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ESPAÑA: “Y le cortaron la coleta”

 

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“De la que nos hemos librado”.

Comentario en off al final de la transmisión en Antena 3, la noche del 26-J.

I

“El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio; si puedes fingir eso, habrás triunfado”… Groucho Marx

La primera conclusión que hay que sacar luego de la nueva expresión de voluntad por parte de los ciudadanos españoles en las recientes elecciones generales es clara: el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), una vez más debe decidir si apoya la constitución, la libertad y la democracia, pactando con, o permitiendo de alguna manera (absteniéndose) que forme gobierno de minorías el Partido Popular, o renueva el salto al vacío que sería intentar pactar con Unidos Podemos y Pablo Iglesias, y con los partidos independentistas catalanes.

El caldo de sopa de letras para formar un gobierno sin el PP se ha puesto muy turbio. Más que un gobierno, sería -como afirmó el canciller García Margallo en la tarde electoral- el “camarote de los hermanos Marx”.

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«El camarote de los hermanos Marx», de su filme «Una noche en la Ópera» (1935). 

Claro, hay una tercera opción, apocalíptica: que el PSOE se niegue a apoyar a todas las opciones mencionadas, y por tanto se tengan que convocar unas nuevas elecciones (las terceras desde diciembre 2015). Al parecer, esta opción está descartada, pero uno nunca sabe, especialmente si Pedro Sánchez sigue como líder. 

Los sondeos a pie de urna, poco tiempo después del mediodía del domingo, ofrecían una fotografía distinta: Alberto “piel de oveja” Garzón, el joven líder comunista, socio bastante menor de Pablo Iglesias (más que de Podemos, ya que hubo críticas que han renacido en los análisis postmortem), afirmó bien temprano -2:45 pm, hora de Caracas-, antes de que se dieran los primeros cómputos oficiales, que el resultado daba dos bloques “un bloque progresista” (obviamente formado por comunistas, chavistas y socialistas) versus un “bloque conservador” (PP y Ciudadanos), con predominio de los radicales en el primero. El mensaje de arrullo y de consuelo al PSOE era evidente. Pero claro, en ese momento las encuestas decían que se había producido el “sorpasso”, que Unidos Podemos había superado al PSOE, lo cual no ocurrió, afortunadamente. Como se destacó en una pregunta que le hicieran luego a Pablo Iglesias, “vendieron la piel del oso antes de cazarlo”.

La gente votó, es claro, con molestia ante el fracaso partidista de alcanzar acuerdos luego de las elecciones del 20 de diciembre. Los dos partidos que intentaron pactar después de las mismas, literalmente «vetando» a Mariano Rajoy, han sido precisamente los que han cosechado el peor resultado el 26-J, PSOE y Ciudadanos.

Los resultados revelan asimismo que el juego matemático para formar gobierno sigue trancado. Eso sí, en escaños sube únicamente el Partido Popular, y bajan PSOE y Ciudadanos. Unidos Podemos mantiene el mismo resultado -sumados los dos escaños comunistas-, del pasado diciembre. El gran ganador numérico, con claridad, es el PP, que pasa de tener 123 diputados a 137.

Aumenta su votación en casi 700.000 votos. Ha triunfado en todas las comunidades autónomas, salvo Cataluña y Euzkadi, (pero allí no se pueden esperar milagros, ojo), un total de 17 de 19.

En el Senado, también crece el PP: pasa de 124 senadores a 130, mientras el PSOE pierde 4: de 47 baja a 43.

El PSOE obtuvo en diciembre 2015 el peor resultado de su historia. Ahora lo batió. El nuevo peor récord se dio este domingo 26. De 90 diputados en diciembre, ha bajado a 85. Y para peor, los especialistas dicen que esos cinco escaños se fueron con sus rivales conservadores.

El PSOE, en diciembre obtuvo 33 diputados menos que el PP. En el nuevo congreso, aumenta esa diferencia negativa a 52.

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Unidos Podemos perdió más de un millón de votos; pero los comunistas de Izquierda Unida fueron ganadores: gracias al pacto, pasaron de 2 a 4 diputados. 

Ciudadanos fue sin duda víctima del sistema electoral pero sobre todo de sus inconsistencias estratégicas, perdiendo 400.000 votos.

Como destaca Lucía Méndez, en El Mundo, en España hay un partido grande, el Partido Popular, y tres medianos.

