demócrata-cristiano, Oswaldo Álvarez Paz: Sólo la firmeza alrededor de nuestras convicciones básicas puede generar la fuerza suficiente para el cambio necesario. En esta hora tan delicada debemos intensificar la relación entre el objetivo y los actos que realizamos para alcanzarlos”.

En su rueda de prensa, Humberto Calderón Berti mostró el talante de un auténtico luchador democrático, que busca siempre perseverar y no desesperar, enfrentar dificultades y no lamentarse por ellas y, sobre todo, exigió en toda la dirigencia una tenacidad como la que mostró siempre, por ejemplo, Albert Camus, el escritor devenido en guerrero contra el nazismo y por la libertad de Francia y quien, en palabras de Jean Daniel fue un “combatiente de las que podrían denominarse las aventuras de la verdad”, insistiendo una y otra vez que la lucha del pueblo francés por su libertad poseía “la certeza de la victoria porque tiene la obstinación de las primaveras.” Los venezolanos tenemos mucho tiempo repitiendo frases similares. Ya es hora de que todos, con un liderazgo opositor unido, les hagamos justicia.

 

 

 

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