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Ni Maduro ni Fermín son legítimos

 

Ni Maduro es un presidente legítimo, ni Claudio Fermín es un opositor legítimo. Sobre lo primero no hay la más mínima duda; sobre lo segundo, si las había, bastan sus últimas declaraciones intentando legitimar al tirano.

Declara Fermín: «Hay gente hablando de falta absoluta, hay gente haciendo planes políticos porque se supone que no hay un presidente, a mi me parece que lo primero que tenemos que hacer es aterrizar». Como al parecer acuatizó él, hace tiempo, en las aguas rojas de la dictadura.

Fermín, quien fuera destacado dirigente de Acción Democrática, al punto de haber sido su candidato presidencial en las elecciones de 1993, fue tan recientemente como el pasado mes de mayo el jefe de campaña del auto-denominado candidato opositor Henri Falcón en la ilegal elección que Nicolás Maduro preparó en el más puro estilo autoritario. Esa candidatura –que en su momento fue advertida urbi, orbi et interneti de que solo serviría para ayudar a Maduro a intentar legitimar su reelección- denunció luego de obtener un resultado muy malo toda una serie de irregularidades electorales, y resulta ciertamente extraño que hoy Fermín se desdiga y afirme que no hubo problemas, que la victoria de Maduro fue legítima.

Insiste Fermín: “no falsifiquemos la realidad”. Al parecer, en la realidad de Fermín, la de la legítima presidencia de Maduro, no existen los cientos de muertos en las protestas populares más recientes; los presos políticos, los exilados, los asesinados; no tienen cabida Oscar Pérez o Fernando Albán. Tampoco los millones de emigrados, las diarias muertes por faltas de medicinas, o la hiperinflación más grande del mundo. Asimismo, ha desdeñado, una y otra vez, los mensajes de rechazo que la ciudadanía ha expresado a sus posturas complacientes con el chavismo. Para Fermín, hay cosas más importantes, al parecer consecuencia de complicidades fáusticas.

¿Y para sus antiguos compañeros de aventura legitimadora en mayo? Otro que acompaña a Fermín en su desvarío es Felipe Mujica, cacique mayor del MAS, quien incluso ha llegado a declarar que “no estoy seguro de que participaremos en la jornada del 23 de enero”. Fermín, Mujica: siempre remotos, nunca empáticos, con años equivocándose, defendiendo posturas erróneas que con el tiempo se han hecho tediosas e inmóviles. Con ellos, la verdad sufre de muchas maneras.

La estrategia de estos señores posee varias fallas fundamentales. Tienen años creyendo que si se “portan bien” con el gobierno serán considerados actores válidos para una futura transición negociada; sin embargo, olvidan que para llegar a esa negociación es necesario presionar nacional e internacionalmente al régimen, casualmente lo contrario de lo que ellos hacen; y segundo, su conducta les ha ganado un rechazo general de la población venezolana, que hoy jamás los aceptaría como representantes legítimos de la oposición a la dictadura. Si no creen en las encuestas –todas coincidentes en ello-, vean lo que le está pasando a su amigo y compinche Manuel Rosales, cada vez que ha intentando presentarse públicamente en el Zulia luego de su fracasada participación en la elección especial a gobernador en diciembre de 2017: sus compatriotas no le perdonan, entre otras cosas, la traición a Juan Pablo Guanipa, gobernador legítimo del estado, y quien fuera despojado por no querer ponerse de rodillas frente a la Prostituyente cubana.

Pero regresando a nuestro personaje, a Fermín nadie lo toma en serio desde hace mucho tiempo; por ejemplo, ¿quiénes recuerdan que él debatió en 1998 con el entonces aspirante a candidato Hugo Chávez? ¿O que durante ese encuentro, Fermín afirmó que el golpista fracasado “estaba dedicado a la democracia?

A Fermín lo que le debe molestar más es que Juan Guaidó, en dos semanas, ha logrado hasta ahora un mayor fervor y apoyo popular legítimo y sincero, que el ex-adeco en toda su vida. O como afirmó con acierto una tuitera: “¿son ideas mías o el nombre “Claudio Fermín” suena tan insignificante como Osetia del Sur?

Lo cierto es que Claudio Antonio Fermín Maldonado, cuyo liderazgo, hoy cosa de un pasado remoto, se debió más a su partido que a sí mismo (volvió a ser candidato presidencial como independiente en el año 2000 –había sido expulsado de AD en 1998-, y quedó último, con 3% de votos), tiene demasiados años aportando sus constantes granos de arena para destruir la confianza de los venezolanos en la política. En ello coincide plenamente con su presidente, Nicolás Maduro.

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