II

«No puedo decir que no estoy en desacuerdo contigo.» Groucho Marx

¡Qué distintos los rostros, los mensajes y los gritos en las sedes partidistas la noche del 26-J con respecto al 20-D! Los respectivos velorios socialistas, ciudadánicos y podemitas, contrastaron con la cara de alegría, de alivio, del gallego Mariano Rajoy y de los cánticos de las multitudes en una plaza llena de banderas azules conservadoras. Y con toda justicia.

El análisis inicial de la mayoría de los analistas destacó que la certidumbre, la moderación y el sentido común se impusieron al salto al vacío; el mensaje de Rajoy prevaleció. Las elecciones que supuestamente hundirían al bipartidismo, al PP y al PSOE, han golpeado duramente a los recién llegados.

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En el ala izquierda no ha habido “sorpasso” sino “sorpresazo, según palabras de la periodista Edurne Uriarte, en TVE. Una elección más en que en la lista de derrotados hay que incluir a las encuestadoras, a todas sin excepción. Qué bochorno. Claro, una excusa siempre presente es el método de decisión, el del señor D’Hondt, que siempre favorece a los más votados. Valga un ejemplo claro de los caprichos del modelo de decisión existente, lo sucedido a Ciudadanos en Castilla-La Mancha: Ciudadanos sacó 144.986 votos, el PP, 475.118; el PP sacó 12 diputados, Ciudadanos cero. Rivera hizo el reclamo correspondiente, sobre la necesidad del cambio de la ley electoral, la misma noche del domingo. Y el mensaje seguramente iba dirigido a las playas conservadoras. 

Estemos claros: como han probado varios especialistas, entre otros el Premio Nobel de Economía Kenneth Arrow, cuando la decisión implica tres alternativas o más ningún sistema es exacto, o 100% justo. Es matemáticamente imposible resolver los problemas que se plantean (lo demostró con el llamado «teorema de la imposibilidad»). Pero en España algo tendrán que hacer al respecto; no se trata por cierto de que den un salto hacia métodos usados en culturas políticas distintas (como el «first past the post» británico). Varios medios han publicado diversos análisis de cuál hubiera sido la distribución de escaños en la reciente elección con otros métodos de decisión. En América 2.1 publicamos una nota, bien interesante, que puede verse aquí.

Lo cierto es que la Ley D’Hondt ha servido este 26-J para darle oxígeno al bipartidismo.

Donde sí se dio un sorpasso histórico fue en Andalucía, tradicional granero de abundantes votos socialistas, y sitio natal de su líder histórico, Felipe González. El 26-J el Partido Popular fue el triunfador claro en las tierras sureñas, y con ello Susana Díaz vio frenadas en parte sus aspiraciones de mudarse a Madrid a liderar el partido.

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El resultado para el PSOE es doblemente desafortunado (ciertamente más que en diciembre), no solo por la nueva pérdida de escaños, sino porque la derrota no fue lo suficientemente abultada como para que no tuviéramos que ver de nuevo a Sánchez haciendo malabarismos verbales argumentalmente ilógicos para explicar por qué todo marcha bien para el PSOE (“no se dio el sorpasso, etc.”), y que él debe seguir como líder. Una lástima. El hombre ha inventado su versión particular de la “victoria pírrica”, una suerte de «derrota victoriosa«. Sigue insistiendo en que los resultados del PSOE son históricos”; claro, por lo malos. 

La regeneración del histórico partido socialista español pasa por un periodo de oposición; pero para que haya oposición, tiene que existir un gobierno al que oponerse. Y quien puede facilitar la formación del mismo es el PSOE. 

España necesita un partido socialista democrático fuerte, con un liderazgo meritorio. Desde hace años, en especial gracias a Rodríguez Zapatero, el partido ha perdido el rumbo, y solo da tumbos. 

Con las olimpíadas cerca, podríamos usar un símil deportivo para explicar el resultado electoral: El PP logró medalla de oro, la de plata se declara desierta, y la de bronce, a duras penas, al PSOE. Los otros dos necesitaron auxilio médico para terminar la competencia.

Llama la atención, una vez más, la forma inodora e insípida que asumen los periodistas españoles a la hora de hacer preguntas. Increíble como nadie le preguntó a Iglesias la noche del 26-J si no estaba planteada su renuncia al cargo de líder, después de semejante ladrillazo recibido, con todas las expectativas, todas, por los suelos. Estoy convencido de que las escuelas de comunicación social en España tienen una materia obligatoria, sin cuya aprobación nadie se gradúa, y que se llama algo así como “introducción al interrogatorio políticamente correcto.” ¡Uy, cuidado! no se nos vaya a molestar el entrevistado. 

