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La realidad alternativa de la izquierda

«La mayoría de gobierno se ha inventado un mundo paralelo en el que vive confortablemente, creyéndose sus propias mentiras»

La realidad alternativa de la izquierda
La ministra de Igualdad, Irene Montero; la ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, Ione Belarra y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. | Alberto Ortega (Europa Press)

 

El CIS [órgano encuestador gubernamental] pronostica una clara victoria del PSOE en las próximas elecciones municipales y autonómicas, los asesinos de ETA y sus cómplices en Bildu están perfectamente integrados en el sistema democrático español, no es necesario solicitar cita previa para hacer gestiones en la Seguridad Social, la telebasura es necesaria para la convivencia y muy formativa para la clase trabajadora, cada cual puede elegir su sexo… La izquierda se ha inventado un mundo paralelo en el que vive confortablemente, creyéndose sus propias mentiras, pero en el que algún día despertará, mirará a su alrededor y se dará cuenta de que nadie le sigue.

He escuchado en alguna ocasión contar a Mario Vargas Llosa los años de su militancia izquierdista en el Perú, cegado, como sus compañeros, por mitos, consignas y utopías. «Éramos pocos, pero muyyyyyy… sectarios», decía el célebre escritor. Ese parece ser el sino de la izquierda, que después de varios años de existencia en la realidad -muy aprovechados en España para conseguir avances que la derecha frenaba-, vuelve a la oscuridad de sus propias fantasías y arrastra todavía a muchos miles de seguidores, a los que ya no se trata de convencer con razones, sino de adoctrinar con el nuevo catecismo de las identidades.

Cuando la realidad comenzó a serle adversa a la izquierda, cuando el triunfo universal de los principios socialdemócratas la dejaron sin la bandera del cambio, empezó a crearse una realidad alternativa, se hizo combatiente de guerras libradas ya hace años y se buscó enemigos abstractos, como el progreso, los hombres y el clima. Aquello empezó tímidamente con Zapatero, cuando las ideas escaseaban, y se agudizó unos años después, cuando la realidad, tercamente, se empeñaba en negarle los votos.

Si, después de dos intentos, resultaba imposible echar al PP en las urnas, se creaba la realidad alternativa de los pactos. Imaginábamos que los independentistas catalanes eran de izquierdas, como lo era el PNV. Como de izquierdas eran los confundidos abertzales, pese a los errores cometidos en su juventud con el hacha y la serpiente. Todos juntos, unidos a los peronistas y los comunistas, formaban la primera mayoría de izquierdas en el Parlamento español. Pura realidad alternativa.

En el camino, los líderes del invento habían tenido que decir algunas mentiras, que fueron olvidadas por sus seguidores en cuanto se les advirtió que sólo cabía elegir entre eso o la derecha, que esto era blanco o negro, rojo o azul; es decir, en cuanto se consiguió convertirlos en fanáticos.

«Las mentiras se consumían con rapidez y era necesario inventar otras nuevas para que la fantasía se mantuviera en pie»

Ya en el poder, la realidad alternativa fue creciendo. Hubo que crear una falsa pacificación de Cataluña, conseguida gracias a un falso diálogo. Hubo que crear más fascistas de los que en realidad había y resucitar a Franco. Hubo que abrir guerras imaginarias con un poder judicial supuestamente comandado por golpistas y una prensa en manos de reaccionarios. Hubo que dibujar en la imaginación popular a empresarios conspiradores de sombrero de copa y puro. Hubo que hacer más marginadas y sometidas a las mujeres, a las que, por lo visto, no se les permitía hasta ahora el acceso a las carreras de ciencias. Hasta hubo que maquillar algunas cifras para que el saldo económico fuera más exitoso. La validez de esa realidad alternativa era certificada mensualmente por los datos del CIS de Tezanos. 

Pero las mentiras se consumían con rapidez y era necesario inventar otras nuevas para que la fantasía se mantuviera en pie: la influencia internacional de España ha aumentado muchísimo, muy pronto todos los españoles podrán acceder a una vivienda y los jóvenes viajarán gratis por Europa, lloverá y el agua volverá a correr por ríos caudalosos, libres de pantanos, somos grandes gestores y hemos evitado el apocalipsis que presagiaba esa derecha ceniza y amargada.

Sin embargo, se acercan las elecciones y existe el peligro de que sean más los que viven fuera de esa realidad alternativa. Tal vez sean más quienes recuerdan mejor a las víctimas del terrorismo que a las del franquismo. Tal vez sean más quienes no viven en medio de guerras culturales ni en el combate contra el sexo contrario ni en batallas inacabables contra el fascismo. Tal vez sean más quienes no sienten ningún odio hacia la derecha y son perfectamente indiferentes ante la posibilidad de que gobierne el PP. Tal vez son más quienes están preocupados por el bienestar de su familia y la educación y el futuro de sus hijos. Tal vez son más quienes están razonablemente satisfechos de ser españoles y entienden que no hay que arrojarse a los brazos de quienes odian nuestra democracia. Tal vez son más quienes quieren progresar, pero no se quejan de lo que tienen porque saben que nada hay gratis y que las cosas cuestan esfuerzo. Tal vez son más quienes piensen que la izquierda ha equivocado el camino.Tal vez son más quienes viven en la realidad. Tal vez.

 

 

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