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Beatriz Pineda Sansone: El hombre: centro y fin de la vida

500 años sin Leonardo Da Vinci: viaje a la mente más brillante de la mano de expertos - Infobae

 

Todo lo que estimule la libertad y desarrolle el valor y la fuerza para ser auténticos constituye una herramienta a favor de la vida, con la cual debemos caminar siempre. Mientras que todo lo que significa pobreza, intimidación y aislamiento está dirigido contra la vida. En la vida, los hombres como personas reales,  somos distintos, poseemos caracteres diversos; cultivar ese carácter único de cada cual constituye la esencia de la individualidad. Por eso es importante la libertad positiva que involucra el principio de que no existe poder superior al de nosotros mismos. Porque el hombre constituye el centro y el fin de la vida.

El impulso a la sumisión representa una experiencia atrayente desde el punto de vista subjetivo, pero, en realidad, constituye un perjuicio para la vida. El verdadero ideal es aquel propósito que favorece el desarrollo, la libertad y la felicidad del hombre. Cuando acogemos un ideal verdadero, vale decir, un deseo, aunque no se haya alcanzado, estamos afirmando nuestro desarrollo y nuestra felicidad, repotenciamos nuestro yo, es decir, nuestros pensamientos, nuestras percepciones, sentimientos conscientes, sentimientos de identidad y continuidad. Y este ideal no es superior, tampoco constituye una fuerza oculta.

Aquellas personas que se sienten impulsadas a experimentar el sufrimiento o la sumisión son masoquistas. Y tanto éstos como los suicidas representan la antítesis de los objetivos positivos de la vida. El fenómeno del masoquismo también ha sido calificado por la psicología con el nombre de perversión patológica. Pero no debemos confundir el concepto de ideal. Por ejemplo, un fascista impulsado por el deseo de sumisión frente a un poder superior y, al mismo tiempo, por el de dominar a los demás, posee un ideal ficticio. El ideal genuino apunta, repito, al logro del desarrollo y la felicidad del individuo. Por eso insisto en que la educación debe incorporar actividades que contribuyan con el enriquecimiento del vocabulario. Sin palabras no existe pensamiento. Fortalecemos el pensamiento crítico-creativo con el estímulo de la imaginación y de la cultura general, con el refinamiento continuo de los sentidos, en especial el de la vista, porque es a través de este sentido que se enriquece la experiencia, así como la posibilidad de establecer relaciones. Cuestionar la autoridad y pensar por sí mismo es un logro notable en cualquier época. Leonardo Da Vinci, por ejemplo, fue heredero de una época que suponía que todo estaba descubierto, sin embargo, no le bastaba con dejar constancia del origen del funcionamiento de algo, también quería averiguar el por qué. La búsqueda incesante del conocimiento fue su motor. Ese es el espíritu que se debe estimular cuando se leen cuentos a los niños. Cuando se les enseña a preguntar: ¿Te ha gustado el cuento? ¿Por qué? ¿Recuerdas a su autor? ¿Dónde nació? ¿Cuál es el problema que plantea la obra? ¿Qué otros temas plantea la obra?  ¿Por qué crees tú que el autor lo escribió? ¿Por qué es importante? ¿Dónde sucede?

Con estas preguntas se les instruye en la forma de llegar al fondo de la obra. Es preguntando desde distintas perspectivas como se llega a la solución creativa de los problemas en campos de la mayor importancia. La lectura de cuentos desarrolla en el hombre, desde que es niño, la fe en la vida y en la verdad, la fe en la libertad. Cuando este logro se alcance habremos hecho un significativo aporte a la realización activa y espontánea del yo individual. El hombre de hoy y de mañana será rico, y abandonará la pobreza, siempre y cuando deje de constituir parte del engranaje de la máquina inmensa de la represión que lo lleva a vaciar su vida, a perder el sentido de la existencia, es decir, a ser un autómata.

