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Guaidó logra su mayor victoria diplomática al imponer 18 países de la OEA a su embajador

Gustavo Tarre Briceño es el nuevo representante permanente de Venezuela ante el Consejo Permanente (CP) de la Organización de Estados Americanos (OEA), tras un debate tenso entre los países y una votación polémica. Un hecho inédito en el continente, ya que Tarre fue nombrado por el Parlamento democrático venezolano y por su presidente encargado, Juan Guaidó, con lo que sustituye a la delegación del gobierno chavista.

Gustavo Tarre Briceño

Sin lugar a dudas, la victoria diplomática de mayor alcance desde que en enero el líder opositor planteara su desafío a Nicolás Maduro. La aceptación de Tarre como embajador venezolano va mucho más allá de lo simbólico, ya que proscribe de esta forma a los funcionarios de Maduro en el seno de la OEA. La revolución, a la vez que mantenía su deseo de abandonar el organismo, no cejaba en sus forcejeos diplomáticos, apoyados por sus escasos aliados y por los votos de las pequeñas islas del Caribe, a las que proporciona petróleo barato desde hace 14 años.

«Hoy logramos el cese de la usurpación de nuestra silla en el CP de la OEA, un paso importante para lograr los objetivos planteados por el presidente Guaidó», se congratuló Tarre nada más conocer la decisión.

La iniciativa planteada por siete países del Grupo de Lima (Colombia, Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Paraguay y Perú), a la que se sumó las enmiendas de Jamaica, pasó por encima de los aliados de Maduro. A estos países se sumaron también, entre otros, Estados Unidos, Costa Rica, Haití, Honduras y Panamá.

México encabezó la defensa, con uñas y dientes diplomáticos, del gobierno de Maduro. «Es una victoria pírrica sin efectos reales y con potencial de provocar serias consecuencias para la OEA«, protestó Jorge Lomónaco, embajador de México.

Ya en junio del año pasado, la OEA consideró ilegítimas las elecciones presidenciales. A principios de este año tampoco reconoció la legitimidad del segundo periodo presidencial del «hijo de Chávez».

«El único modo de que yo me pare de esta silla, sin violar la ley internacional, sin violencia, sin fraude, sin manipulación jurídica, es que tenga una resolución donde 24 estados voten por suspender a mi país«, clamó Asbina Marín, delegada del gobierno de Nicolás Maduro en la OEA. Al rato, se desdijo ella misma al asegurar que «¡nos vamos y nunca vamos a regresar!«.

Samuel Moncada, principal embajador de Maduro ante la OEA, denunció a través de sus redes sociales que la OEA estaba asestando dos golpes de estado: uno contra su gobierno y otro contra la Carta de la OEA.

En ese momento la situación ya se había puesto cuesta arriba para el chavismo, porque 19 países habían logrado variar el orden del día del día pese a la oposición de 10 naciones y la abstención de cuatro. Los aliados de Maduro y la propia representante revolucionaria negaron desde el primer momento la viabilidad jurídica de la iniciativa, para la que aducen son necesarios 2/3 partes de los votos de los cancilleres de los países reunidos en sesión extraordinaria.

En el otro lado, el embajador de Chile resumió la postura de la mayoría de los países, aliados de Guaidó, ante la vía abierta por la delegación de Colombia: «La resolución claramente se circunscribe al Consejo Permanente (CP). Hay una confusión en el debate y es bueno que precisemos. Esta es una decisión del CP bajo quórum de votación del CP, que es la mayoría. La resolución propuesta tiene plena legalidad».

 

 

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