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Jorge Vilches: No lo echarán, ingenuos

«Aunque pierda la Moncloa, no lo van a echar. Sánchez solo se irá si él quiere, porque encuentre un puesto internacional de esos que forran a cualquiera para toda la vida»

No lo echarán, ingenuos

Ilustración creada con IA.

 

Hay quien piensa que los socialistas echarán a Sánchez tras la presumible derrota del 29-N. Son los que sueñan con un Comité Federal que de repente vea los defectos del Puto Amo y que lo ponga en la calle. Incluso especulan con una militancia que, defraudada, abandone el populismo izquierdista y abrace la socialdemocracia al estilo danés. Dicen que, conociendo al género humano, los diputados, mandatarios locales y demás cargos del PSOE darán la espalda a Sánchez al perder el poder gubernamental y buscarán otro jefe. No lo creo porque el presidente ha dejado todo atado y bien atado. 

El 13 de octubre, hace unos días, Sánchez suprimió los turnos de palabra en el Comité Federal. De esta manera no hablarán los críticos, como Emiliano García-Page y Miriam Andrés. En su lugar, el secretario general y amo del lugar cerrará la reunión con un mitin de autobombo, porque para eso se han reunido. No quiere que se repita lo de 2023, cuando disidentes como Lambán o Tudanca le dijeron a Sánchez algunas verdades dolorosas que se trasladaron a la opinión pública. El sanchismo quiere esta vez trasladar la imagen de que no hay fisuras ni replicantes, sino una cerrada y emotiva adoración por el jefe. Es lógico: si transmiten que hubo debate, las dudas aumentan entre un electorado socialista que no está muy motivado. A Sánchez le interesa transmitir que dentro del PSOE reina una fe ciega en su proyecto.

A esto se añade que el propio núcleo del presidente ha elaborado las listas electorales para el Congreso y el Senado. Las ha llenado de fieles servidores y autómatas que aplaudirán cuando se les ordene. Esos parlamentarios harán lo que Posada Herrera decía en el siglo XIX: el «tacto de codos», una metáfora militar para referirse a los diputados que en «línea de batalla» sienten el contacto del codo de su camarada para guardar la formación y obedecer la consigna del «General». Esto se consigue purgando la lista de personas con criterio propio y llenándola de palmeros como Patxi López, Óscar Puente, Óscar López o Montse Mínguez. Toda esta tropa debe su puesto a Sánchez, y fuera de Sánchez no son nada. Si echan al Puto Amo tendrán que echar a todos.

Pero el control no se limita al Congreso. Sánchez ha extendido su dominio hasta las autonomías, donde los barones deben su posición a la misma lealtad que los diputados. No habrá nadie con el poder suficiente para echar a Sánchez. El poder en las autonomías está en manos de probados sanchistas que se jugaron su reputación en las políticas más controvertidas y fallidas del Gobierno. No son figuras independientes y limpias, sino atadas y manchadas por el barro del camino. Es ingenuo pensar que alguien desde una autonomía se levante contra el sanchismo, que constituye hoy todo el partido, especialmente la militancia. Se demostró en 2017, cuando las bases se radicalizaron de forma irreversible. Cualquier candidato que se presente ante los afiliados como el antídoto contra el veneno del sanchismo está condenado a la derrota.

«La deformación del PSOE a su interés ha sido tan evidente que no se sostiene con datos, sino con relatos»

Aquella transformación se completó con un cambio organizativo para asegurar que nunca más pudieran echarle. Asentó su poder dentro del PSOE para ser incontestable y que no se repitiera jamás el episodio de octubre de 2016, cuando le pusieron de patitas en la calle. Si mañana se descubriera otro pucherazo interno, todos los miembros de la dirección socialista se romperían las manos de aplaudir y halagarían el arte del jefe metiendo papeletas. Su capacidad de humillación es mayor que la velocidad con la que Sánchez cambia de opinión. Véanse los temas de la amnistía o del pacto con Bildu.

La deformación del partido a su interés ha sido tan evidente que no se sostiene con datos, sino con relatos. La verdad importa poco mientras se puedan atribuir culpas a terceros, y recrear un victimismo de superioridad moral justiciera que calme conciencias. Esa fuerza narrativa puede sostener a Sánchez a pesar de la derrota en las urnas y de su salida del Gobierno. Recordemos que es un político que se crece en las desgracias y les saca beneficio.

Su capacidad de manejo de la escena, los tiempos y los temas es muy superior a la de todos los cargos federales del PSOE unidos. Se anticipa, planifica, liquida a los adversarios, justifica y no se moja. Sánchez es impermeable y flota como un corcho de polietileno. Así que no, ingenuos, lo siento: aunque pierda la Moncloa, no lo van a echar. Solo se irá si él quiere, porque encuentre un puesto internacional de esos que forran a cualquiera para toda la vida.

 

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