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López Obrador visita a Trump: «En vez de agravios hemos recibido de usted comprensión y respeto»

Los demócratas habían tratado de boicotear el encuentro y el canadiense Trudeau se ha negado a participar

Cinco años después del discurso en que lanzó su candidatura a la Presidencia –en el que acusó a México de aprovecharse de Estados Unidos y de enviar al norte a criminales, narcotraficantes y violadores– Donald Trump recibió este miércoles a Andrés Manuel López Obrador para sellar una alianza inusual entre un mandatario conservador y otro de izquierdas, unidos ambos por su populismo.

El presidente mexicano llegó a las puertas del Ala Oeste de la Casa Blanca a las 14.07 de este miércoles, con 34 grados de temperatura en Washington y medidas de seguridad excepcionales por la protesta racial y la pandemia de coronavirus. Trump, a la puerta, no le ofreció la mano para prevenir el contagio del virus. Ninguno de los dos llevaba máscara.

La gran parte de la reunión, que ocupó toda la tarde del miércoles, fue a puerta cerrada. Los dos presidentes, que son muy dados a hablar con los medios, han preferido mantener a los periodistas alejados durante esta visita, planeada hace meses.

Se trata de la primera ocasión en que López Obrador sale de México desde que accedió al cago en diciembre de 2018. El mandatario sí ha viajado abundantemente dentro de su país, pero incluso para reuniones de elevado perfil en el extranjero, como la Asamblea General de Naciones Unidas, ha delegado la representación en el canciller, Marcelo Ebrard. López Obrador fue muy crítico con Trump cuando era candidato, y hasta publicó un libro en contra del estadounidense, titulado «Oye Trump». Esas rencillas quedaron este miércoles en el olvido.

Discurso y agradecimiento

Este miércoles, el mexicano gritó en tres ocasiones «¡Viva México!» para acabar un discurso, sin preguntas, en el que no escatimó halagos a Trump. «En vez de agravios hemos recibido de usted comprensión y respeto», le dijo López Obrador a Trump. «Usted no nos ha tratado como una colonia», ha añadido. Trump, por su parte, le dijo a López Obrador que «las relaciones entre EE.UU. y México nunca han sido tan estrechas».

El pragmatismo se impuso este miércoles, cuando Trump cambió radicalmente el tono que empleaba hace años para hablar de México. «Este país, EE.UU., es el hogar de 36 millones de increíbles ciudadanos mexicanoamericanos. Ellos hacen que nuestras comunidades sean mejores, y fortalecen nuestras iglesias, y enriquecen todas las facetas de la vida de esta nación. Son personas increíbles y trabajadoras», dijo Trump. Después, ambos firmaron un memorando de cooperación.

López Obrador llegó al aeropuerto Dulles de Washington el martes por la noche, tras un vuelo comercial, con escala en Atlanta y en clase turista. Su viaje fue retransmitido en redes sociales por pasajeros de los aviones en que voló. A diferencia de las ruedas de prensa y reuniones en Ciudad de México, el presidente sí lucía una mascarilla para cubrirse la boca para prevenir el contagio de coronavirus.

Antes de entrar en el recinto de la Casa Blanca, el presidente mexicano se hizo la prueba del coronavirus, en la que dio negativo. Como los demás líderes populistas americanos –Trump y Jair Bolsonaro, de Brasil– López Obrador restó importancia al principio a la pandemia de coronavirus y se resistió a tomar medidas, lo que ha disparado los contagios en el país: 268.000 diagnósticos y 32.000 muertes. En EE.UU. hay tres millones de diagnósticos y 133.000 fallecidos.

Por la noche, Trump y López Obrador participaron en una cena con grandes empresarios a la que fueron invitados Carlos Slim, del Grupo Carso; Patricia Armendáriz Guerra, de Financiera Sustentable; Carlos Bremer Gutiérrez, de Grupo Financiero Value, y Daniel Chávez Morán del Grupo Vidanta, entre otros.

Boicot demócrata

Los demócratas intentaron abortar esta visita, algo sin precedentes. Lo hicieron a través del Caucus Hispano del Congreso, donde están representados muchos latinos del Capitolio, que en su mayoría son de ese partido. Según dijeron en una carta enviada la semana pasada a la Casa Blanca, la decisión de Trump de ofrecer «una bilateral cuando el Congreso está en receso y cuando los diputados están en sus distritos para abordar las necesidades de las comunidades que han sido golpeadas por esta pandemia, es un intento descarado de politizar las relaciones entre EE.UU. y México».

Trump ni se inmutó. Es más, les devolvió su carta con un comentario escrito con rotulador por encima de sus palabras: «Gracias por su bonita carta. Él es mi amigo, una persona excelente. Me voy a reunir con el presidente. Va a ser bueno e importante para México y para EE.UU.».

En principio, la reunión iba a ser una trilateral. El acuerdo de libre comercio es en realidad un tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. Pero el primer ministro de este último país, que había sido invitado, rehusó viajar a Washington en el último momento. Su portavoz, Chantal Gagnon, alegó que Justin Trudeau tenía que presidir una reunión ministerial y participar en un debate parlamentario en Ottawa el mismo miércoles. «Le deseamos lo mejor a México y a EE.UU. en ese encuentro», dijo Gagnon en un correo electrónico.

Preguntado este miércoles por la ausencia de Trudeau, el consejero de Seguridad Nacional de Trump, Robert O’Brien, se negó a polemizar. «Es una visita en la que hemos trabajado mucho tiempo. Ellos hablan mucho. Tenemos una excelente relación con México y tenemos una excelente relación con Canadá. Tenemos un gran vecino al norte en Canadá y tenemos un vecino excelente al sur, en México».

El presidente mexicano visitó, antes de ir a la Casa Blanca, los monumentos a Lincoln y a Benito Juárez, en los que depositó coronas de flores. Frente a ellos, como frente a la Casa Blanca, se congregaron grupos de partidarios y detractores, amenizados hasta por bandas de mariachis. Frente a la embajada de México, cerca de la Casa Blanca, se plantó un doble disfrazado de López Obrador.

 

 

 

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