HistoriaPolítica

Rómulo Gallegos, magisterio parlamentario

Rómulo Gallegos, la emoción original de la bondad – América 2.1

 

Rómulo Gallegos, llamado en justicia “El Maestro”, lo recordamos como autor de novelas fundamentales para entender a Venezuela, también por su breve Presidencia de la República, trascendente por ser la primera emanada directamente del voto popular, universal y secreto, un hito de tal magnitud que ninguna constitución posterior se ha atrevido a cambiar y que solo las trapacerías del poder arbitrario, tristemente recurrente en nuestro devenir, han podido driblar, en 1957 con efímera suerte. Pocos saben que fue diputado al Congreso.

Recientemente se dedicó a “Rómulo Gallegos y su relación con el Derecho” la más reciente Jornada “Aníbal Dominici”, evento realizado cada año con la organización de la Asociación Civil Juan Manuel Cajigal, cuya alma y motor es su presidente, el distinguido jurista anzoatiguense José Getulio Salaverría Lander, varias décadas consagrado a la ley, su conocimiento y comprensión, al cumplir sesenta y cinco años su promoción abogados, de la que el Maestro es epónimo.

En un lujo de evento con ponencias que compitieron en calidad, Carlos Ayala Corao explicó el papel de Gallegos en la tutela internacional de los Derechos Humanos. Carlos Camero Camero, Rogelio Pérez Perdomo y Horacio Biord le siguieron relacionando su literatura con la legalidad, camino que siguió Ramón Escovar León quien considera que Doña Bárbara expresa un proyecto político. César Carballo Mena desde Canaima trató la preciariedad y vunerabilidad laboral. Gustavo Urdaneta se apoyó en la Ley del Llano para reflexionar sobre las venturas y desventuras del Estado Federal Descentralizado. Julie González de Kancev elaboró sobre la “barbarie transversal” en nuestra historia. El historiador Luis Perrone habló de sus dilemas y contradicciones complementado por León Hernández con una relectura de prensa que retrata el feroz sectarismo de la diatriba política en la época. Y Jesús María Casal, quien expuso acerca del Gallegos “en la antesala del parlamento de la democracia”. Su mandato era el fruto de una elección indirecta, nacida de un concejo municipal votado solo por los hombres, mayores de veintiún años que supieran leer y escribir, con una participación política restringida, en un período de muy cautelosas reformas desde dentro y desde arriba en el sistema.

Comprenderá el lector que, de tanto material interesante, me concentre en este último, tan vinculado a mi vocación personal como a mis estudios académicos.

Gallegos le había sacado el cuerpo a una senaduría por Apure, regalada por el dedo de un Gómez encantado con Doña Bárbara. Prefirió el destierro y desde Nueva York, renunció. Pero con la apertura protagonizada por López Contreras, otro venezolano fundamental, regresó al país y se atrevió a participar en la política. Ministro de Instrucción Pública, concejal y diputado por Caracas, en la renovación parcial de la Cámara originada antes de diciembre de 1935, junto a Oscar Augusto Machado y Martín Pérez Guevara, en una delegación capitalina que completaban Braun, Paul y Urbaneja Achelpohl.

Con todas sus reservas por su origen, un actor del 18 de Octubre, Gonzalo Barrios, prologuista de los dos tomos de Rómulo Gallegos Parlamentario advierte que “Debemos cuidarnos de reservas excesivas frente a aquellos Congresos” pues “ostentaron alguna relativa representatividad” y que en su seno la mayoría oficialista “comprendía igualmente algunos compatriotas distinguidos, sinceramente adscritos a lo que consideraban ‘el orden’ (…) pero que gozaban personalmente de merecida buena reputación”. La edición de 1981 es de Centauro y la patrocinó el Congreso presidido por Godofredo González. Todo un botón de muestra de pluralismo para quien busque comprender.

De los tres intensos años de la vida parlamentaria de Gallegos, queda en los diarios de debate el testimonio de sus convicciones democráticas firmes y serenas, su integridad personal, su patriotismo sin pose. Intervino sobre educación, su prioridad absoluta, también sobre asuntos constitucionales, administrativos y una impresionante variedad de materias desde política exterior hasta riego, pasando por régimen penitenciario, ecología, corrupción, protección a los menores, arrendamientos urbanos, agricultura y cría, elecciones, obras públicas, presupuesto, libertad de prensa, salud, administración de justicia.

En sesión de 1937 afirmó no haber venido “en oposición sistemática” ni interesarle “ni siquiera que me llamen de izquierda”. Se define “Soy un hombre con una ideología, claro está, pero sobre todo un hombre que procura el bien de su país…”, hace “…una simple exhortación al patriotismo indudable de todos los que me oyen, por los cuales siento un igual aprecio” y en su inseparable vocación de maestro, continua:

Hay dos formas de violencia que hacen imposible el vivir. La violencia contra el cuerpo: necesidades insatisfechas, prisiones, destierros, torturas, vejámenes; y la violencia contra el espíritu: impedir la libre manifestación de la personalidad, y crear esa atmósfera de inseguridad y amenaza, que, planteando el dramático conflicto entre la dignidad y la conveniencia, induce al relajamiento de las virtudes cívicas y lleva a la desmoralización y envilecimiento de los espíritus.

Por la constitución de 1961 volvería al Congreso como senador vitalicio por haber sido Presidente Constitucional de la República, esta vez junto a Eleazar López Contreras. Otra lección de nuestra propia historia.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba