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Ya no hay equipo Cuba de béisbol

Desde la Plaza de la Revolución se comanda un sistema deportivo que humilla el nombre del país y nuestra gran tradición en el béisbol

Todo el mundo lo sabía: la meta de pasar a la Súper Ronda, mejorar el quinto lugar del torneo anterior y obtener ya el boleto a Tokyo 2020 era una quimera. Lo que nadie sabía es que a la grama del Gocheok Sky Dome de Seúl saldría una escuadra de zombis que rompería todo récord de desgana defendiendo el nombre de su país.

Se suponía que los jugadores estaban en buena forma, los de adentro y los de afuera. Yurisbel Gracial venía de ser elegido Jugador Más Valioso de la final japonesa, luego de una temporada donde Alfredo Despaigne volvió a mostrar su tremendo poder al bate. Erisbel Arruebarrena llegaba del béisbol profesional norteamericano. Frederich Cepeda parecía renacido. Pero todos decepcionaron.

Primero, Canadá demostró seguir siendo la nueva némesis de los cubanos y ganó 3-0 sin tener que jugar excelente, ni mucho menos, aunque ciertamente Phillippe Aumont, veterano de las Grandes Ligas, lanzó uno de los mejores juegos de su vida. Como ya se ha vuelto tradición, la ofensiva se durmió.

Pero al segundo día los sonámbulos bateadores ligaron tres carreras y Cuba le ganó a Australia 3-2 en diez innings. Agónicamente, como en las Olimpíadas de Atenas 2004 y los Clásicos de 2009 y 2017. Pero todo volvió a la normalidad ante Corea del Sur, que no tuvo en cuenta el plan de Higinio Vélez y compañía y aplastó a la selección nacional 7-0 sin mucho esfuerzo.

Se suponía que los jugadores estaban en buena forma, los de adentro y los de afuera

En tres partidos, Cuba recibió dos blanqueadas. En 25 de las 28 entradas le colgaron un cero y en total solo anotó tres carreras. Yurisbel Gracial, Alfredo Despaigne y Frederich Cepeda -el tercero, cuarto y quinto bates respectivamente- dieron dos hits en 33 turnos. El promedio ofensivo del conjunto quedó en 167.

No hubo ningún extrabase. Solo una almohadilla robada. Cuatro bases por bola únicamente. Se tomaron 28 ponches. El pitcheo, que debía actuar sin margen de error debido a la nula artillería, regaló 17 boletos y propinó cuatro pelotazos. Pero aun así estuvo mejor que los bateadores.

El nuevo director técnico de la selección, que había prometido un renacer heroico, declaró, muy campante, luego del desastre: «Los muchachos se entregaron de forma total, aun cuando no logramos el resultado por el que lucharon. Debo destacar que mantuvieron disciplina, cohesión y dedicación dentro y fuera del terreno. Si algo no funcionó es responsabilidad de la dirección».

El periodista Boris Luis Cabrera de Cubadebate ha escrito que está «de acuerdo que se podían haber hecho cambios, trazar otras estrategias, darle movimiento a la banca y probar con otras alineaciones al comienzo del partido, pero lo cierto es que el béisbol cubano no está preparado -aunque nos duela aceptarlo- para enfrentar ese nivel de juego, muy superior en todos los aspectos al nuestro».

Más acertado es Jorge Ebro, de el Nuevo Herald, para quien la debacle se debe a todos los problemas acumulados que conocemos, pero sobre todo a «un cansancio deportivo y social. Este equipo no vino a buscar nada». Evidentemente, no hay que culpar en primer lugar a los peloteros. Como tampoco es un problema de buscar a otro mánager luego del fracaso de Rey Vicente Anglada y de Borroto. Ni de métodos, ni de técnicas, ni de estrategia. La terrible verdad es que ni siquiera es culpa principal del tenebroso Higinio Vélez.

Hay que tener en cuenta que no es solo que por decisión política no se les permita jugar en la selección nacional a los cubanos que participan en la Gran Carpa, aunque ya eso es un error de calibre. Es que ni siquiera se convoca a los que juegan en ligas extranjeras autorizados por el INDER. Y todo ello en un momento en que nuestros peloteros están brillando de manera pasmosa por todo el mundo. Por eso es que, como dice el periodista Michel Contreras, «mientras no exista Equipo Unificado no habrá equipo».

Más acertado es Jorge Ebro, de ‘el Nuevo Herald’, para quien la debacle se debe a todos los problemas acumulados que conocemos, pero sobre todo a «un cansancio deportivo y social

Asombra ver lo que escriben algunos foristas en el portal oficialista Cubadebate. «El deporte en Cuba no es más que un reflejo de lo que pasa en el país. Se utilizan los mismos viejos métodos, pensando que algo va a cambiar«, ha dicho uno. Otro: «Hay que quitarse las vendas de los ojos y crear de una vez y por toda la Liga de Béisbol Profesional en Cuba».

Porque lo indudable es que jamás se tiene en cuenta a la afición que sufre esta muerte de la pelota cubana. Una imagen que mide la realidad es lo ocurrido hace unos días en el estadio «5 de Septiembre» de Cienfuegos, donde se apareció José Dariel «Pito» Abreu, el Elefante Mayor de esa provincia, que ahora juega con los Medias Blancas de Chicago.

Ese público local que coreaba «¡Pito, Pito, Pito!» a su eterno número 79 es toda la afición cubana demostrando que sigue queriendo y admirando a los peloteros que juegan en otras ligas del mundo y están logrando poner en alto el nombre de Cuba, a pesar de que, al mismo tiempo, desde la Plaza de la Revolución se comanda un sistema deportivo que humilla el nombre del país y nuestra gran tradición en el béisbol.

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