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Platón 1 – Google 0: los filósofos arrasan en Silicon Valley

De IBM a Google, los gigantes tecnológicos contratan cada vez más filósofos. El motivo: su capacidad para razonar y entender el futuro. La asignatura peor tratada del temario español tiene salidas.

Ética de la tecnología como requisito para obtener un trabajo. ¿Se lo imaginan? O contratar filósofos para las unidades de investigación de Google. Bueno, no hace falta que se imaginen esto último: basta con que entren en LinkedIn. Allí se encontrarán, por ejemplo, con Edward Grefenstette, uno de los investigadores de DeepMind, una empresa de Inteligencia Artificial adquirida por el gigante de Mountain View. Además de su especialidad, la informática, también estudió Física… y Filosofía.

Grefenstette no es un caso único. En Microsoft, IBM o Google trabajan decenas de licenciados en Filosofía con interés por la tecnología y, sobre todo, por qué tipo de sociedad nos aguarda en el futuro. La tendencia (aún) no ha llegado a España, así que no le quite el polvo al diploma de licenciado. O sí. Quizás pueda convencer a una start up de que le necesitan. Por su lógica, por su ética… En definitiva: por su capacidad de razonar y ver más allá de lo inmediato.

Otro ejemplo. Philjobs.org es una web donde se ofrecen trabajos para filósofos. De momento, la mayoría de ofertas provienen de universidades, pero también las hay con un claro perfil tecnológico, como la del Centro Leverhulme para el Futuro de la Inteligencia en la Universidad de Cambridge. Allí buscan a un graduado en Filosofía para sus investigaciones sobre Inteligencia Artificial.

«Uno de los filósofos más famosos en el mundo tecnológico es Peter Thiel, el fundador de PayPal», explica desde Boston el griego Charalampos Tsourakakis, ahora profesor en Harvard, después de haber investigado sobre algoritmos para Google en su sede californiana. Según él, «la Filosofía es cada vez más importante al estar alcanzando la tecnología aplicaciones muy disruptivas». Y recuerda una cita de Platón: «Cualquier conocimiento, si se separa de la justicia y de la virtud, es visto como astucia y no como sabiduría».

El filósofo Emilio Lledó explicaba recientemente el repunte del interés en su disciplina: «Una enseñanza esencial de la Filosofía no es sólo el amor a la sabiduría sino amor a las preguntas, a la curiosidad, al asombro. Pero sin dogmatismos, sin grumos mentales». Y esa capacidad de formular y contestar preguntas es lo que buscan empresas en las que se premia pensar sin convencionalismos.

Gonzalo Mendoza es el fundador de la Escuela de Filosofía de Madrid, frecuentada por ejecutivos: «Nos permite tomar distancia de la tecnología misma y de la aceleración que produce, para pensarla desde fuera y dar sentido a los cambios que va a traer y a los efectos sobre la vida humana». De momento, la mayoría de sus alumnos acuden a sus aulas movidos por su afán de profundizar en una asignatura a la que no le prestaron atención en el bachillerato y de la que se han enamorado años después, pero no -de momento- buscando un giro laboral.

Peter Thiel, filósofo y fundador de PayPal. Dan Taylor

Laura García Quismondo, de la empresa de selección de personal Michael Page, confirma que en España aún no les han pedido que encuentre a un filósofo: «Pero sí hemos detectado que las empresas tecnológicas nos piden candidatos abiertos de mente, con razonamiento lógico y capacidad de innovación», sobre todo para el cargo de director de procesos de transformación tecnológica. «Tienen que ser capaces de cambiar la empresa de manera estructural y, a la vez, tener claro cuál es su filosofía».

Pero, en cualquier caso, en España sí se empieza a valorar en los candidatos experiencias muy diversas, «con ideas para transformar», más que títulos concretos. «Nosotros no tenemos, por ahora, a ningún filósofo, pero sí a sociólogos», dice Alex Romero, fundador de Alto Analytics, elegido emprendedor Endeavor, una distinción de repercusión internacional y especialista en análisis de datos.

Otra prueba de la simbiosis entre el pensamiento y las nuevas tecnologías será la próxima Olimpiada de Filosofía de Andalucía, cuyos finalistas tendrán que argumentar sobre Nuevas Tecnologías e Identidad Humana. Uno de los jurados será Santiago Navajas, profesor de Filosofía y autor de El hombre tecnológico y el síndrome Blade Runner. Le acompañará Rafael Guardiola, también profesor de Filosofía quien, sin embargo, no ve en los jóvenes una reflexión sobre cómo será un mundo con mucho ocio y el trabajo en manos de robots: «Son meros consumidores».

Guardiola recuerda que el debate filosófico sobre la tecnología viene de antiguo, desde Rousseau al menos. «La cuestión son las manos en las que vamos a dejar ese progreso tecnológico», explica, sin atreverse a vislumbrar a qué se están dedicando los filósofos en Silicon Valley. Un ejemplo es el análisis de datos, una herramienta crucial en la campaña de Trump, de la que se encargó la empresa Cambridge Analytica. Para unos, meros vendedores de humo con trajes de sastre; para otros, los que han mostrado todo lo que se puede conseguir analizando tendencias y gustos en helados, ropa y likes.

Hay debates filosóficos al margen de la política con la tecnología. Por ejemplo, qué hacemos con el tiempo, cómo lo perdemos y cómo decrece nuestra capacidad de concentración. Esta es la tarea de Tristan Harris, que se define como un filósofo y emprendedor. Según explica en sus charlas TED, la tecnología ahora mismo está diseñada para «secuestrarnos la mente», pero cree que tiene arreglo.

Harris ejerció de «diseñador de ética» en Google y ahora se dedica en exclusiva al movimiento Time Well Spent. No conseguimos que contestara a nuestros correos. No eran urgentes para él y en su web avisa que los filtra. Harris suele usar el dato de que consultamos 150 veces al día el móvil. Él les llama ya «tragaperras».

A él le consideran la conciencia de Silicon Valley, donde los filósofos encuentran cada vez más trabajo. Aquí siguen recluidos en la universidad. Aunque el ejemplo de Guardiola, Navajas y los competidores de la Olimpiada de Filosofía demuestra su creciente interés en la tecnología. Ahora sólo queda que la tecnología española se fije en ellos.

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