DictaduraEconomíaHistoriaPolítica

Señor ministro de Economía de Cuba, aquí algunas recomendaciones para usted si Maduro cae

La deriva de la crisis venezolana crea un escenario incierto para el régimen cubano, que podría estar a punto de perder al que ha sido uno de sus principales aliados económicos durante dos décadas.

Los economistas Carmelo Mesa-Lago, Mauricio de Miranda, Elías Amor y Emilio Morales, consultados por DIARIO DE CUBA, analizan los peligros que representa para la Isla la situación actual en el país sudamericano, así como las posibles salidas, si el Gobierno de Díaz-Canel estuviera dispuesto a implementarlas.

¿Está Cuba mejor preparada que en los años 90 para aguantar una crisis si cae Maduro?

Carmelo Mesa-Lago: Sí, por las razones siguientes: Cuba ha diversificado substancialmente sus socios comerciales; así, su intercambio comercial con la URSS alcanzó un 72% en 1987, mientras que con Venezuela fue del 44% en su cúspide (ahora es del 17%). En los 90 no había remesas enviadas por cubanos en el exterior; las mismas aportaron 3.515 millones de dólares en 2017 (la segunda fuente de ingresos en divisas de Cuba). El turismo internacional era exiguo hace 30 años y también el ingreso correspondiente: en 1989 hubo 270.000 turistas que dejaron 168 millones de dólares, mientras que en 2017 hubo 4,69 millones de turistas que aportaron un ingreso de 3.318 millones (la tercera fuente de ingreso en divisas). La producción de petróleo ha aumentado tres veces, de 718.000 toneladas en 1989 a 2.449.000 toneladas en 2017, reduciendo la dependencia en la importación.

Sin embargo, Cuba perdería su principal fuente de divisas, que son las compras de servicios profesionales (médicos, enfermeras, etc.) por parte de Venezuela: 6.046 millones de dólares en 2017 (una caída del 23% respecto a la cima en 2013). A esto se suma la cancelación del contrato de 8.000 médicos en Brasil y en otros países. Además, Venezuela envía a Cuba 55.000 barriles de petróleo diarios (más otros cargamentos de Rusia que financia PDVSA).

Elías Amor: Cuba no está mejor preparada para afrontar la crisis inminente en caso de que Venezuela se venga abajo: Primero, las políticas raulistas (los lineamientos, el plan estratégico, etc.) no han servido para que la economía crezca (las tasas medias de crecimiento del PIB desde 2006 se sitúan por debajo del 2%), ni para articular un sector privado potente. Segundo, las fuentes externas de ingresos (turismo, inversión extranjera, remesas, etc.) no han dado los frutos esperados porque el régimen no ha sido capaz de diseñar políticas adecuadas para ello en ninguno de estos ámbitos. Tercero, el bajo nivel de salarios frena la capacidad adquisitiva de la población, en tanto que los abultados déficits públicos y el nivel de endeudamiento interno/externo dificultan el desarrollo de la formación bruta de capital que se sitúa en los más bajos niveles de porcentaje sobre PIB, por debajo del 10%.

No es posible afrontar un escenario de pérdida de ingresos petroleros a corto y medio plazo con este entorno económico, por lo que es de esperar una debacle inmediata, con graves consecuencias para la población.

Emilio Morales: Es difícil asegurar que Cuba está mejor preparada en caso de que caiga el soporte venezolano en comparación con la crisis de los 90. Son dos escenarios distintos en circunstancias políticas, sociales y demográficas distintas. Sin embargo, ambas enfrentan un mismo dilema: el colapso de una economía extremadamente ineficiente.

Casi han pasado 30 años entre un escenario (crisis de los 90) y el otro (crisis actual). Actualmente, una buena parte de la población en la Isla está envejecida (el 20,1% tiene 60 o más años de edad), los jóvenes están ideológicamente menos comprometidos, su deseo de emigrar para mejorar su estándar de vida y el de sus familias es más fuerte.

Por otra parte, el sistema sigue siendo decadente; es insostenible e insalvable desde el punto de vista económico. Desde el punto de vista social, es obvio que el sistema ya no arrastra a las masas, ya no atrae. El acto de poner a soñar a las nuevas generaciones se ha apagado, hoy se ha convertido en una pesadilla, es un lastre, un martirio, una agonía que muchos sienten que no termina y se han acostumbrado a vivir con ella. Desde el punto de vista político es el proyecto más anacrónico y aberrante que hoy todavía patalea por sobrevivir contra viento y marea en pleno siglo XXI. Es la antítesis del desarrollo, el progreso y la prosperidad.

