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Ricardo Bada: Mi encuentro con Irene Papas

Irene Papas — The Movie Database (TMDB)

 

Para el mejor entendimiento del caso les cuento que en el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva los invitados se alojaban en el Hotel Tartessos, propiedad del director del festival, José Luis Ruiz, quien tenía su apartamento en el ático del edificio; y durante los días del festival ese piso estaba abierto (gran buffet, bebidas, todo) para los invitados principales (directores, actores, productores) y los amigos de José Luis y Mercedes, su esposa.

Y lo que pasó es que Irene Papas llegó a Huelva, y José Luis y el jefe de prensa del festival (Vicente Quiroga), ambos amigos míos desde la secundaria, me avisaron de que Irene Papas no iba a estar a disposición de los periodistas nada más que en una rueda de prensa, nada de entrevistas individuales. Me di por enterado de ello, y luego de la rueda de prensa IP se metió al ascensor con Vicente y conmigo, para tomar un aperitivo arriba, en el ático de José Luis.

Y ahí en el ascensor este diálogo: «Irene, me han dicho José Luis y Vicente que no vas a conceder entrevistas individuales». (A Vicente se le prendieron todos los timbres de alarma porque me conoce desde que teníamos 15 años). E Irene: «Sí, la condición fue esa, sólo la rueda de prensa». Y yo: «¿Y tampoco le concederías una a la Deutsche Welle?» Un breve silencio, e Irene«Eres bastante hijueputa, pero eso ya lo sabes».

Acá tienen que saber que durante los años de la dictadura de los coroneles, en Grecia, el servicio griego de ondas cortas de la Deutsche Welle fue la voz de la libertad para los griegos: en la redacción griega de nuestra emisora todos eran exiliados contrarios a los militares, y Alemania  estaba en contra de la dictadura de Atenas, así que los griegos, en Grecia, para saber lo que estaba pasando en su país, a la noche conectaban con nuestro programa. Fíjense cómo sería la cosa que cuando el régimen militar cayó, nuestra redacción griega casi se despuebla, y su director fue el primer ministro de Información de la democracia restaurada. O sea, a un redactor de la Deutsche Welle no, a él, Irene Papas no le podía negar en absoluto una entrevista.

Entramos al ático y cuando José Luis nos vio a ella y a mí sentados en un rincón, con la grabadora y el micrófono en medio, se acercó con el alma en vilo a Vicente, que lo tranquilizó: «El hijueputa se lo pidió en alemán y ella no supo resistirse». Un chiste, claro.

Y yo, luego, en la sala de prensa, como nunca me han gustado lo que en Colombia llaman las “chivas” (al menos esas), puse la grabadora en la mesa central y anuncié que tenía una entrevista personal con Irene Papas, que si la querían escuchar y aprovechar el material, adelante. Y pulsé PLAY.

 

 

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