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Jorge Vilches: El baño que te dio Pedro

«Eduardo Madina, que no es un ‘romano’ de mi santoral, cometió la apostasía de decir que el Gobierno de Sánchez no lo está haciendo bien en Ceuta»

El baño que te dio Pedro

Ilustración generada mediante IA

 

Hombre, Óscar, que digas que Pedro Sánchez «dio un baño» a Eduardo Madina cuando todos sabemos que el suegro presidencial era dueño de una red de saunas donde se ejercía la prostitución no queda bonito, ni parece conveniente para quien quiere heredar al «Puto Amo». Puestos a tirar del hilo, o de la toalla (guiño, codazo), va a parecer que quieres hacer el papel de Bruto. Te lo voy a detallar porque creo que el informe PISA no solo afecta a los alumnos.

Ya sabes que Marco Junio Bruto era considerado como un hijo por Julio César —sí, el de Astérix, Óscar—, tras haberle perdonado por haber luchado en el bando contrario, con Pompeyo (el nombre se parece a la ciudad arrasada por el Vesubio, pero no tiene nada que ver, hombre). Esa consideración de «hijo» se debía a la relación que César tenía con Servilia, madre de Bruto. He de decirte, oh Óscar, que «Servilia» proviene del latín «servilius», derivado de «servus», que significa «esclavo» o «siervo». Te lo digo porque la servidumbre parece la definición perfecta para la relación entre el Puto Amo y los socialistas que seguís sus órdenes incluso antes de que las dicte.

Sigo con la historia, Óscar. Bruto (si no te acuerdas de quién era, vuelve al párrafo anterior), influenciado por los ideales republicanos (parecido a ti, que, para molestar a Felipe VI, dijiste hace nada que tienes «alma republicana»), y por su tío Catón el Joven, creyó que asesinar a César era un acto de patriotismo. En tu caso, querido ministro, de patriotismo de partido, esa empresa que os da de comer con dinero público a muchos de los que bebéis los vientos y los lodos por Sánchez.

César —continúo con el cuento— era considerado por algunos de sus contemporáneos como un tirano. Hoy podríamos decir lo mismo de nuestro presidente del Gobierno, salvando las distancias, porque Sánchez habría abandonado las Galias y se habría rendido al pueblo norteafricano de los «mauri», de donde procede el nombre de «moro» (No, Óscar, no; no se lo puso Franco). Sigo. Esa definición de «tirano» para César se debió a que acumuló varios mandatos hasta convertirse en «dictador perpetuo», como si fuera el rey. No sé si ves el paralelismo con Sánchez, su ambición y su inquina a Felipe VI.

¿Sabes, oh Óscar, cómo gobernaba Julio César? Pues saltándose la ley e ignorando al Senado, vamos, como uno que habita la Moncloa. Para que lo entiendas: gobernaba a golpe de decreto-ley, como Sánchez, que lleva 168 reales decretos-leyes convalidados por el Congreso y más de siete rechazados, lo nunca visto en una democracia. Ya sé que no es lo mismo: Sánchez quiere el progreso de la humanidad desde el lado correcto de la historia (es ironía, Óscar), pero debes reconocer, ministro, que la comparación tiene su cosa. Ah, un detalle. Julio César empezó a asistir a las reuniones políticas en una silla dorada, seguramente porque entonces no había Falcon.

Juan de Mariana (hago aquí una nota para cultos: tú, Óscar, puedes mirarlo en Google) escribió su teoría del tiranicidio en 1599 tomando a Julio César como ejemplo, entre otros. El sacerdote español escribió que el romano era el caso de quienes toman el poder legítimamente, pero luego gobiernan de forma despótica, violando leyes, corrompiendo todo y mancillando el bien común. No sé si me explico, Óscar, pero quizá sea ilustrativa la larga lista que atesora el PSOE de Sánchez de casos de incompetencia, corrupción y de decisiones legales salvadas in extremis por el Tribunal Constitucional. Juan de Mariana —a lo siguiente no llego yo, Dios me libre, y pido que nadie lo haga— sostenía que el tirano era un enemigo público y que había que… quitarlo de en medio. Hoy, esa retirada de la escena pública bien podría ser echar a Sánchez, hacerle la cama o ponerle un puente de plata. El avispado sucesor sabría colocar sus piezas en la casilla adecuada, ¿no es así, Óscar?

El caso es que Bruto y otros senadores acorralaron a Julio César y le dieron matarile. El tirano, al levantar la vista, vio entre los asesinos a quien consideraba su hijo y dijo, según Shakespeare: «Et tu, Brute», que significa «¿También tú, Bruto?». Y en los idus de marzo del 44 a. C. (la «C» es «Cristo», Óscar, no Cayetana), murió César en un charco de sangre que persiguió a los traidores hasta su muerte. Entre los que acabaron con Bruto estuvo el sobrino-nieto de César, Augusto, un joven de 19 años que llegó a emperador y transformó Roma en el paraíso de los baños gracias a la ingeniería hidráulica. Y aquí se cierra el círculo de tu frase, Óscar, que mezcla tiranía, odio, rencor, traición… y baños, como en un drama shakespeariano.

Eduardo Madina, que no es un «romano» de mi santoral, cometió la apostasía de decir que el Gobierno de Sánchez no lo está haciendo bien en Ceuta. A esto, Óscar, has contestado a tu estilo: con una colección de exabruptos chorreantes de bilis. Parece que tienes manía al pobre Madina, porque en diciembre de 2025, cuando dijo que la legislatura estaba terminada, pusiste en X: «El acabado eres tú». Qué fuerte, tribuno de la plebe. A ver. No quiero recomendarte unas sesiones de mindfulness entre los humos de una barra de incienso de palo santo y música tibetana suave. Pero sí decirte que si quieres ser el sucesor del «Puto Amo» no te crees más enemigos de los que en su día podrás vencer, porque saldrá un «Augusto» que te ponga en la calle como advertencia para osados.

 

 

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