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Karina Sainz Borgo: Su excelencia, el señor Albares

El ministro de Exteriores es un lustrador de candelabros, un aposentador de tiranos

Albares comparece en la comisión de Asuntos Exteriores

                               Albares comparece en la comisión de Asuntos Exteriores. (Jaime García)

 

Cada vez que escucho a José Manuel Albares pienso en ‘The Ugly American’, una novela de Eugene Burdick y William Lederer que se tradujo como ‘El americano feo’ y fue llevada al cine con Marlon Brando. A Albares la historia le viene perfecta: retrata el fracaso de la diplomacia estadounidense en un país ficticio del sureste asiático durante la Guerra Fría, a través de un embajador engreído que vive aislado, prioriza el protocolo sobre la eficacia y se conduce arrogante e incompetente, sin ninguna enjundia. Más que un villano, es un incapaz y un frívolo.

Quienes hayan visto a Albares ejercer de divulgador protocolario en su cuenta de Instagram harán la rápida conexión. Pero el asunto, me temo, es peor. Esta semana, en un nuevo gesto de una política exterior acomodaticia y complaciente, el ministro Albares propuso invitar a la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, a la próxima Cumbre Iberoamericana. Incluso llegó a plantear que, si se producían avances políticos en Venezuela, las sanciones por violación de los derechos humanos que pesan contra la dirigente política podrían revisarse o incluso retirarse, para incentivar el diálogo, ese trampantojo que tanto usan los blanqueadores de los autoritarismos.

Esta línea cómplice se ha reflejado tanto en el lenguaje de Albares –al evitar calificar de ‘dictador’ a Nicolás Maduro en ocasiones anteriores– como en decisiones concretas de gestión diplomática, la más sangrante de ellas, el episodio ocurrido en la residencia del embajador español en Caracas con Edmundo González Urrutia. Durante su estancia allí, González Urrutia fue obligado por Delcy y Jorge Rodríguez a firmar un documento como condición para poder abandonar Venezuela con seguridad. El hecho de que estas interacciones se produjeran dentro de la residencia oficial del embajador español refuerza la tesis de quienes apreciamos en el señor Albares un lustrador de candelabros y un funcionario complaciente con los regímenes autoritarios. Esta semana, la Unión Europea defendió que se mantuviesen las sanciones contra Delcy Rodríguez, a quien el señor Albares ha pretendido dar una legitimidad de formulario: es ella quien ocupa el poder, aduce el ministro, y como tal ha de ser considerada. Ella, la misma Delcy Rodríguez que visitó Barajas en compañía del entonces ministro de Transportes, José Luis Ábalos, hoy en la cárcel y en trámite de rendir cuentas ante la Justicia por corrupción. Su excelencia, el señor Albares, no estaba aún en el cargo: se estaba preparando para sacar brillo a la plata o, quizá, por qué no, al oro con el que los tiranos pagan al actual Gobierno de España sus servicios de aposentador.

 

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