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Su majestad la papa

Por: Gabriel Rumor

Los peruanos saben perfectamente que la humilde papa, ennoblecida por  Neruda  en una de sus odas, merece ubicarse junto al arroz, el trigo y el maíz como los pilares fundamentales de la civilización, porque su cultivo iniciado hace ochenta siglos en las riberas del lago Titicaca aseguró la supervivencia de los pueblos andinos.

PLANETA VITAL ha vuelto sobre los pasos de una excursión hace seis años al Parque Internacional de la Papa, un área de 90 kilómetros cuadrados cercana a Cusco, a una altura promedio de cuatro mil metros, donde los agrónomos actualizan las prácticas indígenas ancestrales para identificar variedades genéticas con el suficiente vigor para resistir el cambio climático e incluso ser trasplantadas como alimento de los futuros colonos espaciales.

El Parque de la Papa

En el parque, los curiosos tienen la ocasión de asistir al ritual de Papa Watay, donde se “amarra la papa” para que la cosecha sea óptima, asegurando que el espíritu del tubérculo no pueda elevarse dejando indefensos los cultivos,admirar la rica tradición textil a base de tintes naturales extraídos de plantas y minerales que se exponen en centros artesanales en Pisaq, Amaru y otros pueblos de la región, y observar en plena libertad una fauna que incluye venados, chinchillas, pumas, zorrillos y colibríes.

Recolección de papas en Perú. Foto The New York Times

Se conservan allí algunas de las 1367 variedades cultivadas en el Valle Sagrado de los Incas, que ostentan  nombres quechuas tan pintorescos como nariz de alpaca,  garra de puma, o, literalmente, hacer llorar a tu suegra, por la dificultad que implica despojarla del durísimo pellejo.

Sus colores son infinitos y en cuanto a textura hay algunas polvorientas y otras cerúleas; dulces algunas y otras tan amargas que exigen una prolongada cocción, pero todas enfrentan el reto del calentamiento global y una larva dañina que devora los tubérculos subterráneos, y por eso el empeño de los científicos en la diversidad para que las plantas puedan adaptarse a las nuevas condiciones.

 

Variedades de papas peruanas

Con el valor agregado de que todo se realiza mediante las mismas prácticas de los antiguos incas, sin manipulación de ingeniería genética; los resultados son almacenados en un banco de semillas y cada ejemplar en bolsas minuciosamente codificadas, a una temperatura que previene su germinación y, en ocasiones, son transferidos a otros países, como sucedió con las muestras que yacen ahora congeladas en el depósito de la isla noruega de Svalbard.

En Lima funciona mientras tanto el Centro Internacional de la Papa (CIP), que guarda más de 4.600 tipos del vegetal en el banco genético in vitro más grande del mundo y trabaja en Asia y Africa en proyectos que, junto con llenar los estómagos de los nativos, alimenta las finanzas de la institución, gracias a variedades fortalecidas y de rápido crecimiento que, como en China, han incrementado una productividad vital por la escasez de agua y de espacio en el más importante productor del planeta.

Una de las piezas de Manuel Limay

Allí, el artista cajamarqueño Manuel Limay presenta ahora la exposición “Donde respira la tierra”, que explora la chacra andina gracias a un conjunto de piezas escultóricas e imágenes reveladas directamente sobre pulpa de papa liofilizada mediante emulsiones fotosensibles elaboradas a base de clorofila y sales de hierro, y papas reales situadas sobre tierra en reposo, recreando simbólicamente el suelo cultivado dentro de un espacio museográfico.

Cuando se sabe que, según la FAO, perdimos dos terceras partes  de la diversidad vegetal durante el pasado siglo y que hasta un 22% de la existente ya no existirá a mediados de éste por el cambio climático, la veneración del Perú por su planta emblemática adquiere mayor importancia.

Convocada a un nuevo papel estelar, quien cruzó providencialmente el Atlántico en las carabelas de los descubridores  motivando las loas del poeta chileno a su materia dulce, almendra de la tierra, delicia universal, silenciosa harina de la noche subterránea, tesoro interminable de los pueblos y enemiga del hambre en todas las naciones donde enterró su bandera vencedora para que pronto, en el frío o en la costa quemada, apareciese su flor anónima enunciando la espesa y suave natalidad de sus raíces.

Y evitando que una Europa famélica fuera borrada del mapa…

Varsovia, mayo de 2026

 

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