CulturaDiscursos y DocumentosÉtica y MoralGente y SociedadHumanismo

«No es una supervivencia folclórica»: León XIV reivindica la presencia pública de la fe católica ante más de un millón de peregrinos

Frente a 1.100.000 fieles, el Papa reclama que la religión no quede encerrada en los templos ni relegada al ámbito privado

                              El Papa León, durante la procesión del Corpus Cristi. (Tania Sieira)

Ni manifestación folclórica ni pieza de museo. León XIV ha reivindicado este domingo en la plaza de Cibeles una fe que «sale al encuentro», recorre las calles y se transforma en caridad. Ante más de un millón doscientas mil personas congregadas para la misa del Corpus Christi, el Papa ha defendido una religiosidad capaz de hacerse presente en la vida pública y comprometida con losdesafíos de la sociedad. Un mensaje que inevitablemente contrasta con quienes sostienen que la religión debe quedar confinada al ámbito privado.

 

 

La referencia no podía ser casual. En la solemnidad del Corpus Christi –una de las celebraciones que mejor expresan la manifestación pública de la fe católica, en la que no se procesiona una imagen sino la hostia consagrada, que para los creyentes supone la presencia real del propio Cristo– León XIV ha querido recordar que «no es una fiesta más del calendario litúrgico, sino un volver a las raíces de la fe para renovar el amor y la fidelidad».

Su mensaje, dirigido en principio a los fieles, también ha resonado en toda la sociedad. No en vano, Cibeles es paso casi obligado de la mayoría de las manifestaciones que, casi a diario, reivindican en Madrid las más insólitas peticiones. Pero este domingo el Papa ha ido más allá al poner al mismo Jesucristo al frente de ese recorrido por las calles de Madrid. De manera real, con la procesión del Corpus que ha seguido a la celebración eucarística, y previamente con el recuerdo, en su homilía, de que «Jesús camina por las calles, atraviesa las plazas, visita nuestros barrios».

El sentimiento espiritual español

En esa línea ha recordado que las «solemnes procesiones de este día han plasmado durante siglos la piedad, el arte, la música, la arquitectura y la vida del pueblo español» y que «todavía hoy expresan y manifiestan el sentimiento espiritual de este país a través de la belleza y la elegancia de las alfombras florales, de los altares en las calles, del cuidado de las custodias y de los expositores, de los cantos y de los ornamentos». «No se trata de una manifestación exterior, de una supervivencia folclórica o de un simple adorno estético», sino de la fe en la presencia del Señor Resucitado, «que está vivo y sigue pasando en medio de nosotros», ha reivindicado.

En otro significativo gesto, también ha destacado que «la memoria histórica de las procesiones del Corpus Christi no se deja aprisionar por un recuerdo nostálgico». Vincular la «memoria histórica» –una expresión que Gobiernos socialistas como los de Rodríguez Zapatero y Sánchez han empleado para ajustar cuentas con la Iglesia católica– con una reivindicación de la fe en la esfera pública no parece un gesto casual. La expresión adquiere una resonancia particular después de que la Secretaría de Estado vaticana haya revisado uno a uno todos los discursos tras la polémica que suscitó la biografía laudatoria del presidente del Gobierno que incorporaba el documento que la Sala Stampa facilitó a los periodistas extranjeros.

León XIV ha insistido en la idea y ha encomendado «a la España de hoy y de mañana» que «la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy». Y a ello le ha añadido el matiz de la caridad, a la que la Iglesia católica ha vinculado tradicionalmente la fiesta del Corpus Christi, para pedir que se viva como «una escuela que nos enseña a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo, porque nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano; una escuela que nos enseña la gratuidad del amor que se hace don, para que circule entre nosotros y rompa las cadenas de todo egoísmo». Porque «el Cristo que pasa por las calles en la custodia es el mismo que se identifica con los pobres, los abatidos, los que están solos y desamparados», ha explicado.

El Pontífice ha urgido a los católicos a salir «del egoísmo, de la indiferencia, de una fe cómoda y privada». Ha dicho que evidentemente la fiesta de este domingo no puede reducirse a un momento de intimismo espiritual, sino que debe considerarse como «una invitación para el hoy, para nuestra vida personal, para nuestras relaciones, para la sociedad, para la construcción del futuro». En la procesión del Corpus Christi «aprendemos que Dios es presencia real y que también nosotros estamos llamados a estar presentes en las situaciones y en los desafíos de la sociedad, a no huir, a comprometernos personalmente en la construcción del bien común». Un aviso de que la Iglesia en España no se puede quedar mirando.

Las palabras del Pontífice han resonado con fuerza en una España que vive desde hace décadas un proceso de secularización que en los últimos años parece amortiguarse. Una laicización de la sociedad que, aunque preocupa a la Iglesia, ha encontrado un aliado en el Ejecutivo de Sánchez, que en estos años ha tratado de arrinconar la religión al ámbito privado y reducir su celebración al interior de los templos.

Entre los asistentes, la representación del Gobierno que ha escuchado las palabras de Papa era, esta vez, significativamente escasa. Frente al desembarco de casi medio Ejecutivo previsto para el próximo jueves en el puerto de Arguineguín para el homenaje junto a emigrantes, o la presencia masiva en la recepción oficial de este sábado en el Palacio Real, a la misa de Cibeles sólo han acudido el Vicepresidente primero Carlos Cuerpo y la ministra de Educación, Milagros Tolón, una de las pocas en el Ejecutivo que nunca ha tenido problema en presentarse como católica practicante.

Sorprendía la ausencia del ministro Félix Bolaños, presencia habitual en los actos vaticanos, en virtud de su responsabilidad de relación con las confesiones religiosas, como ministro de la Presidencia y de Justicia. En los últimos años no sólo ha participado en actos como el entierro del Papa Francisco y el inicio de pontificado de León XIV, sino que ha viajado a la Santa Sede en varias ocasiones para reunirse con el secretario de Estado, Pietro Parolin, para tratar de negociar directamente algunos temas y tratar de puentear a los obispos, los verdaderos interlocutores.

Aunque siempre con unos intereses muy marcados. Como recordaba el presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, el pasado abril en su discurso ante la Asamblea Plenaria, «Hemos hablado en estos meses de inmigración, de vivienda, de educación, pero el interés prioritario de este Gobierno, el único en el que ha querido forzar acuerdos, ha sido el asunto de los abusos a menores cometidos únicamente en el seno de la Iglesia y la resignificación del Valle de los Caídos (Cuelgamuros)».

El evento más multitudinario

Más allá de la significativa homilía, la eucaristía se ha convertido en el evento más multitudinario del viaje, y ha reunido a más de un millón doscientas mil personas, muchos llegados de otros puntos del país. Una cifra que desde la organización han elevado a millón y medio. Lo cierto es que, con independencia de la cifra final, la primera misa celebrada por León XIV en España se ha situado al nivel de participantes de las de sus antecesores, como la de Benedicto XVI en Cuatro Vientos en 2011 y la canonización múltiple celebrada por Juan Pablo II en la plaza de Colón en 2003.

Con el Papa, han concelebrado más de 150 obispos y cardenales y 1.600 sacerdotes, revestidos con ornamentos litúrgicos confeccionados para la ocasión e inspirados en la catedral de la Almudena. La liturgia ha sido cuidada al extremo, como correspondía con la solemnidad que se celebraba y los cantos, tanto en la misa como durante la procesión, han sido encomendados al coro y orquesta de la JMJ 2011, al de San Juan de Ávila y, de manera muy especial, a las voces blancas de la escolanía del Monasterio de San Lorenzo del Escorial y a la Escolanía de la abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos.

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba