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Marcelino Miyares: Una Bitácora Cubana (XXXIX)

I

Hay dos palabras que no existen en el vocabulario del comunismo cubano cuando se trata de realizar elecciones: “transparencia” y “pluralismo”. El castrismo no solo inventó las “fake news” en América Latina, también lo hizo con las “fake elections”.

Como las celebradas este domingo 24 de febrero.

Todas las dictaduras del largo historial de tiranías que han desgraciado los países latinoamericanos jamás se acercaron al grado de refinamiento del atropello, de la arbitrariedad, del despotismo, que ha caracterizado al castrismo cada vez que quiere ponerse la máscara de “demócrata” y convoca a elecciones. En su peculiar concepción, el “demos”, el pueblo, no pinta nada. En cambio el objetivo final siempre será conservar el “krátos”, vale decir, el poder, la fuerza.

Diario de Cuba, en su editorial (El pueblo cubano se parece cada vez menos a la Asamblea Nacional”) lo dice admirablemente: Contrario a los sistemas políticos que procuran que la asamblea parlamentaria se asemeje al electorado, el sistema cubano busca que sea el electorado quien termine por parecerse a la Asamblea Nacional. Busca que el electorado sea igual que esa asamblea en sus votaciones unánimes, y que su voto funcione según requerimiento del partido único. Que los electores actúen como la Asamblea Nacional, que lo hace bajo la dirección del PCC  

Este es el esquema de siempre, aprobado ahora en la nueva Constitución, y es el que perseguían en el referendo constitucional recién clausurado. Había que votar Sí a la reforma constitucional tan unánimemente como votan los diputados de la Asamblea Nacional”.

Verticalismo. Violencia. Ventajismo. Arrestos. Chantaje. Cero posibilidad de una campaña alternativa, mientras el SÍ aparecía hasta en la sopa.

No hubo recinto o lugar que se considerara territorio neutral; La semana pasada, una funcionaria de Cultura agredió físicamente a la escritora y poeta Katherine Bisquet, luego de participar en la Feria del Libro de La Habana. ¿La razón para el exabrupto? llevar una camiseta con el letrero #YoVotoNo. La Unión Patriótica Cubana (UNPACU) se convirtió en blanco favorito de hostigamiento, de detenciones de miembros, de allanamientos de su sede y sus casas. Por hacer campaña por el NO.

Los resultados “oficiales” preliminares del referéndum constitucional fueron:

Padrón electoral: 8.6 millones

Suma de votos NO, Nulos, en Blanco: 1,032,174

Suma de rechazo (NO, NULOS, EN BLANCO y ABSTENCIONES):

2,482,108= 26,69%

Asimismo, los resultados reales/legítimos deberían incluir el voto de la diáspora que por definición sería NO/ABSTENCIÓN.

Como el gobierno cubano le negó el voto a la diáspora los resultados del referéndum no son “válidos” y por consiguiente Cuba seguirá siendo para la comunidad de países libres/soberanos/democráticos un estado de-facto y no de derecho, dictatorial no democrático, basado en el poder de las armas y no en el sufragio universal de TODOS.

II

 

Nos toca ahora a los opositores, dentro y fuera de la Isla hacer inventario de lo ocurrido, aprender de ello, refinar visiones, tácticas y estrategias. Varias consideraciones merecen mencionarse.

Es de destacar que el referendo constitucional castrista se realiza apenas horas después del acto de salvajismo más grande de la historia de Venezuela, en el cual participaron sin duda funcionarios del G2, perpetrado por el usurpador Maduro y su gavilla de sociópatas que todavía resisten –no gobiernan desde hace tiempo- con el poder de las armas como última línea de resistencia. Si ello implica matar más ciudadanos, destruir la ayuda humanitaria, usar toda clase fuerza bruta –nunca más exacto el adjetivo- provista por colectivos, presos, guerrilleros de las FARC y el ELN, y el G2 cubano- así seguirán haciéndolo. ¿No parece acaso algo sacado del manual fidelista?

La oposición cubana debe entender asimismo que, como dijera Yoani Sánchez, en 14 y medio (“¿Y si Venezuela lo logra?) lo que pase en Venezuela afectará inevitablemente a Cuba. Y no me refiero solamente a la economía, ya de por sí crítica, incluso antes de la implosión chavista.

