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Las nueve sorprendentes costumbres que aún conservamos de los romanos

El escritor Paco Álvarez recupera en «Somos romanos» las similitudes que todavía existen entre el mundo latino y el nuestro

Roma no es Arcadia –consuelo fantasioso de los poetas clásicos– y Paco Álvarez (1965, Madrid) ha escrito «Somos romanos» (Edaf) para refrescárnoslo, también las raíces. Este libro bucea en las costumbres romanas para recordarnos las similitudes que existen entre su mundo y el nuestro.

En una letanía finita os desglosamos los conceptos romanos que se resisten a desaparecer de nuestras sociedades y que el autor de «Somos romanos» ha improvisado en una suerte de diccionario que ha cedido gustosamente a ABC:

Bares: Los «Thermopolia» eran locales con barra de obra, muy parecidos a nuestros bares actuales, solo que los romanos preferían el vino a la cerveza, que consideraban una bebida «bárbara».

Depilación: Este acto masoquista estuvo de moda entre las mujeres y ciertos hombres –sufrían mucho más que ahora, ya que entre las técnicas empleadas se incluía la aplicación de resina–. Parece ser que Julio César era un adepto.

Descanso dominical: El domingo, Dies Solis, fue declarado oficialmente día de reposo y descanso administrativo por orden del César Constantino en el año 321, siendo en principio un día para venerar al sol. El caso es el que el domingo sería festivo desde entonces.

Pasos de cebra: En todas las ciudades de la antigua romanidad había pasos de cebra. Estaban construidos con losas de piedra cortadas rectangularmente y colocadas de forma perpendicular al tráfico, eran de la misma altura que las aceras y servían para que los peatones pudieran cruzar la calzada.

Take Away: En los Thermopolia se preparaba mucha comida «para llevar», que se expendía directamente en la barra, ya que muchos romanos no tenían cocina en sus casas y siempre comían de «take away». Incluso se conocen servicios a domicilio que llevan los pedidos a las distintas viviendas, como nuestros Deliveroo y Glovo.

Sms y Whatsapp: Los romanos tenían unas tabletas que consistían en una o dos caras de cera insertas en un marco/estuche de madera que se cerraba sobre sí mismo. Esta tabla contenía recados, deberes en el cole y sobre todo mensajes. Una vez escrito el texto en cuestión, la tableta se cerraba plegándola y era entregada a un mensajero, quien la llevaba a su destinatario y éste, a su vez, escribía debajo su respuesta. Y así sucesivamente.

Reciclaje: Cuando se rompía un objeto de vidrio, se guardaban los trozos, que se entregaban al «vidriero ambulante», un mercader que intercambiaba estos trozos por una especie de cerillas primitivas. El vidriero entregaba en los talleres de vidrio los trozos conseguidos donde se fundían y se utilizaban para producir una nueva pieza de vidrio.

B.O.E.: En la primera ley escrita que se ha conservado de Roma, conocida como «Las leyes de las XII Tablas» se incluyen principios fundamentales que todavía aplicamos. Las leyes aprobadas se grababan en planchas de bronce y se colgaban en las paredes del Foro. Una ley no entraba en vigor –aunque hubiera sido aprobada por la Asamblea o el Senado– si no había sido publicada en bronce, tal y como ahora hacemos con el B.O.E., que publica las leyes aprobadas y que, hasta que no aparecen impresas en él, no entran oficialmente en vigor.

Divorcio: La ley de época de Augusto, de siglo I a. de C., admitió que la mera voluntad de uno de los cónyuges era suficiente (sin tener que dar explicaciones a nadie ni hacer públicos los motivos) para que el divorcio fuera efectivo. Lo único que exigía esa ley es que la voluntad de la separación fuera firmada ante siete testigos y que se notificara tal deseo al otro cónyuge mediante mensajero y por escrito.

 

 

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