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La edición 23.3 del diccionario académico: agregados y supresiones

Los invito a leer en el excelente blog dirae.es, de Gabriel Rodríguez Alberich, el adelanto de la lista con las próximas modificaciones que se introducirán al Diccionario de la Lengua Española (DLE), llamado “Edición 23.3”. Aunque todavía no se conozcan las enmiendas, debo confesar que me sorprendió la supresión de palabras y  morfemas que están vivísimos.

Tal el caso de numerosos vocablos de uso corriente, verificable en el CREA, como fogoneroanualizadoamodorrado y pastelón. En su novela Cristóbal Nonato (1987), Carlos Fuentes ponía en boca de un personaje: –Desatino, me amodorro, dijo en seguida Farnesia para salvar la situación […].

Tomás Eloy Martínez, en La novela de Perón (1989) decía: En el living se amodorra un piano que Potota no llegará a tocar.

¿Y qué hago con el pastelón que tengo para comer esta tarde? ¿Cómo tengo que llamarlo? En 1996,la puertorriqueña Mayra Santos Febres escribía en su libro de relatos Pez de vidrio y otros cuentos: Llegó a tales extremos su crisis que un pastelón de papas le saltó del horno oliendo igual que los calzoncillos del niño Velázquez. ¿Ahora está mal? ¿Ya no se podrá decir? ¿No está más permitido calcular la tasa anualizada de inflación?

Mario Vargas Llosa, en su libro de ensayos La verdad de las mentiras (2002), expresa: Entonces Faulkner escribió, mientras trabajaba como fogonero, “Mientras agonizo”.

¿Y los sufijos’-fobo, ba;fugo,ga; –pedo,da,’-voro (entre muchos otros)? ¿No podremos decir más de homófobohidrófoboxenófobo? ¿Ni hablar de bípedoscuadrúpedos, ni palmípedos? ¿Ni de febrífugos, hidrófugos, ni vermífugos?

Tampoco parece justificada la inclusión de antiperonismo, cuando ya existe el prefijo anti- y el nombre peronismo. Cabe elogiar, eso sí, la supresión de la ridícula castellanización quianti¸ aunque cadáveres como güisqui güisquería permanezcan insepultos.

 

 

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Un comentario

  1. Amén de estar de total acuerdo con el autor del texto, me preocupa mucho más la mayoría de las nuevas palabrejas que el DLE ha incluido. La mayoría no son más que deformaciones mal sonantes de palabras ya existentes. Se diría que las incluyeron un día de mala digestión de los académicos.

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