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Elías Pino Iturrieta: Nuevos liderazgos, desafíos inéditos

Romper la inercia requiere más que rabia: demanda cabezas excepcionales para desafíos inéditos. Entre las presiones locales y las foráneas, el país busca timonel. Una reflexión sobre el arte y el riesgo de liderar

 

ENLACE A LA NOTA ORIGINAL, EN «LA GRAN ALDEA»: https://lagranaldea.com/2026/10/11/nuevos-liderazgos-desafios-ineditos/

 

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La sociedad no se mueve sin cabeza. Así de simple. No es que la gente sea tonta y no vea más allá de sus narices. No es que la mayoría de los venezolanos carezca de capacidad para velar el presente y mirar por su futuro. No es que los miembros de la sociedad se cansaron de luchar y disfrutan una hibernación que ya se pasa de larga, pero de larga con una demasía que pica y se extiende. No es que desaparecieron las ideas de nuestras cabezas  y estas son las horas en que no aparecen.

Solo un vistazo irresponsable puede desembocar en semejante superficialidad, pero es evidente la necesidad de figuras excepcionales gracias a cuya dirección pueda el pueblo manifestar sus intereses, canalizarlos y llevarlos a buen puerto.

Primero porque no todos estamos dotados del don de la influencia, o de la profundidad para entender y resolver entuertos, o del pupitre que orienta en el manejo de los desafíos, o del talante para subirse en la tarima a hacer arengas, o de las ganas de saltar de lo público a lo privado para meterse en las situaciones de riesgo y candela que predominan cuando se sale del hogar doméstico para adentrarse  en honduras. Pero también, y esto puede considerarse como muy importante, porque el chavismo se ha ocupado de sembrar el miedo entre aquellos que de pronto sienten ganas de mover a la gente, o de decir sus verdades en la vía publica para ver si recogen frutos.

Un conjunto de limitaciones personales o naturales, unidas al pavor que ha provocado la dictadura desde hace décadas para limpiar de rivales su camino, ha hecho que la producción de líderes, habitual en situaciones normales, se reduzca a su mínima expresión.

Otra explicación con asidero sobre la renuencia en una materia tan necesaria como la producción de líderes, puede encontrarse en el desprestigio de aquellos que fracasaron en sus intentos de dirección de las masas en el pasado reciente. Como salieron con las tablas en la cabeza debido a las persecuciones que padecieron, pero también por los desaciertos en los que se regodearon, por su falta de ideas y, mucho peor, por las transacciones a las cuales se acostumbraron en sus relaciones con el chavismo, no solo generaron desconfianzas comprensibles, fatigas gigantescas,  sino también el miedo de parecerse a ellos, la vergüenza de pasar por ellos o por algo parecido a ellos y por una cierta asociación con el recuerdo de sus lamentables demostraciones de medianía y sinvergüencería. ¿Tragedia sin remedio?

La sociedad se las arregla para evitar el vacío. No solo porque las estructuras antiguas son reemplazas por las nuevas, como ha sucedido ahora entre nosotros debido a la aparición y al arraigo de un partido llamado Vente Venezuela, encabezado por María Corina Machado, sino también por el hecho de que no existe la posibilidad de impedir el surgimiento de protagonismos nuevos. Así como una generación necesariamente da paso a otra, en las sociedades hay cambios de cabeza cuando los tiempos lo exigen, especialmente los tiempos más penumbrosos y desiertos. Nadie puede precisar cómo pueda ser la renovación, ni cuanto pueda tardar, ni tampoco asegurar la imposibilidad de que existan dirigencias antiguas sin posibilidad de renacimiento, porque son asuntos del futuro. Pero asuntos ineludibles, sin duda.

Sin embargo, tal vez las permanencias y las renovaciones del liderazgo dependan de la insólita situación de dependencia que dirige la vida venezolana. No solo se trata de oponerse a una especie determinada de régimen nacido del seno de la sociedad, de lo más profundo y genuino de su vida interior, o de apoyarlo por interés o convencimiento, sino también de lidiar con la dependencia que los Estados Unidos le han impuesto a la sociedad. Como jamás antes, no uno, sino dos resortes ineludibles —uno oriundo y otroforáneo—, imponen el programa del liderazgo que pretenda establecimiento. Tales resortes lo deben hacer necesariamente diverso, hasta el punto de que se pueda asegurar que se trate de partos jamás vistos, nunca experimentados. No olvidemos que, en el fondo, se trata de un asunto de pensamiento.

Tiempo de ingeniarse, ocasión para el atrevimiento, posibilidad para una novedad verdadera y para ideas  que jamás se han manifestado en sentido urgente. ¿Existirán  líderes, o pichones de lideres, para semejante hazaña?

 

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