Vender una película entera con el eslogan «¡La Garbo ríe!» es una genialidad que solo podía funcionar con ella. Ernst Lubitsch firma una de las comedias más elegantes e inteligentes de todos los tiempos. Ver a una estricta comisaria soviética derretirse poco a poco ante un sombrero carísimo, el champán y el romance en París es una auténtica delicia. Guion brillante, ironía a raudales y muchísima clase.
