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Papamanía

Ha llegado el hombre adecuado, en el momento adecuado y tengo la intuición de que las cosas no van a poder seguir igual después de esto, de que hay un reinicio general y decisiones inaplazables

Hemos estado demasiado solos y durante demasiado tiempo. A veces nos hemos sentido olvidados y otras incomprendidos, pero siempre despreciados, como si nuestra manera de vivir la fe se interpretara como una tara genética, una falla intelectual o, peor aún, como un error exótico. Todos los partidos, sin excepción, nos han abandonado –aunque cada uno a su manera– y no existe ninguno que hable, piense o actúe inspirado por los principios del Evangelio; ni uno solo con el que los católicos podamos sentirnos identificados, aún con contradicciones. Hemos estado huérfanos viendo cómo intentaban instrumentalizar nuestra religión a ambos lados mientras nos preguntábamos: ¿En qué momento el amor, el perdón y la misericordia se han vuelto un arma arrojadiza? ¿Cuándo se ha transformado la religión de la piedad, la caridad y la esperanza en una caricatura identitaria, cruel y deshumanizadora?

Por supuesto, solo era una percepción. La Iglesia estaba donde siempre había estado, las homilías de los domingos seguían siendo inspiradoras y las obras de caridad trabajaban a pleno rendimiento, en silencio, que es como se hace todo lo que merece la pena. Nuestra sensación de soledad surgía de estar expuestos a lo peor de la sociedad, que son las redes sociales y los discursos de nuestros políticos, por lo general pensados para esas redes y, por ello, aberrantes, polarizadores y divisivos. Y hemos acabado por confundir las causas con los efectos. Pero ha llegado León XIV, ha silbado como silban los pastores, y cuando hemos llegado al encuentro hemos descubierto que no estábamos tan solos, que los emocionados somos muchos y que estamos más cerca de lo que pensábamos. Nos hemos reconocido en sus palabras, valientes y problemáticas: tanto la encíclica, como los discursos del Palacio Real, de Cáritas, de la Plaza de Lima, de Cibeles o del Movistar Arena han sido de una altura intelectual y moral a la altura de muy pocos. Sin duda lo será también el de hoy en el Congreso y, a partir de mañana, los de Barcelona y, sobre todo, Canarias.

La figura de León XIV se agiganta a cada paso, comienza la ‘papamanía’ y se instala la sensación de que algo está cambiando. Ha llegado el hombre adecuado, en el momento adecuado y tengo la intuición de que las cosas no van a poder seguir igual después de esto, de que hay un reinicio general y decisiones inaplazables. La sociedad está diciendo ‘basta’ ante el odio y la polarización y toda la política queda expuesta como una actividad no solo insuficiente sino explícitamente contraria a la Doctrina Social de la Iglesia. Estamos ante un reinicio del Concilio, con una onda expansiva que exige un cambio de paso y de rumbo. Por ello, la visita no será solo una anécdota para católicos sino una sacudida para todos. Esperemos que la política sepa entenderlo.-

 

 

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