La mejor arma que tiene Cuba para aguantar la crisis venezolana es su diáspora, es su exilio, pues es quien hoy soporta financiera y emocionalmente a la familia cubana. Las remesas en efectivo y mercancías que hoy llegan a la Isla anualmente (6,5 billones de dólares de forma conjunta) son la mejor arma de sobrevivencia que tienen los cubanos. En los últimos 11 años, la población cubana ha recibido 29.948 millones de dólares en remesas en efectivo. El 90% de este dinero ha salido de Estados Unidos. Además, ha recibido en igual período 27.321 millones de dólares en mercancías. De forma conjunta, la población cubana ha recibido de su diáspora un total de 57.269 millones de dólares en los últimos 11 años.

Sin lugar a duda, las remesas constituyen actualmente el activo financiero más rentable de la economía cubana. No solo su volumen supera de forma conjunta a los siete rubros exportables más importantes de la economía del país (turismo, productos de minería, azúcar y sus derivados, medicamentos, productos del mar congelados, tabaco y productos agropecuarios), sino que constituyen el 50,8% de la fuente de ingresos de la población cubana.

Hoy en día los ingresos de remesas (en efectivo y mercancías) tienen más peso en la economía del país que el intercambio comercial conjunto de Cuba con China y de Cuba con Venezuela. Estas se han convertido en el soporte financiero que ha evitado el colapso económico del país en los últimos 11 años. En 2018 viajaron a la Isla 628.525 cubanos residentes en el exterior, de ellos 521.059 fueron cubanosamericanos.

Esta realidad denota cuán dependiente es la economía cubana de su diáspora y el nivel de vulnerabilidad que tiene por esa alta dependencia de un factor externo que el Gobierno cubano no puede controlar, ni tampoco tiene la capacidad estructural y económica para contrarrestar, por los bajos niveles de producción y rentabilidad de la estructura empresarial centralizada de la Isla.

De mantenerse el escenario actual, las remesas a Cuba van a sufrir una fuerte desaceleración de su crecimiento para los próximos años, lo cual podría agravar aún más la crisis actual que presenta la economía cubana. Sobre todo porque el Gobierno no ha dado señales de estar dispuesto a llevar a cabo cambios estructurales que viabilicen la liberación de las fuerzas productivas y permitan revertir la crisis.

El posible deterioro de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos que impliquen sanciones al Gobierno cubano, como reducir los viajes de los exiliados y las remesas a Cuba a los niveles de la era de Bush (solo un viaje cada tres años y el envío de solo 300 dólares cada tres meses), sería catastrófico para la economía cubana.

Mauricio de Miranda: A pesar de la gran dependencia que Cuba tiene con Venezuela, esta es considerablemente inferior a la que tenía con la URSS. Adicionalmente, en los últimos años, ha decrecido notablemente, el intercambio comercial entre los dos países. De 8.562 millones de dólares en 2012 pasó a 2.213 millones en 2017, de manera que de un 44,2% que representaba en 2012 se ha pasado a un 17,6% del total, en un contexto en el que el intercambio comercial de Cuba ha descendido notablemente en general.

Las exportaciones cubanas de bienes se contrajeron de 2.483 millones de USD en 2012 a solo 375 millones en 2017 y las importaciones pasaron de 6.078 millones de USD a 1.838 millones en el mismo período. Estas cifras no incluyen los ingresos que Cuba recibe de Venezuela por los servicios profesionales prestados, principalmente de los médicos que se encuentran en ese país.

De acuerdo con las cifras oficiales cubanas, puedo estimar (porque la cifra no se ofrece) que las exportaciones de servicios a precios corrientes en 2017 fueron de 11.681 millones de dólares. Si se tiene en cuenta que los ingresos por turismo internacional fueron de 3.301 millones de dólares en ese año (el último del cual existen estadísticas), eso nos deja con unos ingresos de 8.380 millones de dólares, de los cuales, Pavel Vidal ha estimado que 5.434 millones los generaría Venezuela.

Si estas cifras son ciertas (y esto no lo podemos saber debido al apagón estadístico que mantiene el Gobierno cubano), eso significa que Venezuela podría estar representando el 41,2% del total de ingresos en divisas del país, lo cual no es una magnitud despreciable.

Es decir, el impacto de la caída de Venezuela, si se produce, seguido del cierre del programa de médicos en Brasil sería un muy duro golpe para la economía cubana.

