Radiografía de la campaña electoral: Andalucía se gana por el centro y se pierde en los extremos y la periferia

JUANMA MORENO – MARÍA JESÚS MONTERO
‘Alea Jacta Est’. Andalucía se sumerge en una jornada de reflexión en la que de manera simbólica cada ciudadano se somete a su propio escrutinio personal y decide su voto en las correspondientes elecciones (las autonómicas en este domingo 17 de mayo). Pero al igual que la obligada reserva en el restaurante, cada vez con más antelación, la inmensa mayoría de los llamados a las urnas ya ha dictado su particular sentencia.
Culminaron los 15 días preceptivos de campaña con la sensación, que mañana han de confirmar o desmentir los sobres, de que apenas se ha movido el escenario, y si lo ha hecho ha sido más entre matices que con cuestiones centrales. Esta tierra, como prolongación del país, vive en una campaña electoral permanente que reduce al mínimo la influencia de estas dos semanas; además, el alzamiento nacional de un muro entre dos bloques provoca que los movimientos sólo sean fluctuaciones entre ambas parcelas, sin ‘corredores’ entre uno y otro, por lo que la repercusión existe, pero es de menor impacto.
La tensión ha ido creciendo a medida que se sucedían los días. Las estrategias diseñadas por los partidos sirven como columna vertebral, pero hay que adaptarse a las circunstancias para configurar la fisonomía completa. Las encuestas han determinado en parte las reacciones, si bien han sido los dos debates (el primero de contención, el segundo más agresivo) y la muerte de los dos guardias civiles en Huelva lo que ha terminado de marcar este periodo.
El mapa de la campaña es que los partidos saben perfectamente dónde creen que se juegan el resultado
Los destinos ofrecen algunas pistas sobre la finalidad de los movimientos de las diferentes formaciones, aunque con la irrupción y estabilización de la comunicación digital las fronteras han quedado muy difuminadas. Coinciden todos en los desembarcos en Sevilla, Málaga y Cádiz, por su importancia representativa (18, 17 y 15 parlamentarios, respectivamente) y por motivos geográficos, considerando la capital hispalense como epicentro logístico y de fácil acceso a estas provincias vecinas. Por otro lado, el voto urbano suele ser más abstencionista que el rural. La pugna es durísima en las tres porque hay mayor premio a repartir y eso aumenta las incógnitas, siendo terreno abonado para el mordisco de partidos más minoritarios.
Hay que sumarle Córdoba, donde Juanma Moreno (PP) se juega gran parte de sus aspiraciones de revalidar la mayoría absoluta pues ‘baila’ un escaño. El presidente de la Junta dedicó dos días al inicio tanto a la capital como a municipios como Lucena y Palma del Río, y le dedicó la penúltima fecha. Las ‘periferias’ son más castigadas, especialmente Almería y Jaén, y la ‘estabilidad’ que reflejan las encuestas en Huelva y Granada les ha dejado un poco al margen. No obstante, los cabezas de lista han trabajado con menor foco y mayor esfuerzo en esos lugares, donde han anidado representantes nacionales dando cobertura a los candidatos andaluces. El PSOE ha pasado de visitar el poniente almeriense mientras que Moreno acudió antes de la campaña y al final ‘delegó’ en Feijóo para terminar de arañar algunos votos más en territorio de tradición conservadora.
Los puntos calientes del territorio
El Partido Popular ha querido lucir músculo con una agenda más presidencial y eventos masivos en parques, centros y pabellones, como ocurría en los Jardines de Murillo (Sevilla), en el pabellón de Fuengirola o la Ifeja en Jaén, además del multitudinario acto de cierre. Es café para los muy cafeteros, encuentros dedicados a los militantes y simpatizantes a quienes no es necesario convencer ni ilusionar, sólo agradecer y darse un chute de adrenalina, confianza y fortalecer autoestima. Han sido más significativos los encuentros sectoriales con autónomos, empresarios y trabajadores del campo, las participaciones en foros como los de Nueva Economía y Europa Press, y los actos a pie de calle en Entrenúcleos, la manifestación contra el acoso escolar en Córdoba, las Cruces de Mayo o la Feria de Jerez, donde se intenta persuadir en la distancia corta. Ello en contraposición a las apariciones en los medios nacionales que ofrecen una mayor difusión, sin discriminación. Su fortaleza comunicativa en redes sociales le destaca (después del Chewbacca y la tradicional visita a la vaca, ahora a su nieta, al candidato ya sólo le quedaba cantar) y sólo la espontaneidad de José Ignacio García (Adelante) puede aspirar a igualarla en este espacio digital. Pocos errores, quizás el más absurdo el último al denunciar en la JEA la actuación carnavalesca en Alcalá en jornada de reflexión. Se rectificó horas después.