El hombre de la modernidad constituye el mejor ejemplo del triunfo del individualismo, es decir, del ser humano concebido como individuo. El hombre, medida de todas las cosas, impone el racionalismo filosófico y concibe la realidad como campo de su experimentación y dominio. El hombre domina el desarrollo de la ciencia, su relación con la divinidad, la configuración del universo hasta la conquista de tierras desconocidas. Durante la modernidad, período histórico que se desarrolla desde fines del siglo XV hasta la actualidad, prevalecen ideas de ciencia, de progreso y la apropiación reflexiva del conocimiento. La visión del ser humano como centro del mundo se opone a la visión teocéntrica que prevaleció durante la Edad Media. El ejemplo de Leonardo Da Vinci nos invita a avanzar como pensadores independientes, a profundizar más en el significado, la belleza y la calidad de la vida. Los siete principios davincianos presentes en la obra de Michael J. Gelb (1999),  nos hablan de espolear la curiosidad; de probar e investigar, de reconocer las sensaciones; de abandonar los apegos; de unir el arte y la ciencia; de considerar la organicidad y la originalidad, y de reconocer la interconexión de todas las cosas y de todos los fenómenos.

No nos equivocamos cuando afirmamos que la velocidad del cambio y la creciente complejidad multiplican el valor del capital intelectual. La capacidad individual de aprender, adaptarse y pensar de forma independiente y creativa se encuentra en su mejor momento. La inteligencia, de acuerdo con la conocida neuróloga Candace Pert, no solo se encuentra localizada en el cerebro sino en células distribuidas por todo el cuerpo. No sabemos cómo nos afectarán estos cambios, pero si revisamos la historia de aquellos pensadores que sobrevivieron al cambio abrupto causado por la peste negra que azotó a Europa en el siglo XIV, tenemos la obligación de preguntarnos si podemos permitir que otros piensen y decidan por nosotros.

 

Mi nombre es Beatriz Pineda Sansone. Nací en la ciudad de Maracaibo, Venezuela. De niña era inquieta, llena de arrojo. Admiraba a nuestro Arturo Uslar Pietri, quien conducía el programa televisivo Valores Humanos. Su ejemplo ha sido mi norte. Gracias a mis hijas he realizado grandes aventuras a favor de los niños. Creé el Taller Literario Infantil Manzanita que devino en Fundación en 1985. Más tarde, con motivo del nacimiento de un nuevo diario en Maracaibo, fundé Azulejo, el periódico de los niños del diario La Verdad –primera etapa-. Extendí el Programa La Hora del Cuento a centros de arte, museos, universidades, colegios y McDonald’s Padilla de la ciudad con el fin de cultivar en los niños el amor por la lectura, y todas sus destrezas cognitivas, afectivas y psicomotoras.

Más tarde, en 1996, obtuve el título en Filología Hispánica con el premio Summa Cum Laude en la Universidad del Zulia. Cursé estudios de postgrado (2000-2003). Me convertí en articulista de los diarios venezolanos Economía Hoy, Panorama y El Universal.

Soy autora de: Las Memorias del Maestro Ramiro (1979); Desde otro rayo (1992). Universidad del Zulia; Los ojos de la montaña (2011). Entrelíneas Editores, España; La Hora del Cuento. Enseñar a razonar a los niños a través de la lectura de cuentos (2015). Ediciones de la Torre, España; El Principito y los Ideales. Defensa de la libertad, del amor y del razonamiento (2017). Editorial Verbum, España; La Aventura nunca imaginada de un lápiz (2018). Fundación editorial el Perro y la Rana. Venezuela; Una niña de mi edad (2019). Editorial Tandaia, España. Malika, la más pequeña de la manada (2021). Europa ediciones. Roma.

En la actualidad desarrollo una intensa labor a favor de la lectura a través de las redes sociales: @beapinpaz.escritora, los chats Aventuras Literarias y Café Lectura. 

 

 

 

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