En los casi 30 años que han pasado desde la desaparición de la URSS y el inicio del llamado «Período Especial», Cuba no ha realizado las reformas necesarias para asegurar que algo como lo que ocurrió entonces no se repita. El único elemento a favor es que al menos el comercio está más diversificado en su estructura geográfica, pero la economía cubana no cuenta con alternativas viables para evadir una nueva crisis de grandes proporciones.

¿Es exagerado pensar en un nuevo Período Especial en Cuba? ¿Por qué?

Mauricio de Miranda: No sería exagerado pensar en un nuevo Período Especial en caso de que un cambio de Gobierno en Venezuela interrumpa los vínculos con Cuba.

Cuba podría encontrar alternativas a los suministros petroleros y, al parecer, a eso obedece la visita de Rodrigo Malmierca, ministro cubano de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, a Argelia y Qatar; pero lo que sería muy difícil reemplazar son los ingresos en divisas que proporcionan los profesionales cubanos en Venezuela.

La oferta exportable de mercancías de Cuba se ha reducido notablemente en los últimos años, de manera que los servicios profesionales y el turismo, en segundo lugar, son los que garantizan la inserción económica internacional del país, que desde el punto de vista productivo no es capaz de asegurar sus necesidades.

Carmelo Mesa-Lago: Si bien el impacto económico de la crisis sería menor [que en los 90], habría un efecto nocivo en el consumo, los servicios sociales, etc.

En 1989 la economía cubana estaba muchísimo mejor que en 2019, de manera que ha había un deterioro considerable antes del shock de la crisis. Además, sería políticamente más difícil de manejar la crisis porque Fidel ya no está y las grandes expectativas del pueblo de que las reformas estructurales de Raúl mejorasen la economía y el nivel de vida no se materializaron, creando un considerable descontento en la población.

Elías Amor: No es exagerado pensar en un nuevo «Período Especial» con caídas de la producción y la actividad inferiores a las que supuso la desaparición del bloque soviético en 1990.

Los componentes de la demanda interna están muy debilitados por la excesiva participación del Estado en la actividad económica, ineficiente y de baja productividad y competitividad. La demanda externa, solo apoyada en la venta puntual de servicios médicos y profesionales o las remesas de los emigrados, no es suficiente para afrontar el déficit comercial a medio y largo plazo.

La economía se encuentra en bancarrota estructural. No tiene acceso al crédito internacional de forma regular por no aceptar las recomendaciones de las instituciones (FMI, Banco Mundial). Ella sola se instala en un círculo vicioso del que no sabe o no quiere salir y, por ello, cualquier cambio inesperado puede provocar graves consecuencias.

Emilio Morales: No es exagerado pensar que se acerca un nuevo «Período Especial», es un escenario realista. Los rápidos y contundentes sucesos acaecidos en los primeros dos meses de 2019 en la escalada de la crisis venezolana, más los malos resultados alcanzados por la economía cubana en 2018, ponen en perspectiva una alta probabilidad de que se produzca una rápida profundización de la crisis económica a niveles que pudieran ser similares a los de la década de los 90, y que van a impactar también con mucha fuerza en el ámbito político y social del país.

Ante un escenario que se puede catalogar como uno de los más complejos que ha tenido Cuba en los últimos 60 años, la octogenaria élite gobernante sigue aferrada a su arcaico e inservible modelo económico y su atrincheramiento en una absurda ideología que no le permite abrirse al libre mercado y liberar las fuerzas productivas. Sin embargo, en poco meses, dado el escenario adverso que presenta actualmente la economía cubana, agudizado por la crisis venezolana y las sanciones que pudiera implementar EEUU en el corto plazo, la economía cubana pudiera colapsar.

Varios factores de peso avalan y justifican este escenario. Entre los más importantes podemos mencionar los siguientes: la caída abrupta del intercambio comercial entre Cuba y Venezuela en un 74,14% (más de seis billones de dólares), el fracaso de las reformas implementadas por Raúl Castro en los últimos 10 años, las trabas que ha impuesto el Gobierno al sector no estatal para limitar su expansión y desarrollo, y que ha generado una fuga considerable de capital hacia el exterior por parte de los emprendedores, en un momento en que la Isla acentúa su déficit crónico de captación de inversión extranjera.

