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Tina Modotti y el comunismo cubano

Recientes elogios hacia la que fuera amante de Julio Antonio Mella parecen totalmente infundados

MIAMI, Estados Unidos. ─ Un ameno trabajo de la colega Tania Díaz Castro sobre la señora Tina Modotti, publicado el pasado lunes en las mismas páginas de este diario digital, hace que me sienta obligado a escribir una vez más sobre tan controvertido personaje.

Doña Tania califica a la mencionada fémina de “inigualable mujer” y afirma que “desafió a la sociedad con temas como el amor libre, los convencionalismos y la moralidad”. También la califica como “artista librepensadora que combatió la hipocresía, los prejuicios humanos y la maldad”.

Confieso que no puedo ocultar mi asombro ante un pronunciamiento como este último, ¡y hecho nada menos que por una víctima de la protervia comunista! Como se sabe, la señora Díaz Castro tuvo una participación destacada en el surgimiento de la primera organización política nacida en la etapa actual de lucha pacífica contra el totalitarismo: el Partido Pro Derechos Humanos de Cuba (PPDHC), razón por la cual sufrió arbitrario encarcelamiento.

Como en aquella época aún no se me había prohibido el ejercicio de la abogacía, tuve la ocasión de suscribir el correspondiente convenio de servicios jurídicos para su defensa. Pero, en definitiva, no tuve que actuar en juicio. La activista fue puesta en libertad. A raíz de ello, cesó su actuación en el PPDHC; más adelante, se centró en trabajar como periodista independiente, gracias a lo cual hemos podido disfrutar, a lo largo de los años, de textos excelentes de su autoría.

Pero retornemos a Tina Modotti, que es el tema que nos ocupa. Al respecto hay que decir, ante todo, que la referida señora era comunista. Y deseo recalcar que, con esto, no le estoy dirigiendo un insulto gratuito: la propia interesada reconoció siempre poseer esa condición y militó con gran orgullo en el partido que llevaba ese nombre repulsivo.

Para colmo de males, lo hizo en la época del ascenso y consolidación en el poder del genocida que pasó a la historia por su alias delincuencial: Stalin. Este asesino se arrogó la jefatura de la secta a nivel planetario. Más adelante veremos que la militancia de la “artista librepensadora” la condujo a participar en al menos uno de los crímenes ordenados por el georgiano asentado en el majestuoso Kremlin moscovita.

Antes de proseguir, quisiera dejar sentado que no me anima el menor propósito de atacar personalmente a la Modotti. Varios de los calificativos que le atribuye mi colega pueden ser acertados. También lo son otros que doña Tania no le asigna al personaje en cuestión, pero que yo no vacilo en otorgarle, como los de hermosa mujer y excelente fotógrafa. Lo que provoca mi rechazo no es su persona, sino la doctrina perversa que abrazó y por la cual trabajó. Y esto nos lleva directamente a los vínculos que estableció Tina con nuestro compatriota Julio Antonio Mella durante el exilio de ambos en México.

En otro artículo publicado en diciembre de 2020 en CubaNet aclaré una confusión de otro colega, que en una crónica pintaba a dicha señora como compañera en la vida del fundador de la FEU, olvidando a su esposa legítima, la cubana Oliva Zaldívar Freyre, con la cual Mella incluso tuvo hijos.

Se trata de otra mentira más de los comunistas. Como todo indica que esta última señora, a diferencia de la Modotti, no comulgaba con el marxismo leninista, entonces la propaganda roja exaltó a una simple amante de ocasión (que es lo que era esta última) a la condición de mujer del también fundador del Partido Comunista de Cuba.

Secta política esta —por cierto— que lo expulsó después de sus filas por “indisciplina”. Esto, y las inconformidades del levantisco criollo con el régimen brutal implantado por aquellas fechas en la Unión Soviética, lo llevaron a ganarse la enemistad del genocida alias Stalin y del fatídico Komintern, aparato que regía los destinos de los rojos a nivel mundial.

La colega Díaz Castro echa de menos, en el libro que dio pie a su artículo, algún “intento de investigación sobre la muerte de Mella” y puntualiza algo que el aludido texto no contiene: “ni siquiera la sugerencia de los presuntos culpables”. Creo que en esto también yerra la colega: a menudo los escritos del comunismo valen más por lo que callan que por lo que dicen.

Creo que ese es el caso con Mucho más que un cuerpo desnudo, la obrita publicada por la Editorial Pablo de la Torriente Brau. El mero hecho de que su autora, Reina de la Caridad Torres Pérez, escribiendo para una casa de publicaciones comunista, en un país sometido al marxismo leninista, haya callado al respecto, es digno de aplauso.

De ese modo inteligente, la escritora, por omisión, eludió hacerse eco de la versión facilona y mentirosa (que ella, claro, no hubiera podido contradecir impunemente) echada a rodar por los comunistas el mismo día del asesinato de Julio Antonio Mella: que el crimen se produjo a manos de sicarios al servicio del régimen autoritario del general Gerardo Machado.

La verdad es mucho más turbia y nauseabunda: todo indica que el artero homicidio fue perpetrado por agentes comunistas, cumpliendo instrucciones del alto mando del rojerío internacional. Es que el joven líder cubano resultaba demasiado revoltoso, indisciplinado e impredecible para los gustos de Stalin y sus incondicionales.

En ese contexto, correspondió a Tina Modotti, como fiel militante comunista, conducir con un pretexto cualquiera a su amante Mella hasta una esquina apartada de la capital mexicana, señalada de antemano por los complotados, donde lo aguardaban los sicarios para consumar en ese sitio sus macabros planes.

¡Razón de sobra (esa sola) para que, suponiendo que nos haya quedado un resto de simpatía por la señora Modotti tras enterarnos de su condición de comunista, la perdamos por su carácter de asesina!

 

 

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