Moreno ha querido fortalecer su marca, y Génova ha optado por dividir caminos para aumentar alcance y resonancia con la presencia de Núñez-Feijóo en lugares diferentes. En cambio, Ferraz le ha otorgado su máximo respaldo a María Jesús Montero, con Pedro Sánchez, Carlos Cuerpo y José Luis Rodríguez-Zapatero como teloneros de postín, y el cameo inolvidable del viejo rockero Miguel Ríos en Granada. Salvador Illa se quedó finalmente en casa al entender a última hora que no era buena idea traer al ‘President’ para explicar la nueva ley de financiación autonómica diseñada ‘ad hoc’ para Cataluña.
Montero ha sido más de amplios recintos que de calles estrechas, evitando así irrupciones indeseables que pueden arruinar toda una campaña. Aprovechó bien la manifestación del 1 de mayo (Día del Trabajo) en Málaga y en Cártama protagonizó el primer mitin masivo. Luego se fue a la Universidad de Huelva con el expresidente, compartió foro con su sucesor en la Vicepresidencia primera, el ministro de Economía, y luego más terapia de grupo en La Línea de la Concepción (Cádiz), Pulianas (Granada) y Cádiz, acompañada por los dos líderes más movilizadores del socialismo, más los fuegos artificiales del final en Fibes (Sevilla). Ha habido mucho trabajo detrás de las cámaras y reuniones con sindicatos, asociaciones y colectivos. Se ha jugado el voto indeciso en los debates televisados y las entrevistas en programas de máxima audiencia tanto de televisión como radiofónicos. En sus peores momentos, tras el asesinato de los dos guardias civiles y su calificación como «accidente laboral», ha tenido que ‘capar’ los comentarios a sus publicaciones en X (la antigua Twitter) ante la avalancha de indignados y odiadores. La mujer con más poder de la democracia nunca se ha sentido cómoda en su papel de aspirante con mínimas opciones de victoria.
La campaña de Vox se caracterizó por su ascendencia nacional, con Santiago Abascal de gira por Andalucía, a veces en solitario, otras con su candidato Manolo Gavira, con Jerez (Cádiz) como zona de confort y visitando Roquetas, Marbella, Linares, Jaén, Dos Hermanas, Córdoba y el consulado de Marruecos en Algeciras. Radicalmente opuesta a la de Por Andalucía. Antonio Maíllo se ha desprendido del apoyo nacional, disperso y quemado por su acción en el Gobierno central, y ha sido campaña territorial, descentralizada, de resistencia y de ‘puerta a puerta’ en los municipios, más que de grandes despliegues provinciales. Lucena, Castro del Río, Montilla, La Zubia, Sanlúcar, Puerto Real… para terminar en el Tiro de Línea, barrio obrero sevillano y fortalecer el eje Cádiz-Córdoba-Sevilla. Yolanda Díaz (ministra de Trabajo de Sumar) le acompañó el 1 de mayo pero no vino a Chiclana por un esguince. Bustinduy se sumó al final en Málaga. Podemos, integrado en la coalición, fue por su cuenta. Ha sido el más clásico o el más antiguo, según la connotación que se le desee dar al término, y le ha faltado contagiar alegría y esperanza. Contrasta con su competidor del mismo espectro ideológico, José Ignacio García (Adelante), que ha comido carretera para asegurar presencia en todas las capitales y cuya fuerza radica en las redes sociales y sus apariciones estelares en los debates. Fuera de ellas, microactos y sin paraguas nacional, pues es un proyecto netamente andalucista.
Si algo demuestra el mapa de la campaña es que los partidos saben perfectamente dónde creen que se juegan el resultado. Cádiz concentra los conflictos por narcotráfico, agricultura, empleo precario, vivienda y turismo, estos agravados en Málaga, que simboliza a su vez el crecimiento económico; Sevilla es foco de poder y gran termómetro político. Huelva y Almería, con el campo y el agua como ejes dominantes, e incluso Granada, han tenido menos peso relativo en las agendas.
