Ramón Peña / En pocas palabras: Extracciones

El 3 de enero de 1990, el presidente de Panamá Manuel Noriega fue capturado a las puertas de la nunciatura apostólica donde había buscado refugio y finalmente decidió entregarse. Ocurrió luego de dos semanas de asalto y ocupación militar estadounidense. Era perseguido por narcotráfico, corrupción, terrorismo y anulación de elecciones.
Noriega fue juzgado y condenado por Estados Unidos a 40 años de prisión. Por existir también requerimientos de la justicia de Francia y Panamá, cumplió pena en estos países hasta su fallecimiento a los 83 años. Como resultado de su extracción, renació la democracia y Panamá se desmilitarizó.
El 13 de diciembre de 2003, luego de nueve meses de sangrienta invasión de Estados Unidos a Irak, con el saldo de unos 100 mil iraquíes y 5 mil efectivos estadounidenses muertos, Saddam Hussein fue capturado en su escondite al norte del país. Juzgado por un tribunal iraquí fue condenado por crímenes contra la humanidad y ejecutado en la horca tres años más tarde.
Como balance, esta acción desestabilizó el Oriente Medio, alentó el terrorismo de ISIS y permitió a Irán emerger como gran poder regional.
Hoy, han pasado 120 días, casualmente de un 3 de enero, como el de Noriega, de la extracción de quien, no obstante carecer de las mínimas credenciales constitucionales requeridas, fungía de presidente de Venezuela, un dictador acusado de narcoterrorismo, corrupción, crimen organizado y delitos de lesa humanidad. Esta operación estadounidense fue quirúrgicamente aérea, tocó el suelo patrio solo para embarcar al sujeto y su pareja. En este caso, sin reacción de la fuerza armada nacional.
El balance de esta extracción es aún incierto. 80% de los venezolanos espera y exige una transición democrática que erradique los restos menguantes de la añosa dictadura. La facción sobreviviente de ésta, devenida proimperialista, intenta prolongarse en el poder bajo la tutela de Washington, acatando dócilmente sus instrucciones pecuniarias. La sociedad venezolana se impacienta. La calle toma la palabra…
