‘Algo grande’ va a pasar en Cuba
'Con esta acrecentada guapería castrista, a más presión de EEUU, más insultos y arengas antiimperialistas'.

Profesionales del Derecho en ‘Mi firma por la Patria’ – Fiscalía General de la República de Cuba
La mayoría de los cubanos en la Isla tiene hoy tres grandes sueños-deseos: 1) que Donald Trump intervenga y saque del poder a Raúl Castro y al resto de la mafia que lo usurpa y se acabe la pesadilla castro-comunista; 2) ver depositados los restos del dictador en el mausoleo que él mismo ordenó construir para sí mismo; y 3) o emigrar.
A quienes afirman que el dictador está ya «chocho», la realidad les dice otra cosa. A diario el ¿general? que cumplirá 95 años el 3 de junio próximo, muestra que sigue al mando de la dinastía que lleva su apellido. Y ahora con la soberbia asimilada de Fidel Hipólito, su hermano-maestro y «paradigma revolucionario», él boconea (magnífico cubanismo) y ordena a sus subordinados que también desafíen abiertamente a Trump y Marco Rubio, mientras tras bambalinas dirige los contactos «preliminares» con EEUU.
Es obvio que «El Cruel» pretende que la familia Castro siga en el poder per secula seculorum, lo cual explica el inusitado protagonismo de su nieto predilecto Raúl Guillermo, posiblemente el más inepto y menos preparado dentro de toda la familia real dinástica Castro.
No es casual. El abuelo conoce de la incapacidad y las limitaciones intelectuales de «El Cangrejo», y también que no hace nada sin consultárselo a él. Sabe que Raulito no tiene cacumen suficiente como para independizarse, negociar por su cuenta, traicionarlo, y hacerle concesiones a Trump a cambio de que, ya abrazado al capitalismo, lo dejen a él en el poder.
Otro detalle que explica la guapería (otro formidable cubanismo) del ¿general? y sus secuaces, es que, sin dar la cara, y sin hacer la más mínima concesión, todo le salió estupendo cuando pactó con el complaciente presidente Barack Obama la reanudación de las relaciones diplomáticas entre ambos países.
De inmediato la Isla comenzó a recibir más turistas que nunca, incluyendo una avalancha de vacacionistas estadounidenses; recibió créditos comerciales internacionales, y se abrieron más empresas mixtas con el Estado (léase GAESA).
¿Qué hizo Castro II a cambio? En vez de liberar presos políticos y profundizar las tibias «reformas» que había hecho para dar más espacio al sector privado, lo que hizo fue dar marcha atrás a lo poco que había cedido al respecto y arreció la represión política, social y económica.
¿Cree «El Cruel» que también puede burlarse de Trump?
Al parecer él cree que puede hacer lo mismo ahora, y burlarse también de Trump. Wow, ¿de veras cree eso posible? Por lo pronto ante la presión de Washington contra la dictadura, «El Cruel», sus apandillados y la infanta Mariela (su hija predilecta), boconean más que nunca contra el Gobierno de Trump y culpan internacionalmente a EEUU del desastre causado por el comunismo castrista.
El principal edecán del dictador, Miguel Díaz-Canel, muy «indignado», rechaza negociar con EEUU un cambio de régimen en Cuba. Dice que los «problemas internos» de Cuba no estarán nunca en un eventual proceso con Washington. «Absolutamente no. Ese no es un tema», así le dijo al izquierdista periodista brasileño Breno Altman para su programa 20 Minutos.
Breno le preguntó que si EEUU no aceptaba negociar bajo las condiciones cubanas entonces no habría acuerdo, y respondió: «No hay negociación. No hay negociación». Repitió lo que Castro II le ha ordenado que diga a todos, todo el tiempo.
Con esta acrecentada guapería dictatorial castrista, a más presión de Washington, más insultos y arengas antiimperialistas. Incluyendo la payasada de «Mi firma por la Patria»: obligar a los ciudadanos a que apoyen por escrito su agradecimiento por el hambre, los apagones, la pobreza, el malvivir y la falta de libertades elementales.
Aunque ese alarde obedece a la vieja táctica fidelista de exacerbar en tiempos difíciles el nacionalismo «patriótico revolucionario», en esta ocasión para la cúpula castrista podría haber dos explicaciones.
