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El cacerolazo menos esperado

Dice Luis Lacalle sobre bajarle el sueldo a funcionarios políticos: “(El fondo coronavirus) también se va a nutrir de las retribuciones de los funcionarios públicos porque es momento que todos hagamos un esfuerzo. Se va a nutrir del 20% que se va a descontar al presidente de la República, a los ministros, a los legisladores, a los directores de los entes autónomos”.

Dice Alberto Fernández sobre lo mismo: “Es un tema recurrente pero no necesariamente justo… La realidad es que la política ha hecho un enorme ajuste. La política entendida como gasto del Estado. Creo que todos tenemos que hacer un esfuerzo y si nos toca hacer un esfuerzo, tendremos que hacerlo también”.

La declaración de Fernández​ fue a Viviana Canosa el 20 de diciembre. O sea, hace ya más de tres meses. La del presidente uruguayo fue en reunión de prensa, el 26 de marzo. O sea, en estos días. Las dos fueron subidas juntas el lunes a las redes para contrastarlas. Y para reclamar con un cacerolazo que los políticos argentinos hagan su aporte contra el coronavirus. El mensaje pudo ser: si nos toca a todos, que les toque a todos. Fue trending topic.

 

 

El cacerolazo ocurrió después del aplausazo que a las 9 de cada noche reconoce a los que les toca trabajar y desafiar el virus, reconocimiento que el secretario Filmus quiso adjudicárselo al Gobierno nacional y otros anónimamente quisieron adjudicárselo al Gobierno porteño. Un par de alcahueterías demasiado evidentes.

Hubo cacerolazo también en Córdoba, que tuvo su propio video. Fue de un empresario fuera de control por el calificativo de miserables que usó Fernández desde su condición de presidente: “Te voy a decir cuál es mi visión de lo que son los miserables. Son los políticos que siguen cobrando sumas ilógicas”.

El presidente mostraba el enojo por los despidos. Pero no sólo él era el enojado. Es evidente el cansancio y el fastidio que provoca la cuarentena aunque sea inevitable. Empieza un nuevo mes y al parate económico se suma la ansiedad por los sueldos a cobrar y en algunos,que no son pocos, por los sueldos a pagar.

El cacerolazo fue un aviso a los políticos. Es el modo que utiliza la clase media para decir acá estoy. ¿Va a sostenerse? Este martes a la noche volvió a escucharse y volvió a escucharse con fuerza. En el cristinismo no pueden evitar ver un complot del establishment con los medios para forzar el fin del aislamiento.

Pero no hay manera de ocultar el altísimo costo de la estructura política en la Argentina, sobre todo cuando se aprietan otros cinturones. Aunque en el reclamo haya un costado de la antipolítica, un poco o mucho del que se vayan todos.

Nada raro fue que Massa se cortara solo y se apresurara a proponer por su cuenta una rebaja del 40% para los diputados. Es el mismo viejo buscador de ventajas políticas que hace pocos días metió la marcha atrás con la idea de darle a cada legislador un subsidio de 100 mil pesos.

No es nada fácil estar en los zapatos de Fernández. Debe tomar decisiones en una situación desconocida y dominada por la incertidumbre. Es lo que le ha tocado gobernar y manejar. Está en medio de un proceso largo y probablemente con lo peor por aparecer. Y con la necesidad de contar con un plan de salida. Lo dicen los especialistas con los que él habla. ¿Y qué dice Fernández? Nada más y nada menos que hemos dominado al virus. Es una peligrosa manera de llevar tranquilidad.

 

 

 

 

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