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Perdón Venezuela

Nicolás Maduro es un dictador, que ganó en elecciones amañadas, luego de asesinar personas en las calles y en las cárceles del régimen, prohibir los medios de prensa opositores, encarcelar a los políticos disidentes y militarizar la vida del país.

En breve el sangriento dictador venezolano Nicolás Maduro se apresta a iniciar un nuevo mandato antidemocrático en Venezuela, para el que ha tenido la desfachatez de invitar a gobernantes de distintos países a presenciar su crapulencia. Lo ha hecho con el desprecio a la suerte de su país y sus compatriotas que ha caracterizado su gobierno, el mismo que ha desatado la crisis humanitaria más importante en América Latina en su historia contemporánea.

El caso de Venezuela, a esta altura del partido, es una tragedia de proporciones bíblicas innegable para cualquier persona honesta. Dicho de otro modo, solo delincuentes de la peor calaña pueden defender el campo de concentración en que el socialismo del siglo XXI ha convertido a ese hermoso país de nuestro continente. Con sus problemas, como todos los países, Venezuela supo estar entre los más prósperos del continente, tener un sistema de partidos estable y una democracia que fue ejemplar en la región.

Hoy por hoy sufre las consecuencias de un gobierno socialista totalitario —valga la tautología— que ha sumido a más del 90% de los venezolanos en la pobreza, ha forzado al exilio a millones de personas por hambre y falta de las medicinas más básicas, ha disparado la inflación y a provocado una implosión económica. Estos son los hechos y todo debate honesto sobre la situación de Venezuela debe partir de esta realidad.

Nicolás Maduro es un dictador, que se impuso en elecciones amañadas, luego de asesinar personas en las calles y en las cárceles del régimen, prohibir los medios de prensa opositores, encarcelar a los políticos disidentes y militarizar la vida del país. Estos también son hechos, no meras opiniones y desconocerlos solo demuestra una ignorancia supina o una bajeza moral inconfesable.

Los países del llamado grupo de Lima, que reúne a los países democráticos del continente, han manifestado su solidaridad con el pueblo de Venezuela a través de la medida que corresponde, no reconocerle a la dictadura legitimidad alguna. Este paso es indispensable para ayudar desde el exterior a que el pueblo de Venezuela recupere su destino. Los únicos dos países que van a asistir a la farsa de Maduro y aplaudir sus crímenes son Bolivia y Uruguay. Esto refuerza la ignominia del acto vergonzoso del gobierno uruguayo ya que Evo Morales también se apresta a violar la Constitución de su país, desconocer el resultado de un plebiscito y presentarse nuevamente para la reelección indefinida en su país. Vale decir entonces, vamos a aplaudir a un dictador con la solitaria compañía de otra aspirante a dictador.

El canciller Nin Novoa, hundiéndose aún más en el barro del tristísimo papel que está jugando para aferrarse a su sillón se ha manifestado en el día de ayer sobre las bondades de abrazarse a la oprobiosa dictadura venezolana. “Hubo elecciones, la oposición no se presentó y tiene su cuota parte de responsabilidad”, manifestó el canciller en un acto de cinismo incalificable.

Sabe muy bien el Canciller, como sabemos todos, que no hubo elecciones en Venezuela, que el Tribunal Electoral es una parodia de justicia electoral, solo basta escucharlo, y que la oposición sobrevive entre el hambre y la persecución. Cargar las culpas de la situación que sufre Venezuela en la oposición es una actitud que omitimos calificar por respeto a los lectores.

Ante el autoritarismo y las violaciones contumaces de los derechos humanos solo cabe una actitud; la condena sin excusas no justificación. Justificar y aplaudir una dictadura como hace el gobierno uruguayo equivale a hacerse cómplice de sus muertes y sus crímenes. Es doblemente triste esta situación porque se está desconociendo la tradición democrática del país por parte de un gobierno democrático.

¿Qué es lo que lleva al gobierno uruguayo a seguir siendo cómplice de una dictadura asesina que destruyó a su país? Sería pensar demasiado mal de nuestros gobernantes atribuirles intenciones autoritarias y que festejen la muerte y la desolación de Venezuela. Evidentemente también saben lo que sucede allí tan bien como cualquiera, así que no es que ignoren los suplicios de los venezolanos. Solo resta pensar que hay otros intereses, que no son políticos, que entonces son espurios y deben estar vinculados a los oscuros negocios con la satrapía caribeña.

Desde Uruguay solo podemos pedirle disculpas al pueblo venezolano por la indigna actitud del gobierno que hoy tiene nuestro país y expresar nuestro más encendido deseo de que el próximo sepa estar a la altura de nuestra historia, del lado de la democracia y los derechos humanos que el actual desprecia.

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