A esto hay que agregar la baja del turismo y el bajo crecimiento del PIB, la disminución de los niveles de exportación de los principales sectores de la economía cubana, la falta de liquidez, el incumplimiento del pago a los proveedores suministradores de productos y materias primas, así como el incumplimiento del pago de la deuda externa a los principales deudores, lo que limita el acceso a créditos internacionales, etc.

Desde ya se observan los primeros síntomas de que este escenario se aproxima. La escasez de varios productos de alta demanda en la red de tiendas dolarizadas es un elemento que denota la carencia de divisas del Gobierno para hacer las compras en el exterior. En este caso se puede mencionar productos como el pollo, la harina, el aceite vegetal, pastas, picadillo de carne, etc. En el mercado normado (libreta de abastecimientos) es notable la ausencia de huevos, pan, pollo y otros productos.

En los próximos meses, de continuar agudizándose la crisis venezolana, comenzará a escasear el combustible y comenzarán los apagones. Si el desenlace de la crisis de Venezuela propicia la salida de Maduro, el camino hacia un nuevo Período Especial sería más expedito.

Por otra parte, si al escenario actual le agregamos posibles sanciones de la Administración Trump al Gobierno cubano, como por ejemplo la reincorporación de Cuba a la lista de países terroristas y la implementación del Capítulo III de la Ley Helms-Burton, esto tendría un efecto demoledor sobre las aspiraciones del Gobierno cubano de poder atraer inversiones y, al mismo tiempo, se convertiría en un muro de contención muy persuasivo para los intereses de los inversionistas ya radicados en la Isla o los que todavía valoran entrar en la búsqueda de su pedazo de pastel.

De aplicarse el Capítulo III de la Ley Helms-Burton, el mercado cubano se convertiría en un campo minado que habría que saber caminar con extremo cuidado para no sucumbir a un posible litigio en cortes norteamericanas. La mayoría de los sectores claves de la economía cubana se verían afectados: turismo, níquel, industria azucarera, agricultura, infraestructura aeroportuaria y portuaria, entre otros.

Por ejemplo, en el sector turístico la afectación sería muy profunda, la llegada de turistas al país podría caer estrepitosamente, pues decenas de turoperadores podrían abstenerse de enviar turistas al mercado cubano por temor a represalias financieras. Igualmente, empresas que tienen a cargo la administración de decenas de hoteles en la Isla podrían renunciar a operar en el mercado cubano.

De aplicarse el Capítulo III en las próximas semanas, el sector turístico cubano podría tener en el presente año pérdidas estimadas en 1,3 billones de dólares.El arribo de turistas se estima pueda caer un 31,56%, lo cual significaría 1.493.581 turistas menos que en 2018. Esto sería un duro golpe para la economía del país.

El sector que menos impacto tendría sería el de la biotecnología, el cual surgió después de la Revolución y, por consiguiente, sus marcas y patentes fueron creadas después de los años 80. El único riesgo que corre esta industria ante la ley Helms-Burton es que alguna de sus plantas para producir medicamentos o sus unidades de investigación haya sido construida en terrenos confiscados.

Si fuera ministro de Economía de Cuba, ¿qué le recomendaría a Miguel Díaz-Canel?

Elías Amor: Hacer justo lo contrario de lo que están haciendo, voluntad política para cambiar lo que no funciona, y apostar por un sistema basado en la democracia, libertad, el Estado de Derecho y la separación de poderes, elecciones plurales y respeto a los derechos humanos. Esos elementos hacen que un país prospere.

Para ello es fundamental, en primer lugar, que Cuba asiente su economía sobre un marco jurídico estable de protección de los derechos de propiedad para todos los cubanos; para que todos los cubanos puedan dedicarse a lo que deseen, a trabajar por cuenta ajena o propia en cualquier rama de actividad, crear empresas de cualquier forma de organización y establecer acuerdos con extranjeros libremente, etc.

En segundo lugar, restaurar el mercado como instrumento de asignación de recursos, suprimiendo la planificación central y la intervención estatal como modelo de dirección económica de la nación. Y, en tercero, reducir el peso del Estado en la actividad económica del actual 80% a poco más de un 25-30% en el menor tiempo posible, abriendo espacios para el ejercicio pleno de la actividad privada.

Si realmente lo desea, el Gobierno cubano tiene un modelo para seguir en las reformas del Doi Moi de Vietnam, que ha permitido a ese país en el curso de 30 años convertirse en un país en vías de desarrollo competitivo y con una economía potente.

