Chitty La Roche: Del estado 51 a la designación de un gobierno interino del interino

“Primero el suelo nativo que nada. Nuestra vida no es otra cosa que la herencia de nuestro país. Echemos el miedo a la espalda y salvemos a la patria«. Simón Bolívar
“¡Juro delante de usted, juro por el Dios de mis padres, juro por ellos, juro por mi honor y juro por mi patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español! Simón Bolívar
Confieso mi desazón al escuchar a algunos conciudadanos hacerse eco de las palabras del presidente Trump, quién ha dicho que Venezuela podría ser el estado 51 de la unión, aunque, en su incontinencia verbal, también habló de Canadá y de Groenlandia para el mismo destino, estado 51.
Supongo que el huésped de la Casa Blanca, lo hace para irradiar expectativas novedosas a sus compatriotas que, por cierto, empiezan a fatigarse del permanente “reality show” que se les ofrece, mientras observan cómo se conduce el líder que escogieron para aislarse, rechazar a los inmigrantes, volver a convertir a la América grande y privilegiar una política económica encaminada a superar la inflación, el déficit presupuestario y la pérdida de competitividad que se evidencia por la irrefrenable tendencia al déficit comercial.
Las cuestiones de los Estados Unidos de América son sin embargo y primeramente, un tema que deben estar discutiendo los norteamericanos y sobre los cuales, por lo pronto, prefiero no emitir opinión; pero ocurre que luego del 3 de enero pasado, se está actuando como si nuestros asuntos ya no fueran solamente nuestros sino del hegemón que se hizo no solo del que fungía ilegítimamente del cargo de presidente, sino del poder público estatal, del dominio del petróleo y además, de la soberanía nacional, de un solo envión.
Pongamos, no obstante, las cosas en su sitio. Tenemos una Constitución que obliga y nos distingue e identifica como nación a todos los venezolanos, y cuya letra comienza con un prólogo que reza como sigue y luego, dispone en su primer artículo así,
PREÁMBULO El pueblo de Venezuela, en ejercicio de sus poderes creadores e invocando la protección de Dios, el ejemplo histórico de nuestro Libertador Simón Bolívar y el heroísmo y sacrificio de nuestros antepasados aborígenes y de los precursores y forjadores de una patria libre y soberana; con el fin supremo de refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de justicia, federal y descentralizado, que consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la integridad territorial, la convivencia y el imperio de la ley para esta y las futuras generaciones; asegure el derecho a la vida, al trabajo, a la cultura, a la educación, a la justicia social y a la igualdad sin discriminación ni subordinación alguna; promueva la cooperación pacífica entre las naciones e impulse y consolide la integración latinoamericana de acuerdo con el principio de no intervención y autodeterminación de los pueblos, la garantía universal e indivisible de los derechos humanos, la democratización de la sociedad internacional, el desarme nuclear, el equilibrio ecológico y los bienes jurídicos ambientales como patrimonio común e irrenunciable de la humanidad; en ejercicio de su poder originario representado por la Asamblea Nacional Constituyente mediante el voto libre y en referendo democrático, decreta la siguiente
CONSTITUCIÓN TÍTULO I PRINCIPIOS FUNDAMENTALES Artículo 1. La República Bolivariana de Venezuela es irrevocablemente libre e independiente y fundamenta su patrimonio moral y sus valores de libertad, igualdad, justicia y paz internacional en la doctrina de Simón Bolívar, el Libertador. Son derechos irrenunciables de la Nación la independencia, la libertad, la soberanía, la inmunidad, la integridad territorial y la autodeterminación nacional. (Subrayado nuestro)
Ese primer título de la CRBV constituye lo que en la doctrina más pacífica se define como inicio de la parte dogmática, que se completará con los títulos 2 y 3 relativos a la división político territorial y el enunciado de los derechos humanos, la garantía de estos y los deberes, léase, los principios fundamentales y que les reconoce también como intangibles, para referirse a que no pueden ser alterados.
Somos, a pesar de nuestras carencias, falencias y precariedades del momento, un país que se debe a sí mismo como libre, independiente y soberano. Y nos mantendremos como tales por el curso de nuestra historia.
Ahora bien, un segmento importante de nuestro pueblo se marchó allende nuestras fronteras para permitirse un ensayo de supervivencia, ante las condiciones de peligro y abandono en que se encontraron como resultado de una clase política depredadora, inepta y corrompida que por el uso de las armas y la represión se impuso por ya más de 27 años, postrando a Venezuela en la ruina y en el empobrecimiento, y sometiendo a nuestro pueblo a las peores condiciones de vida en su acaecer desde el inicio del siglo XX.
Nuestra gente está indignada, ofendida, desesperanzada y por ello, salvo a la dama MCM, apunta con rechazo todo y a todos los demás personeros de la política nacional reuniéndolos en dos sacos que se comunican, a gobernantes y opositores o simuladores de opositores a los que percibe como arácnidos.
En ese ambiente y confirmando las emociones como rectores que rigen la conducta del coterráneo, algunos quieren echar una burbuja de ensayo que nos coloque en el extremo de escoger entre mimetizar dejando desde luego de ser venezolanos para devenir quién sabe qué cosa y tentar otra suerte haciéndolo.
Son cosas que suceden en el plano en que estamos, domeñados desde afuera y sin confianza ni respeto por los que nos dirigen adentro. Se oyen otras especulaciones, y en estos días escuché decir que Trump cambiaría a Delcy por un conocido empresario quién le luciría más adecuado para el rol que debería cumplir, desconociendo entonces ya toda institucionalidad basada en la legitimidad y despojándonos de nuestra más elemental soberanía.
Lo cierto es que vivimos en la más completa incertidumbre y bajo una amenaza cuyas características empezamos a reconocer en la sombra de la dominación. Jamás pensé esto posible y por ello, sopesar hasta dónde nos podría llevar esta sórdida, ominosa y maligna experiencia del chavomadurismomilitarismocastrismoideologismo que en mala hora y en hombros de la antipolítica, el pueblo equivocado llevó al poder y sostuvo por dos décadas al menos con su apoyo militante, hasta que el monstruo prescindió de ese pueblo y oligárquicamente se dedicó también a sustituirlo, y tal como hizo Chávez, a administrar su voluntad soberana hasta contaminarla y vaciarla de toda substancia.
Lo cierto es que estamos extraviados como nación. Divididos, confundidos, furibundos, desprestigiados, desarraigados enteramente, avergonzados de nuestras instituciones y sin control de nuestra vida y de nuestro destino.
Por eso, toca ahora, reinventarnos, entendernos, concertarse y acometer la faena de hacer a Venezuela otra vez. Sin perder la brújula que como nación nos indica que somos un país independiente y nos merecemos por dignidad básica, gobernarnos nosotros a nosotros mismos y aferrarnos a nuestra Constitución como el riel sobre el cual debemos avanzar.
El 3 de julio próximo debemos reclamar la formal declaratoria de la falta absoluta del presidente y la consecuente convocatoria a elecciones para designar primero al presidente y alinear paulatinamente al resto de la institucionalidad en el camino de la legalidad que parte de la legitimidad. ¡Just do it!
Nelson Chitty La Roche, nchittylaroche@gmail.com, @nchittylaroche
