Honduras: la democracia en juego en las próximas elecciones
El partido de izquierda Libre, aliado de las dictaduras de Cuba, Nicaragua y Venezuela, ha afianzado su control sobre el país centroamericano y no parece dispuesto a ceder el poder. Analistas advierten de una crisis.

Tegucigalpa, la capital de Honduras se presenta al visitante en pésimas condiciones: basura por doquier, mucho comercio informal, calles cortadas por deslizamientos. En los barrios de la periferia, la escasez de agua y la extorsión por parte de pandillas criminales agobian a los habitantes y han llevado a empresarios de transporte a cerrar su negocio.
Harto de los malos Gobiernos
«Estoy harto de los malos Gobiernos y de la corrupción que hemos tenido», dice a esta corresponsal Dircio Rey, quien tiene dos trabajos para darle de comer a su familia: bombero y taxista. Está particularmente molesto porque la presidenta Xiomara Castro, del partido gobernante Libre, que profesa una orientación socialista, no ha cumplido su promesa electoral de instalar una comisión internacional contra la impunidad para investigar a la clase política.
El caos de la ciudad se ve coronado por carteles electorales con los rostros de los candidatos en rojo, verde y azul.

Algunos prometen «orden», otros ofrecen infraestructura, muchos prescinden por completo de eslóganes y solo muestran la imagen de los políticos que se presentan a las elecciones del 30 de noviembre.
Entonces, se elegirán diputados, alcaldes y un nuevo presidente o presidenta en este país centroamericano. Para los analistas consultados por DW, será una elección clave que define si Honduras ―como sus vecinos Nicaragua y El Salvador― deriva hacia un régimen cada vez más autoritario.
Partidos señalados por corrupción y narcotráfico
«En esta elección están en juego no solo los cargos de elección popular, sino la democracia en sí y la continuidad de la institucionalidad», dice Gerardo Martínez, presidente de la Asociación Libertad y Democracia, en entrevista con DW.
Hay tres candidatos que según las encuestas ―poco fiables― están casi empatados: La abogada Rixi Moncada, del partido gobernante Libertad y Refundación (Libre); el veterano comentarista deportivo Salvador Nasralla, del Partido Liberal y efímero exvicepresidente de Castro. con quien se peleó; y el exalcalde de la capital, Nasry Asfura, del tradicional Partido Nacional.

Sin embargo, ninguno de los tres despierta mucho entusiasmo en la población, ya que los tres partidos tienen señalamientos de corrupción y de narcotráfico. Algo que añade al sombrío panorama.
«Tenemos un sistema muy polarizado, con una herencia histórica de una institucionalidad débil en un contexto de falta de independencia de la Justicia y de falta de separación de poderes», advierte Ana María Méndez Dardón, directora para Centroamérica de la Washington Office on Latin America (WOLA). «Y el margen muy reñido que dan las encuestas complica aún más las cosas», añade en conversación con DW.
Acusaciones cruzadas de fraude
Martínez, quien también fue consultor del Banco Mundial, señala que «Libre se ha dedicado en los últimos cuatro años a someter a todas las instituciones: controla el poder judicial, el Congreso, la cúpula de las Fuerzas Armadas, la Fiscalía, el Tribunal de Cuentas y también el Consejo Nacional Electoral (CNE) y el Tribunal de la Justicia Electoral».

Toda la campaña se hizo en un ambiente enrarecido, donde Libre y los partidos de oposición se reprochaban unos a otros «fraguar un fraude», una narrativa que se retroalimenta con el caos y la ineptitud de las instituciones.
«En las elecciones primarias en marzo, el material electoral no llegó a tiempo, se rompió la custodia», recuerda Méndez Dardón. «Todo eso refleja las disputas políticas y debilidades técnicas de un ente altamente politizado», comenta la experta de WOLA refiriéndose al CNE. Además, hace poco, la empresa que iba a transportar el material electoral hacia los centros y de regreso, se retiró, añadiendo otro elemento de incertidumbre.
En ese contexto, ambos expertos consideran probable un escenario donde nadie reconoce los resultados.
«Si el CNE no logra declarar un ganador hasta el 30 de diciembre, la decisión la deberá tomar el Congreso de la Republica», explica Martínez. «Pero como el Congreso ya terminó su mandato, se instaló una comisión permanente, convocada y dominada por diputados de Libre».
Silencio desde Washington
Méndez Dardón considera que, en este caso, los observadores electorales y los mensajes que envían a la clase política podrían jugar un papel importante.

Poco se ha escuchado del Gobierno EE. UU., actualmente enfrascado en una guerra contra el «narcoterrorismo» en el Caribe. El presidente Donald Trump tiene un aliado fiel con Nayib Bukele en El Salvador y parece desentenderse del resto de Centroamérica, indican los expertos.
«Si bien la actual presidenta Xiomara Castro ha tenido vínculos con la izquierda radical, ha sido muy astuta en mantener una buena relación con el Gobierno de Donald Trump», comenta Méndez Dardón y apunta a la colaboración de Castro en temas migratorios, la disposición de negociar un tratado de extradición y no cuestionar la base militar que tiene EE.UU. en Honduras.
Destaca, sin embargo, un acuerdo bipartidista en el Congreso de EE. UU. como señal de esperanza. Los dos partidos acordaron apoyar la observación electoral y advierten que habrá sanciones si se viola el proceso. «Es un mensaje importante, pero colisiona con las prioridades de Trump», según la politóloga.
La moneda está en el aire, y lo único que parece seguro es la incertidumbre sobre cómo terminará el suspenso de esta contienda electoral, como un prolongado thriller político.