Emilio Morales: Es difícil recomendar a quien no gobierna en la Isla, a quien no toma decisiones. Las recomendaciones de los ministros en Cuba no son un mecanismo habitual en la forma de gobernar en la Isla, este es un protocolo que ha estado ausente por casi 60 años. Las órdenes y las estrategias bajan del PCC, de su Buró Político y de su máximo líder, en este caso de Raúl Castro.

En realidad, no quedan muchas opciones para recomendar, pues con el escenario que se avecina invertir hoy en Cuba va a ser con seguridad para los inversionistas extranjeros un juego de azar más peligroso que la ruleta rusa. Sin embargo, lo más alarmante es que no hay un vestigio de esperanza de que la cúpula gobernante vaya a hacer un cambio estructural en la economía del país ante estos escenarios tan adversos que se avecinan. Prueba de ello ha sido la reciente imposición de la nueva Constitución que, a todas luces, carece de la legitimidadque le hubiese otorgado una verdadera Asamblea Constituyente, un proyecto que fue diseñado como un traje a la medida para que la cúpula octogenaria siga dirigiendo el país aun después de muertos sus integrantes.

Al menos por ahora no existe el más ligero asomo de que vaya a ocurrir un cambio en el pensamiento estratégico de la cúpula gobernante. Cuando en poco tiempo llegue la hora cero y el barco comience a hundirse, veremos si el Gobierno cubano tiene al menos la sagacidad y el intelecto para hacer un cambio de pensamiento estratégico para revertir la profunda crisis que se avecina.

Obviamente, este cambio de pensamiento estratégico tardío tendría que venir acompañado de profundos cambios estructurales en la economía, que permitan una liberación expedita de las fuerzas productivas, la implementación de un marco legal apropiado para que los cubanos residentes en la Isla y en el exterior puedan invertir en su propio país con las mismas ventajas y prerrogativas que hoy lo hacen los empresarios extranjeros, un marco legal que permita la libre empresa y conceda el derecho de todos los cubanos a tener una empresa con personalidad jurídica.

Mauricio de Miranda: Sería muy pretencioso responder como si fuera el ministro de Economía de Cuba, pero como economista le diría muchas cosas a Díaz-Canel.

Le sugeriría crear un «Consejo Económico Asesor» en el que sentara a profesionales capaces, que expresen sus ideas con toda libertad y sin temor a ir a un «plan pijama», y al cual se le haga caso.

Le sugeriría abordar, de una vez, el tan dilatado tema de la unificación monetaria, y negociar la entrada de Cuba al FMI y al Banco Mundial para contar con un crédito que permita soportar la unificación monetaria sin que se desate una estampida inflacionaria.

Le pediría que profundice las reformas, orientando la economía hacia un mercado regulado, pero no con los actuales niveles de control y asfixia que desestimulan el emprendimiento y la inversión. Creo que es necesario estimular la inversión de cubanos residentes fuera de Cuba, haciéndolos partícipes de la reconstrucción y de la modernización del país, porque en las condiciones en las que estamos, Cuba necesita ser reconstruida y modernizada.

Pero tanto para atraer inversión de cubanos residentes en el exterior como para atraer inversión foránea es imprescindible crear un clima adecuado para los negocios, con reglas claras y transparentes; es decir, crear las condiciones institucionales necesarias para el que el país progrese.

Además, le diría que para que los economistas podamos hacer bien nuestro trabajo, asumiendo que todos queremos que el país prospere, necesitamos información y para ello es importante que las cifras dejen de ser secretas y conocidas solo por unos pocos porque, además, es nuestro derecho conocerlas, de acuerdo con la nueva Constitución (Artículo 53). Esto, solo para empezar.

Carmelo Mesa-Lago: Acelerar y profundizar las reformas económicas: garantizar la propiedad privada y abandonar la obsesión de evitar «la concentración de la riqueza y de la propiedad» (como hizo Deng Xiaoping en China); expandir y apoyar al cuentapropismo; crear mercados al por mayor para el sector no estatal y concederle microcréditos; extender los contratos de usufructo de los 20 años actuales a tiempo indefinido (como en China y Vietnam); de igual manera, permitir que los campesinos privados, los usufructuarios y los cooperativistas agrícolas decidan qué sembrar, a quién vender y fijar los precios de sus productos por oferta y demanda (o sea, terminar definitivamente con el acopio). Asimismo, permitir a los inversionistas extranjeros contratar y pagar directamente a sus empleados.

Estas medidas mejorarían la economía haciendo posible la unificación monetaria que se ha postergado por casi un decenio.

 

 

Etiquetas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cerrar
Cerrar