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Cómo negar una negligencia criminal

Ninguno de los adeptos de Sánchez va a reconocer nunca la verdad, porque admitir que su líder les miente destruiría la identidad misma del grupo

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Un informe de la Guardia Civil entregado al juez que investiga el caso revela que la vía de Adamuz se quebró veintidós horas antes siniestro; y que, aunque el sistema detectó una anomalía eléctrica que podía ser reveladora de una rotura, no activó ninguna alarma porque no estaba configurado para hacerlo. También hemos sabido que Adif retiró de madrugada y sin autorización judicial material de la zona del accidente que habría servido para determinar si la rotura de la vía fue debida a defectos de fabricación, a una mala soldadura o a falta de mantenimiento. Por si todo ello fuera poco, se ha descubierto que el técnico responsable de revisar y firmar los informes sobre el estado de las vías en ese tramo no poseía la formación exigida para desempeñar tales funciones.

Pero aquí no pasa nada. Y, con el aplauso y aquiescencia de su parroquia, el doctor Sánchez y sus mariachis tienen el cuajo de tildar de «bulo de la ultraderecha» cualquier información que pruebe que las víctimas de aquel siniestro lo fueron en realidad de su negligencia criminal. Vuelve aquí a probarse, una vez más, el daño devastador que las ideologías han hecho al pueblo español, sometido a una demogresca infernal que lo encizaña y agota, convirtiéndolo en masa cretinizada. En ‘Psicología de las masas’, Gustave Le Bon nos enseña que las masas actúan como un individuo bajo hipnosis: su personalidad consciente se desvanece y su voluntad es reemplazada por la del «hipnotizador». Cuando la realidad desmiente las consignas de su líder, las masas cretinizadas, para aliviar su malestar psicológico, prefieren negar la realidad antes que admitir que su líder está mintiendo. El fanatismo ideológico crea entonces un «mundo ficticio» en donde las consignas emitidas por el líder y su aparato de propaganda, por absurdas o inverosímiles que resulten, se convierten en una verdad incuestionable, una verdad de carácter sagrado que resiste cualquier prueba en contra. Esta fe doctrinaria y ciega es la que permite al doctor Sánchez y sus mariachis afirmar que los informes e investigaciones judiciales que prueban su responsabilidad en el siniestro de Adamuz son en realidad «bulos de la ultraderecha». Ninguno de sus adeptos va a reconocer nunca la verdad, porque admitir que su líder les miente destruiría la identidad misma del grupo.

Falta explicar por qué esta alienación funciona de forma mucho más eficaz entre las masas cretinizadas del negociado ideológico de izquierdasDonoso Cortés lo explica magníficamente, recordándonos que el liberalismo es antiteológico y escéptico, frente al socialismo, que profesa una teología (evidentemente falsa) que lo asemeja a una religión. Sus adeptos son prosélitos felices de inmolar su razón, como el mártir es feliz de inmolar su vida en defensa de la fe. Y a los muertos de Adamuz que les den por donde amargan los pepinos. ●

 

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