Sanidad, vivienda, educación, estabilidad, convivencia… y poco se habló de corrupción
La confrontación ha sido amarga, agria. Juanma Moreno ha pretendido que la polarización y la crispación nacional no asaltaran esta isla llamada Andalucía. Sin embargo, estos comicios, la última estación del tren electoral, son fundamentales para medir el deterioro del Gobierno de España y la fuerza de la oposición, dividida entre PP y Vox. De ahí que haya sido campo de batalla con los primeros espadas: Sánchez, Feijóo y Abascal. Las palabras más utilizadas por el líder regional del Partido Popular estas dos semanas son estabilidad (o lío), gestión, convivencia, concordia, moderación, serenidad, sensatez.
Ha subrayado las bondades de su gestión durante estos siete años y cuatro meses, reforzadas por indicadores económicos y laborales, y ha prometido mantener esa senda: bajada de impuestos, deflactación del IRPF, eliminación de las tasas por las donaciones de vivienda entre hermanos, construcción de inmuebles y mayor seguridad jurídica, incentivos para autónomos y pymes, turismo y deporte. En general, gestión y confianza, para seguir «transformando Andalucía» desde la tranquilidad. Ha confrontado con María Jesús Montero, a la que ha atacado por su pasado reciente (en el Ejecutivo de Sánchez) y el lejano (consejera de Sanidad), y ha sido duro por su «frivolidad» al catalogar de «accidente laboral» la muerte de los agentes en Huelva. Ha terminado por ‘pelear’ con Vox y las directrices que se marcan desde Madrid por intereses individuales. Ha querido pasar de puntillas sobre la crisis de los cribados y ha contrarrestado con la ley de garantías sanitarias para impedir recortes de presupuesto y profesionales en el futuro.
Montero lo ha fiado todo a la sanidad. Ha prometido que acabará con las listas de espera por ley, que creará la Viceconsejería de salud, y ha utilizado el drama del cáncer para dañar a su oponente. «Nos jugamos la salud». En vivienda ha asegurado 100.000 más y un aval para la entrada del piso, sin intereses. Jornada laboral de 35 horas y reparto de beneficios empresariales, bajada de ratio en educación y ampliación de plazas en universidades públicas y la FP. Ya ha pasado del ‘no a la guerra’ (perdió su efecto movilizador) y se presenta como única alternativa real, pero su falta de credibilidad ha ido hundiendo sus expectativas en campaña. No ha logrado la remontada.
Prioridad nacional, los andaluces primero y sentido común, Vox ha convertido su ataque frontal a la inmigración (en su versión, el causante de casi todos los problemas de esta tierra) en el eje transversal de la campaña, y se han apoyado en los pactos autonómicos en otras regiones. El apoyo a agricultura, ganadería y pesca completan un discurso de poderoso carácter ideológico con un ‘leit motiv’ claro: influir en la política del próximo Gobierno andaluz con sus exigencias al PP.
En las antípodas políticas, Maíllo (Por Andalucía) ha diseñado una campaña de cercanía al mundo rural y los barrios obreros (ayer terminó en el Tiro de Línea), y se ha presentado como la verdadera izquierda, la unida, y la transformadora por su intención de gobernar, aunque sea como muleta del PSOE. Su defensa de los servicios públicos es similar a la de Adelante, pero García y su equipo cambian los modos: izquierda alegre, apegada al territorio, sin bridas ni ataduras desde Madrid y apelando al sentimiento. Han dedicado muchos minutos a proyectar sus ideas sobre la Universidad, los comedores escolares y la salud mental, con críticas lacerantes al PP y pellizcos a los socialistas. Curioso que con Ábalos, Koldo y la Kitchen como telón de fondo en los informativos nacionales, la corrupción ha quedado oculta en la trastienda.
Con Moreno vendiendo la estabilidad, la campaña ha estado mucho más marcada por problemas materiales que por debates identitarios clásicos
Con Moreno defendiendo la estabilidad en una esquina del cuadrilátero, y el resto de púgiles atacando al mismo contendiente, incluso compartiendo letra y melodía, la campaña ha estado mucho más marcada por problemas materiales que por debates identitarios clásicos. Sanidad, vivienda, dependencia, empleo, agricultura, turismo o seguridad han dominado casi todas las intervenciones, y los discursos ideológicos han terminado aterrizando en cuestiones cotidianas.
