Méndez Mora / Arístides Calvani: Una anécdota de coraje, inteligencia y oficio en la acción política

Entre muchas otras sólidas virtudes, y en medio de las complejidades y limitaciones que plantea el ejercicio eficaz, ejemplar y coherente, Arístides Calvani Silva afirmó su compromiso político, en una línea que podría resumirse de la siguiente manera: Calvani fue, ante todo y por encima de todo, un laico comprometido. Un católico en el mundo de su tiempo. Su interpretación de ese compromiso claramente tuvo fundamento en sus convicciones personales: fue probablemente en alguna conferencia o algún curso, en los que multiplicó por centenares su esfuerzo por difundir los fundamentos de una política humanista, donde primero escuché citar a Pío XI, en una carta a la juventud italiana de su tiempo: “La acción política es la más excelsa y eficaz forma de la caridad”. Se refería el Papa al ejercicio del compromiso y de la acción política efectiva, en los difíciles trances de la década de los 30, del siglo pasado.
Ese compromiso lo resumía Calvani en algunas líneas de acción, a las que consagró su vida: la construcción de una sociedad democrática, la integración de los países latinoamericanos, la instauración, consolidación, eficacia y defensa de la democracia en toda América Latina.
Por esa razón cuando ejerció como canciller de la República, promovió y participó en un sistemático esfuerzo para consolidar la amistad entre los pueblos de América, apoyar los empeños por la democratización, allí donde faltara democracia, por defenderla allí donde estuviese implantada y por dejar sembradas amistades para Venezuela y los venezolanos, en todos los países del Área y en los diversos regímenes.
Finalizado el lapso de ese primer gobierno de la Democracia Cristiana en Venezuela, Calvani continuó su trabajo en apoyo al Partido Social Cristiano Copei y a los aliados de toda la región. Un ejemplo que ilustra el valor, el costo y los riesgos de esa siembra, que siguió protagonizando cuando dejó de ser ministro de Relaciones Exteriores, ocurrió en la Argentina de las dictaduras militares del siglo pasado y tuve el privilegio de primera mano de vivir aquel momento junto a él.
Calvani, por entonces consagrado predominantemente a la promoción y consolidación de la Organización Demócrata Cristiana de América, había solicitado, la cooperación de IFEDEC en el diseño y ejecución de un taller para cuadros y dirigentes de la Democracia Cristiana de Argentina. Finalmente, IFEDEC había sido invitado a participar en la realización del mencionado evento y había contribuido a su financiamiento: la idea fue la realización de un taller de motivación, entrenamiento, formación doctrinaria, ideológica y técnico-organizativa en la Argentina de 1977, en medio de la terrible dictadura post peronistas. Se trataba también de contribuir a la consolidación de una alianza entre diversas fuerzas democráticas empeñadas en presionar la salida de la dictadura, mediante la constitución de un equipo integrado de dirigentes y organizadores, que dieran impulso al desarrollo, crecimiento y activación del esfuerzo organizativo y propagandístico en pro del restablecimiento de la democracia y la aceleración del desarrollo en ese país.
Los enlaces en Buenos Aires, habían dado al evento la forma de una reunión de índole empresarial y de negocios para camuflar la verdadera razón de ser de la actividad. Asimismo, habían escogido por diversas razones, como lugar para el taller, un pequeño hotel, ubicado en las afueras del pueblo de Villa Carlos Paz, localidad turística en las cercanías de la ciudad de Córdoba.
Llegado el día previsto, y llegados los participantes de las más diversas localidades del país, el taller estaba en pleno y exitoso desarrollo, el segundo día, cuando el coordinador de la actividad tratando de disimular unos evidentes nervios, interrumpió la exposición que se desarrollaba en el momento, a cargo, por cierto, del mismo Arístides Calvani. Después de unas breves palabras con el conferencista, pidió a todos los presentes mantenerse en sus puestos y en calma. Calvani explicó que se estaba interrumpiendo para arreglar la escena, y borrar toda apariencia de actividad política, debido a que se había recibido la información de que se acercaba un destacamento militar blindado, por el camino del hotel, y que muy probablemente querían intervenir la conferencia. Rápidamente los rotafolios y el material en el proyector fueron retirados y sustituidos por otros con evidente orientación de negocios, justo a tiempo antes de que los motores diésel de las tanquetas, comenzaran a llenar el ambiente circundante. Mientras tanto, Calvani, a quien acompañé hasta un teléfono público ubicado en el lobby, haciendo uso de una pequeña libreta que siempre llevaba consigo, buscaba el teléfono del almirante Emilio Massera.
Probablemente Calvani había conocido al almirante Emilio Eduardo Massera, durante sus visitas a Buenos Aires, en funciones de canciller y había mantenido su contacto.
Obviamente quien relata esto desconoce el contenido de la conversación, pero Calvani me explicó, momentos antes de que hicieran su aparición los uniformes de camuflaje, que el almirante le había escuchado, había prometido averiguar de qué se trataba el operativo e intervenir en cuanto estuviera en sus manos.
La historia llegó a un final satisfactorio, y el contingente armado se retiró, después de entrar en el aula de la conferencia, y mantenerse allí, a discreción, en diversos puntos de la sala, mientras Calvani desarrollaba con confianza temas vinculados a las nuevas tendencias en administración de empresas. Luego, Calvani acompañó al oficial a cargo, hasta la puerta del pequeño hotel, una vez que todos los extranjeros presentes mostramos nuestros pasaportes.
Los argentinos del grupo, unas 25 o 30 personas, y otros a quienes pudimos ver en Buenos Aires, antes de viajar hacia otro destino, insistieron en que fue la llamada de “Don Arístides” lo que movió a Massera para intervenir y conseguir que el operativo militar fuera desmontado, y que no hubiera consecuencias negativas para los visitantes. Hasta donde hay noticias en este momento, tampoco para los argentinos participantes. Parece obvio que se trató de una llamada de mucho peso y de un relacionamiento eficaz.
Aquella experiencia me ayuda a explicar la enorme capacidad de manejarse en entornos difíciles, la valentía para apoyar y visitar personalmente a nuestros aliados en países en donde nuestras ideas eran perseguidas y la habilidad para desarrollar relaciones y confianza con actores que eran hostiles a la democracia que florecía en aquellos años en Venezuela.
Años más tarde, cuando el pueblo argentino apenas iniciaba su marcha más directa a la democracia, Calvani perdería la vida en ese mismo empeño, en la Guatemala de Vinicio Cerezo. Don Arístides, fue un hombre virtuoso, ilustrado, valiente y comprometido, que sembró la libertad y la democracia en su patria y mucho más allá.
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ARÍSTIDES CALVANI – Una anécdota de coraje, inteligencia y oficio en la acción política