Democracia y PolíticaHistoria

La democracia cristiana

Este 13 de enero se cumplen 75 años del establecimiento de la Democracia Cristiana en Venezuela. Con la fundación del partido Copei, núcleo humano y político, que impulsó en nuestra nación los valores del humanismo cristiano, se abrió una senda positiva para nuestro desarrollo integral.

Si bien nació como un Comité de Organización Política Electoral Independiente (Copei), estaba claro desde su origen, por el antecedente de sus fundadores y promotores, que se trataba de un grupo humano movido por los valores del cristianismo, a la luz de la convocatoria de la Iglesia Católica, desde el surgimiento de la encíclica Rerum Novarum del papa León XII, hecha pública el 15 de mayo de 1891.

Ya para entonces habían surgido, además, la carta encíclica de Pio XI llamada Quadragesimo Anno (15/5/1931) y otros documentos pontificios que alentaban a los católicos a actuar en la vida política de sus países a la luz de dicho magisterio.

Los fundadores de Copei habían ya participado en las luchas estudiantiles posteriores a la muerte del dictador Juan Vicente Gómez, creando la Unión Nacional de Estudiantes (UNE) y un partido llamado Acción Nacional, de breve duración.

Pero el 13 de enero de 1946 le dan forma al nuevo movimiento y fundan un partido, cuyo aporte a la civilidad, la libertad, la democracia, a la cultura política y al progreso de Venezuela está demostrado en un inmenso conjunto de aportes a nuestra vida social.

El más significativo de esos aportes tiene que ver con la implantación de una recia cultura democrática de inspiración cristiana. Es desde esta perspectiva epistemológica que se desarrolló todo el rico acervo político de la democracia cristiana en nuestra patria.

Esa cosmovisión le permite a la generación fundadora, y a buena parte de las subsiguientes, impulsar una acción política, educadora en los principios de la democracia, y cooperadora en la construcción, en el campo de la ingeniería social, de un sólido Estado de Derecho que logró el establecimiento del periodo de estabilidad y bienestar más largo de toda nuestra historia republicana.

Frente al auge de las ideas del marxismo leninismo, luego del triunfo de la revolución bolchevique en 1917, las enseñanzas de la doctrina social de la iglesia ofrecieron una respuesta adecuada a la búsqueda de una sociedad libre y con justicia social, en bien de los sectores más pobres de la sociedad.

El gran aporte del pensamiento humanista cristiano estuvo precisamente, sobre todo a partir de la encíclica Rerum Novarum, en defender la libertad, sin dejar las banderas de la redención de los pobres en manos de los comunistas; que más que buscar un camino para elevar sus condiciones de vida, sembraron el odio, promovieron la violencia, la eliminación de la propiedad privada y ofrecieron una “dictadura del proletariado” con el cual lograrían “la sociedad sin Estado y sin leyes, donde todos los seres humanos serían felices”.

Tamaña utopía solo sirvió para justificar crímenes atroces desde los primeros tiempos de su implantación. El contenido claramente disolvente del mensaje comunista fue comprendido por la Iglesia. De ahí surge la respuesta de una doctrina que defiende la vida, la libertad, la propiedad privada y que promueve un trato justo y humano para los trabajadores que dependen de un salario.

Al proclamar la vida y la libertad se defendió con ahínco la democracia como sistema político, y al impulsar la defensa de los más desvalidos desde la perspectiva del amor, se tomó el mandamiento evangélico que da origen a la democracia cristiana como alternativa política frente al marxismo.

Con esas ideas se lanzaron a la lucha desde 1946. Con ellas enfrentaron la dictadura perezjimenista y lucharon, junto a otros grupos políticos, para establecer la democracia a partir del 23 de enero de 1958.

La nueva etapa democrática es aprovechada por los sectores de la izquierda marxista para tratar de tomar el poder por la vía armada, ofreciéndole a las nuevas generaciones venezolanas de entonces la utopía comunista. Correspondió a los jóvenes de la democracia cristiana enfrentar políticamente, en los liceos y universidades, la prédica y la acción de los partidarios del pensamiento marxista.

Lo hicimos con éxito. De la mano de nuestros maestros llenamos de contenido el debate político. Estudiamos a fondo todas las corrientes del pensamiento político, pero muy especialmente todo lo producido en el campo de la filosofía  cristiana. Allí tomamos las herramientas para derrotar en el campo cultural, y luego en la acción política, a los representantes de la ideología del odio y de la destrucción social.

La consolidación política de la democracia, la ausencia de respaldo popular para las tesis del marxismo criollo, alejó de contenido el debate político venezolano. El mismo se agotó en ideas y políticas de vanguardia,  capaces de garantizar la calidad de vida de los ciudadanos. Tal circunstancia pragmatizó la vida pública. La ética dejó de ser un requisito fundamental en la política. Los partidos, incluido Copei, se llenaron de logreros y oportunistas, para quienes los principios no eran la guía de su quehacer cotidiano. Eso contribuyó a abrir las puertas al militarismo marxista para establecer la dictadura que padecemos.

La sociedad venezolana ha contado, gracias a la siembra realizada,  con una formidable reserva moral y política, que ha sido dique  a la voracidad de la camarilla gobernante. Ha sido, además, la fuente desde donde han surgido los recursos humanos, cargados de aquellos valores inculcados durante años, para hacerle frente a este nuevo engendro de las ideologías del mal.

En esta hora de Venezuela las ideas fundamentales del ideario demócrata cristiano tienen plena vigencia, y son una herramienta fundamental para orientar la lucha por el rescate de la libertad. El desarrollo conceptual, que esta corriente del pensamiento ha producido, es  una luz que nos ilumina para avanzar en la lucha para rescatar la democracia y construir una sociedad moderna, democrática, productiva, eficiente, con justicia y equidad.

 

 

 

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