Jorge Vilches: La derecha inexistente
«Votar a una incógnita no ilusiona. Origina más temores que certezas. Estaría bien que el PP dijera de una vez qué quiere ser, además de la alternativa al PSOE»

Ilustración generada mediante IA.
¿Quién de la derecha no envidia el aparato propagandístico de la izquierda, su capacidad para trasladar mensajes y crear resortes mentales? Hablo de ese progresismo que maneja a la perfección la disonancia cognitiva de los suyos con la misma maestría que antepone las emociones a la razón, a las cuentas, a la realidad. Es cierto que el populismo llegó a la derecha, y que algunas formaciones tomaron esos instrumentos para dar la batalla a la izquierda en su mismo campo, con la demagogia, las movilizaciones y el sentimentalismo. No obstante, esas tácticas populistas han sido insuficientes o están descontroladas y, además, el centro derecha no acaba de encontrar una fórmula alternativa que lo posicione en el campo del juego político.
José Luis González Quirós ha escrito al respecto un libro muy interesante que invita a la reflexión: El PP y la derecha inexistente (Ediciones Orígenes, 2026). La obra se mete en el debate abierto por otros libros más «centristas» que reclaman también un paradigma propio, como son La derecha desnortada, coordinada por Armando Zerolo, y Contra la ruptura (Ediciones Encuentro, 2026), de Miguel Ángel Quintanilla Navarro, diputado nacional del Partido Popular por Madrid. Colateral a estos y en esa búsqueda de una identidad para el PP, Toni Timoner y Luis Quiroga publicaron El ecologista de derechas (Deusto, 2026) con el propósito de que dicho partido defendiera el conservacionismo frente al ecologismo.
Resulta significativo que ante el peor PSOE, convertido en un partido de extrema izquierda a cuyo frente está un autoritario corrupto, el tema intelectual sea la personalidad del Partido Popular. Es como si este partido, que gobierna en 12 autonomías en solitario o en coalición con Vox, y en más de 3.000 ayuntamientos, simplemente no existiera o que se esté presentando a las elecciones con un programa sin personalidad ni identidad. Esto supondría que la gente vota sin saber, al tuntún, al menos malo o al más cómodo. Podría ser.
Quirós, sin embargo, ahonda en las debilidades del partido mayoritario de la derecha española, no con el ánimo de destruirlo, sino de explicar la vida política actual. En su opinión, el PP no ha realizado esfuerzos serios para formular un proyecto político consistente, actualizado y atractivo. Parece, dice, que los populares solo esperan el poder gracias a la «ley de la alternancia», esto es, cuando el PSOE caiga. Así, lo «normal» en nuestro país es que gobiernen los socialistas, y lo excepcional, que lo haga la derecha.
El pecado de la derecha, apunta Quirós, es haberse vaciado de ideología. Con esto, el PP ha renunciado a promover sus propios valores —salvo la gestión—, y se ha entregado a la hegemonía cultural de la izquierda en cuestiones como un modelo territorial que tiende a la desunión, la educación plagada de dogmas progres, y a una política impositiva infernal para mantener y aumentar el Estado del bienestar. Para esta derecha, la modernización de su ideario es aceptar los viejos principios socialistas. El conjunto apunta al PP como un flashback del PSOE de otros tiempos.
«El PP no está abierto a la sociedad, a la academia ni a la cultura, sino exclusivamente a las encuestas y a los consejos de sus gurús»
A esto se suma una cuestión que resulta crucial a su entender: el PP no está abierto a la sociedad, a la academia ni a la cultura, sino única y exclusivamente a las encuestas y a los consejos de sus gurús. De esta manera, el liderazgo social y político se diluye. De ahí que el partido sea, en su opinión, como una confederación de derechas autónomas, en la que cada una actúa como le conviene en su territorio sin que exista un proyecto nacional.
Tampoco carga las tintas sobre este PP de Feijóo, sino que para encontrar las raíces hace una «vista a la derecha», como tituló José María García Escudero su estudio de 1988. La responsabilidad, afirma, procede del carácter inane de la UCD de Adolfo Suárez, sin más ideario que ser la organización que soportara el peso de los primeros años de la Transición, y de una Alianza Popular que demostró tener más líder que un partido, y que dio por perdida la batalla cultural. Tampoco se aprovecharon las etapas de Aznar y Rajoy, afirma el autor, para imponer un modelo defendible y reconocible. Simplemente, sobrevivieron.
Esta obra —muy recomendable— nos muestra un PP que es casi un desconocido justo cuando está, en teoría, a menos de un año de conseguir el poder en las urnas. Votar a una incógnita —también lo es Vox, que pacta con quien denuncia con fiereza— no ilusiona ni esperanza, sino que origina más preguntas que respuestas, más temores que certezas. Estaría bien que el Partido Popular dijera de una vez por todas qué quiere ser, además de la alternativa al PSOE.
