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Democracia cristiana: 80° aniversario

Captura de pantalla 2026-01-12 184550 Mitin del 18 de junio de 1946 en el Nuevo Circo de Caracas

 

A Carlos Alberto Arismendi, in memoriam

 

Un ineludible hecho histórico: la fundación de Copei, tal día como hoy, en 1946. Cargado de originalidad y ya sospechada trascendencia, tuvo por contexto la llamada Revolución de Octubre que reivindicó un genuino cambio republicano que hizo radicalmente distinto y mejor un destino nunca antes tan compartido por todos los venezolanos.

Por entonces, pendientes los comicios constituyentes que luego darían paso a otros para los órganos del Poder Público a constituir, naturalmente surgen alrededor de una veintena de iniciativas partidistas que no, necesariamente, fueron partidos; y, revelando los altos niveles de competencia -que no, forzosamente, competitividad-  apuntado el sectarismo de los adecos en el poder, desmiente que todo haya sido escrito de antemano, prefigurado el ulterior puntofijismo, fruto de un plan macabro que culminó providencialmente con el siglo. Se evidenciará un proceso de composición de los novísimos espacios políticos e ideológicos, después duraderos, ahora agotados, multiplicándose los partidos que reclaman su vocación socialista, comunista, socialdemócrata, liberal, regionalista y también socialcristiana, agregado el Frente Electoral Independiente que le servirá de pretexto que no, soporte, a la posterior dictadura militar.

Por lo pronto, bajo una denominación inusual y provisoria que caló y quedó durante las campañas electorales, Copei fue el resultado definitivo de un proceso de maduración del ideario demócrata-cristiano en nuestro país de acuerdo a los términos de la encíclica Graves de communi re de León XIII, antecedido por la Unión Nacional Estudiantil (UNE), Acción Electoral y Acción Nacional. Proceso al que se incorporó la Unión Federal Republicana y del que no supo el Partido Social Cristiano vocacionalmente preconciliar y de corta existencia, por aquella época en la que hubo más ciudadanos combativos que cortesanos, auspiciando un liderazgo sobrio e igualmente severo consigo mismo y con los compañeros de ruta.

Difícil de soslayar, a ochenta años de  aquel inédito acto fundacional de una oposición perseverante y ya maritainiana que, dos décadas más tarde, ocupó confiada los predios del Concilio Vaticano II, tomamos nota del discurso inaugural de Rafael Caldera que hizo una clara advertencia sobre los riesgos del apoliticismo que, curioso, hizo estragos entre nosotros bajo el remoquete de antipolítica al despuntar la presente centuria. Y de los peligros difíciles de conjurar que fielmente retrató el trágico sabotaje del mitin del 18 de junio de 1946, en el Nuevo Circo de Caracas, dándole por mucho tiempo un decidido linaje cívico a su dirigencia.

La actual condición de afiliados a Encuentro Ciudadano, defensor del modelo de economía social de mercado y de los derechos humanos, no impide la referencia estrictamente histórica a un evento de tanta relevancia y consecuencias políticas. Incluso, una adecuada perspectiva histórica contribuye a afrontar aquellas circunstancias de un presente que constantemente nos impele y desafía.

Meses atrás, un amigo desde los tiempos de una común militancia política de juventud, nos preguntaba en torno a la más profunda convicción que sostenemos en los tiempos que corren. Y respondimos: somos liberales de una inocultable y profunda formación socialcristiana, pues no renegamos del pasado en un partido en el que nos mantuvimos entre convenciones que se perdían y se ganaban, orgullosos de haber alcanzado el directorio nacional juvenil a punta de votos o la subsecretaría general nacional del partido por elecciones de base, la secretaría de su fracción parlamentaria en el curso de la dramática extinción del Congreso de la República, o la curul en la Asamblea Nacional de la que me responsabilizé; acotemos, sin desempeñar jamás función alguna de Gobierno.

Domiciliados en esta era tan dispar, siendo otras las metas y derroteros, recordamos al partido de la avanzada social que se convirtió igualmente en experiencia de vida gracias a un amigo inolvidable que nos convidó a las puertas del Liceo de Aplicación, en El Paraíso.

@luisbarraganj  

 

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