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Finlandia (también) gira a la derecha

El país afronta largas y duras negociaciones para formar gobierno

 

Elecciones en Finlandia: la primera ministra Sanna Marin pierde frente a  los conservadores en una reñida contienda - BBC News Mundo

Sanna Marin y Petteri Orpo

 

Después de un largo recuento de votos, en el que los tres partidos mayoritarios se iban quitando unos a otros el primer puesto, y con casi la totalidad de las papeletas escrutadas, la hasta ahora primera ministra Sanna Marin admitió anoche la victoria de su rival, el conservador Partido de la Coalición Nacional, liderado por Petteri Orpo, al que esperan ahora difíciles negociaciones para formar gobierno.

Marin, cuyo Partido Socialdemócrata quedó en tercera posición (19,9% de los votos y 43 diputados), declaró que «hemos ganado apoyos y tenemos más representantes en el Parlamento, así que, como líder del partido estoy contenta», tras felicitar tanto a los conservadores de Orpo (20,8%, 48 escaños) como a Los Finlandeses de Riika Purra (20,1%, 46 parlamentarios). En las elecciones parlamentarias de 2019, los tres mayores partidos quedaron también separados por menos de un punto porcentual. Pero en este caso la mayoría parece decantar la balanza a la derecha y, de lograr Orpo una coalición, Finlandia seguiría a Suecia en el viaje a la derecha de los países nórdicos. Otros siete partidos se reparten 63 escaños más de un Parlamento con un total de 200.

Lo que sí parecía claro anoche, a la vista del recuento, es que la coalición con la que Sanna Marin gobernaba hasta ahora, una unión de cinco partidos, difícilmente seguirá siendo una fórmula factible, lo que llevó a la primera ministra a asumir su derrota. «Vamos a tomarnos un tiempo, pero es muy buen comienzo», apuntó con satisfacción el conservador Orpo, evitando un tono triunfal y a sabiendas de que las negociaciones se presentan complicadas. «El suspense durará mucho tiempo», auguró Purra, dispuesto a cobrar muy cara su participación en el gobierno.

Tradicionalmente, el partido con más peso en el parlamento tiene la primera oportunidad de construir un gobierno, y desde la década de 1990, ese partido siempre ha reclamado la oficina del primer ministro. Varios partidos han descartado durante la campaña electoral la cooperación con los populistas de derecha Los Finlandeses, de corte antieuropeo, pero para Orpo resultarían imprescindibles.

Es probable también que el ganador dependa además del Partido de Centro, que queda en una posición privilegiada de cara a la negociación. La anunciada negativa de este último a seguir formando parte de la coalición de Sanna Marin ha sido decisiva para que la socialdemócrata renuncie a la posibilidad de intentar formar gobierno. La segunda fuerza de centro-izquierda, el Partido de Centro, ha adelantado sus intenciones de reorientarse más hacia la derecha en sus próximas asociaciones, decepcionado por la experiencia, y los tres socios menores restantes, los Verdes, la Izquierda y el Partido Popular Sueco, no podrán compensar esa pérdida, sobre todo por la caída bastante señalada de Los Verdes.

Termina así la jefatura de gobierno de Sanna Marin, a pesar de que ha gozado de una campaña electoral de ensueño, con la ratificación por parte de Turquía de la entrada del país en la OTAN, último obstáculo, y con la oportuna publicación del Informe Mundial sobre la Felicidad, que ha vuelto a retratar a los finlandeses como los humanos más felices sobre el planeta. Sus socios acusan la polarización de la que se ha servido para mantener la iniciativa en el debate público y el beneficiario de la ruptura es el Partido de la Coalición Nacional (KOK).

Posible coalición de gobierno

A la pregunta sobre si puede preverse una coalición formada por KOK y Los finlandeses (PS), Timo Miettinen, politólogo de la Universidad de Helsinki responde que «son muy cercanos en asuntos económicos, aunque difieren mucho en temas relacionados con la inmigración, la protección del clima y los derechos humanos». A pesar de las diferencias, considera que «una coalición sí es posible». A diferencia de sus homólogos suecos, que por primera vez han asumido poder tras las últimas elecciones, Los Finlandeses ya tienen experiencia de gobierno: hace ocho años formaron parte de una coalición con los conservadores. No se rompería ningún tabú, pero sí supondría un desplazamiento hacia la derecha de calado.

Además no se trata de un partido con el que resulte sencillo establecer un pacto de gobierno. Su expresidente, Jussi Halla-Aho, fue incluso condenado por sedición. Considera que el Islam es una «religión pedófila» y ha defendido abiertamente una «mentalidad de Finlandia primero». Su sucesora y actual líder, Riika Purra, ofrece un perfil menos radical y más reconocible de estadista, pero sus posturas sobre inmigración son igualmente duras. A diferencia de KOK, se opone a la inmigración como solución a los problemas del mercado laboral finlandés, que sufre una carencia crónica de trabajadores cualificados, y atribuye a los inmigrantes la creciente violencia y protagonismo en las calles de las pandillas, que durante la pasada legislatura ha llevado a contar un muerto por semana en promedio. Sin embargo, la economía finlandesa requiere de trabajadores extranjeros. En algunas regiones, hasta el 60% de los puestos de trabajo permanecen vacantes y bajo el gobierno de Sanna Marin la situación ha empeorado.

El líder conservador Petteri Orpo, por su parte, ha defendido en campaña la inmigración selectiva de trabajadores cualificados y una significativa reducción de los beneficios sociales en miles de millones de euros, como incentivo para que la población acceda a trabajar, además de medidas contra la deuda y la inflación.

 

 

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