Una de ellas puede ser que espías que el régimen castrista tiene incrustados en la CIA, el Pentágono, el Departamento de Estado y otros centros de poder en Washington, se hayan enterado por alguna «garganta profunda» o hayan llegado a la conclusión de que no se vislumbra una intervención militar de EEUU en Cuba. Por ahora, y posiblemente tampoco después de que Trump dé por terminada la intervención de EEUU en Irán.
La complicación de la guerra en Irán favorece al régimen
Porque sin duda la complicación de la guerra en Irán ha dilatado que se ponga en práctica la frase de Trump de que «Cuba va después de Irán». Esa inesperada dilación podría haber eliminado o cuestionado una posible intervención estadounidense en la Isla.
Paralelamente, esa inesperada dilación del conflicto bélico en el Medio Oriente posiblemente ha generado una disyuntiva no esperada e incómoda para el Gobierno de Trump. El bloqueo petrolero es el plato fuerte de la presión a la dictadura castrista, pero ese bloqueo por sí solo ya vemos que no es suficiente para acabar con el régimen comunista.
Lo peor es que, de seguir prolongándose el bloqueo a capela (sin otra acción), puede desatarse una grave crisis humanitaria en la Isla. Y entonces el mundo entero, incluso el Congreso y gran parte de los sectores políticos en EEUU, le caerían arriba a Trump para que lo levante, en vez de apoyar una intervención militar humanitaria y poner fin ¡ya! al infierno castro-comunista.
Recordemos que a ninguno de esos posibles «protestantes» jamás le ha importado un pito el sufrimiento y la devastación alucinante que ha causado en Cuba el comunismo.
O sea, la cofradía de La Habana sabe que, con Irán, o no de por medio, cada semana o mes que pase se le hará más difícil a Trump intervenir militarmente en Cuba.
Otro factor muy importante en esta coyuntura es el de las elecciones de medio término en noviembre próximo (2026). El Partido Demócrata podría obtener mayoría en una de las del Congreso, o incluso en ambas. Eso lo cambiaría casi todo, para desgracia del pueblo cubano.
De manera que, de no actuar pronto para acabar con la tiranía castrista-comunista, ya luego de noviembre, o de enero de 2027, cuando tomen posesión de sus cargos posibles nuevos senadores y representantes demócratas contrarios a Trump, será muy difícil poner fin al sufrimiento de los cubanos.
Trump necesita una contundente victoria en política exterior
Pero ojo, como contraparte de todo lo expuesto he dejado para el final el más esperanzador de los escenarios posibles, y que ojalá sea el que se haga realidad.
El presidente Trump no solo se caracteriza por ser impredecible, sino que no soporta incumplir lo que promete. Que «Cuba será la próxima» lo ha repetido muchas veces. Nunca un presidente de EEUU ha mencionado tanto a Cuba, ni ha presionado tan fuertemente a la dictadura, ni se ha comprometido tanto con los cubanos a ayudarlos para poner fin al comunismo y que sean libres otra vez.
Se repetiría la historia, como cuando el 25 de abril de 1898 EEUU intervino militarmente en la Guerra de Independencia de Cuba y la victoria final sobre España se pudo lograr en solo 107 días, el 12 de agosto de ese año.
Por otra parte, la Operación Furia Épica contra el régimen terrorista de Irán no fue lo exitosa que el Pentágono planeó. Y ya el jefe del Gobierno de Alemania, Friedrich Merz, afirma que Trump ha sido «humillado por Irán». Así lo dijo a la prensa el 27 de abril.
Tampoco Trump ha logrado la paz en Ucrania. O sea, el mandatario estadounidense necesita de un contundente éxito en política exterior, como triunfo de él personalmente, y con vistas a las elecciones en noviembre. Y para ello nada mejor que convertirse en el presidente de EEUU que acabó con el único régimen comunista en la historia de América.
Por eso, más allá de nuestras pesquisas en la mágica bola de cristal para olfatear qué va a hacer Trump, es de esperar que, sin saber cómo, ni cuándo, «algo grande» va a pasar en nuestra querida tierra natal.
Detalle final: incluso si EEUU no interviniese, el castrismo-comunismo como tal colapsó. No hay cómo impedir el funeral del régimen que conocemos ahora. Cómo podría ser el sepelio es otra cosa. Y buen tema para otra ocasión.