III

«Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros.…» Groucho Marx

Comienzan ahora las danzas rituales mediante las cuales se desarrollan las conversaciones para ver si alguna fórmula alcanza la mágica cifra de 176, la mitad más uno que garantiza la mayoría absoluta y el nacimiento de un nuevo gobierno. Y todas las combinaciones, como ya decíamos, pasan por la decisión del PSOE. Bien sea apoyando al PP para formar la llamada Gran Coalición, o absteniéndose y permitiendo un gobierno en minoría del PP con o sin Ciudadanos.

Ciudadanos no puede seguir pidiendo la cabeza de Mariano Rajoy, luego del varapalo recibido, y del aumento de escaños populares. Después de estos resultados, que sigan exigiendo la cabeza de Rajoy caería en el más sumario ridículo. La noche de la derrota, y el lunes 27, Albert Rivera no declaraba, alucinaba. Con 32 diputados, quería montarle el gobierno al PP que obtuvo 137; no solo estaba vetando a Rajoy, sino incluso a algunos ministros. La reunión de la directiva de su partido al parecer lo obligó a aterrizar un poco. Esperemos que para bien de España (y de Ciudadanos) en las próximas semanas Rivera actuará con responsabilidad, respetando la decisión de los votantes. 

Pablo Iglesias, en su primera intervención post-elección, repitió la estrategia verbal de considerar a su partido legitimado como fuerza progresista democrática, en teoría y según El Coletas ocupando territorios ideológicos cercanos al PSOE (olvidando los ataques que le hacía durante la campaña). Pedro Sánchez, por el contrario, le ha respondido que fue por su culpa, por ambicioso e intransigente, que no hubiera un gobierno progresista en torno al PSOE. Tocará ver si el viejo partido socialista decide de una buena vez asumir que su mayor enemigo es el radicalismo autoritario representado por los comunistas y los chavistas hispanos. Por lo demás, es siempre interesante, aunque algo extraño, oír a Iglesias, como lo hizo el domingo 26 por la noche, hablar de ética, moral y de principios.

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En Podemos, después de morder el polvo la estrategia de Iglesias, que esperaba un sorpasso y recibió un tortasso, Íñigo Errejón emerge como el triste ganador de una noche electoral muy mala. El segundo líder podemita tuvo que asumir una alianza con los comunistas que no le gustaba, e incluso había advertido de que hay sumas que «no multiplican» sino que «dividen». Y que «refundar la izquierda radical» era una vía que alejaba a muchos votantes moderados. Muchos electores se indigestaron con el cambio del mensaje de la primera elección, “la izquierda rupturista”, para convertirse aceleradamente, sin rubores de ningún tipo, en “socialdemocracia”, como orgullosamente proclamó Iglesias; pero una socialdemocracia que pactó con los comunistas. Inconsistencias de locos.

 En su conducta, Iglesias revela una de las características de un político neófito: creer que siempre se podrá salir con la suya, y que no habrá consecuencias por subestimar al adversario.

Otro característico ejemplo de novatería, y que al parecer afecta a los tres muchachos derrotados: un inmaduro escape de la realidad, intentando separar los resultados, que a fin de cuentas son datos duros, de la voluntad de los españoles y de la clara derrota de sus propuestas. Es decir, que el pueblo los haya castigado, que hayan perdido apoyos, no importa. Como si nada, como niños malcriados. Sus posturas siempre serán más legítimas que las ganadoras. 

Ellos no buscan empatía con los votantes, la exigen de ellos. Obviamente, no tienen muy claro de qué va la cosa. Es como si, presos de un infantilismo político inexcusable, creyeran que sus acciones producen consecuencias que sin embargo no son su responsabilidad.

En su inmadurez, no tienen idea de cuáles son sus propias capacidades y límites: el gallego Rajoy, por lo visto, ciertamente sí. Para sorpresa de algunos, la tradicional empanada gallega derrotó claramente a la muy de moda  cocina minimalista.

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En su excelente novela «The Sense of an Ending» (La Conciencia de un Final), ganadora del Man Booker Prize en 2011, Julian Barnes nos dice que «la historia consiste en las mentiras de los vencedores y en el autoengaño y las fantasías de los derrotados».  Una afirmación muy válida para los actuales tiempos políticos hispanos. 

Concluyamos: no ha vencido la “mayoría izquierdista para el cambio”; los españoles siguen pensando que vale más malo conocido que bueno por conocer.

Queda ahora por verse si la clase política entiende este mensaje.

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