Continúa Yoani: “El régimen cubano vive un momento de suma fragilidad. La generación histórica que controló el país por más de medio siglo lleva años ocupando los nichos vacíos en los panteones, pero apenas puede capitanear una estrategia desde las mesas de reuniones”. (…) Desde que fue colocado en la presidencia, Miguel Díaz-Canel ha tenido que lidiar con la creciente inconformidad popular, la misma que se ve en un video que se hizo viral en las redes sociales donde la caravana del mandatario pasa rauda y veloz mientras decenas de damnificados por el tornado en Regla lo increpan a gritos”.

Debemos asumir que el régimen está, una vez más, en una situación potencialmente crítica; ya lo ha estado en el pasado, y ha sobrevivido. Esa es su mayor especialidad.

Para aprovechar al máximo esta nueva coyuntura que se nos presenta, debemos aprender algunas lecciones de la situación venezolana. La primera, que no hay chance posible si los opositores seguimos convertidos en una suma de pequeñas islas, islotes y arrecifes, en lugar de crear una estructura todo lo plural que se determine, pero que alcance consensos en lo esencial: diagnóstico, objetivos, estrategias. Entendamos de una buena vez que para convencer a los demócratas del mundo de lo justo de nuestra causa, para conquistar los corazones y razones de las mayorías ciudadanas de la Isla, debemos dejar de ser islas.

En segundo lugar, debemos consolidar, promover, formar liderazgos, que sean percibidos, aceptados y legitimados como tales por la gran mayoría de cubanos opositores. No aspiro a que suceda lo que acaba de ocurrir en Venezuela, pero el trabajo formativo hay que hacerlo: Juan Guaidó, un joven diputado, puesto por felices circunstancias, y por la constitución, en el comando legítimo del poder Ejecutivo, despierta en pocos días un fervor popular sin precedentes, pocas veces visto, con una colosal claridad de miras, determinación, empuje. A veces Juana de Arco, por ratos Winston Churchill, el ingeniero de La Guaira le está dando una nueva dimensión a la palabra liderazgo.

En tercer lugar, que al totalitarismo castrista –no lo dude nadie, Raúl Castro es quien controla al régimen chavista- se le puede enfrentar y poner contra las cuerdas solo si ganamos la voluntad, la atención y el apoyo activo y decidido de las democracias del planeta, como ha hecho la oposición venezolana. Con ese apoyo –que no lograremos si no estamos unidos- de nuestro lado, entonces sí podremos hacer un trabajo más efectivo en y con la Isla, teniendo objetivos políticos definidos que le den una real luz de esperanza a nuestro pueblo. Una maniobra de pinzas, exterior-interior, legitimada y visibilizada ante los actores internacionales, es algo que generaría un profundo temor a la tiranía. Como han hecho los hermanos venezolanos. Aprendamos de sus luchas, de sus errores, de sus caídas y de sus recuperaciones.

La derrota del castrismo en Venezuela, traerá los siguientes efectos, como concluye la magnífica nota de Yoani:

Si Venezuela logra recuperar la ruta hacia la democracia y Guaidó convoca unas elecciones que ni remotamente ganará el chavismo, esa oleada de cambios también llegará a las costas cubanas. La soledad diplomática del castrismo se hará más aguda en la región, los pocos recursos que seguían llegando desde Caracas se acabarán y sobre la solapas de los generales y los jerarcas del Partido Comunista quedará colocada la vergonzosa insignia de una derrota.

Díaz-Canel se verá empujado a emprender reformas económicas y políticas más profundas ante la ausencia de un mecenas y el recrudecimiento de los problemas cotidianos; la oposición tendrá un escenario más propicio para ganar nuevas batallas con cada flexibilización que se haga desde arriba o con cada frustración que brote desde abajo, mientras que los jóvenes cubanos contarán con un referente cercano en el que inspirarse y con el espejo venezolano para mirarse.

Si Venezuela lo logra, los cubanos estaremos más cerca de también lograrlo”.

Marcelino Miyares, Miami, 26 de febrero de 2019.

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