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Villasmil: Superheroínas contra el coronavirus

 

A raíz de mi nota anterior (Trenes que llegan a tiempo), recibí diversos comentarios, todos afortunadamente enriquecedores, los cuales agradezco, ya que incluso un par de ellos me sirvieron de guía e inspiración para esta nota.

 

«Black widow» y «Captain Marvel»

 

Wonder Woman y Supergirl

 

El título, amigo lector, no hace referencia a las chicas del Universo Marvel –“La Capitana Marvel” o “La Viuda Negra”, por ejemplo-, o de Warner Bros., (como “Wonder Woman”, “Supergirl” o “Batwoman”). Deseo mencionar que en la lucha global contra el coronavirus han destacado, en todas las latitudes y longitudes geográficas, mujeres jefes de Gobierno que son ejemplo de un liderazgo político y social efectivo y real.

Ya he mencionado en un par de ocasiones la eficiencia administrativa, el realismo, la capacidad estratégica y empatía de la neozelandesa Jacinda Ardern. Agreguemos a ella a la taiwanesa Tsai Ing-wen, Sanna Marin en Finlandia, Mette Frederiksen en Dinamarca, Katrin Jakobsdottir en Islandia, Erna Solberg en Noruega y, por supuesto, el líder político democrático más importante del mundo hoy, muy por encima de sus pares masculinos, la alemana Angela Merkel.

Dinamarca, Nueva Zelanda, Taiwán, Finlandia, Noruega, Islandia y Alemania: según datos del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés), son algunos de los países que en el mundo están enfrentando más eficazmente la pandemia.

Y el hecho de que todas esas naciones estén lideradas por mujeres sobresale aún más si tomamos en cuenta que menos del 7% de los líderes globales son del sexo femenino, según estadísticas de la Unión Interparlamentaria Mundial publicadas en 2019.

Tsai Ing-wen, en Taiwán, fue de las primeras dirigentes en denunciar las preocupantes idas y venidas declarativas de China y de los responsables principales en la Organización Mundial de la Salud. No por nada su vicepresidente,  Chen Chien-Jen, es un epidemiólogo, y fue vicepresidente de la Academia Sinica, la institución científica más importante de la isla.

En Alemania, según los responsables del Instituto Robert Koch de Virología -a cargo de la estrategia alemana frente al covid-19- una de las claves habría estado en la identificación temprana de los portadores del virus para frenar la expansión de la enfermedad.

La exministra de Justicia danesa Mette Frederiksen, primer ministro del país desde 2019, también reaccionó con prontitud. Llama la atención una breve conferencia de prensa en la que la mandataria respondió a preguntas de niños y niñas del país, siguiendo el ejemplo de sus colegas de Nueva Zelanda y Noruega.

La semana pasada Dinamarca reabrió guarderías y colegios. Es el primer país de la Unión Europea en hacerlo, pero Frederiksen señaló que se hará de manera «controlada» y «prudente».

La finlandesa Sanna Marin es la primer ministro más joven del mundo, con 34 años. Al 16 de abril habían fallecido 72 personas en el país, y Marin tiene un 85 % de aprobación de su gestión por parte de sus conciudadanos. ¿Por qué? Finlandia es el país que mejor previó la emergencia. Según nota de la BBC, “Una de las claves fue la prioridad dada, a lo largo de décadas, a la Agencia Nacional de Abastecimiento de Emergencia (HVK, por sus siglas en finlandés) para hacer frente a todo tipo de crisis, lo cual le permitió disponer de suministros médicos y equipos necesarios para tratar a los pacientes”. Después de tres semanas, Helsinki ha cesado la cuarentena (aunque no se descarta volver a ella, de ser necesario).

En Islandia no se ha necesitado decretar cuarentenas ni confinamientos; según la epidemióloga islandesa Kristjana Asbjornsdottir, profesora de la Universidad de Washington, la estrategia fue básica: hacer «pruebas, pruebas y más pruebas» y, a partir de allí, tomar las decisiones. Eso sí, a diferencia del resto del mundo, no solo se evalúan casos sospechosos o en riesgo: se ofreció la prueba de coronavirus gratis, a todo aquel que quisiera hacérsela, desde muy temprano, incluso cuando no había aparecido ningún caso. Fue una estrategia proactiva y preventiva, no reactiva, como sucedió en la mayoría de los países que hoy están sufriendo las cifras de contagio y de muertes más elevadas.

En Noruega (otro de los países que ya ha flexibilizado la cuarentena), lograron lanzar una aplicación telefónica gratuita para rastrear el coronavirus; la aplicación envía a los usuarios un mensaje informando si se encuentran a menos de dos metros de una persona infectada. La primer ministro Erna Solberg ha pedido a todos que colaboren, que usen esta aplicación. Y ha insistido en dar mensajes a los más jóvenes: «los niños deben sentir que son tomados en serio en esta crisis». 

Otra Primer Ministro que ha dado muestras de gran capacidad de liderazgo, de ser una voz de la razón, es la caribeña Silveria Jacobs, de Sint Maarten; en un mensaje directo y claro que se volvió viral dijo: “Simply. Stop. Moving, if you do not have the type of bread you like in your house, eat crackers.” (Simplemente. Dejen. De Moverse. Si ustedes no tienen en su casa el tipo de pan que les gusta, coman galletas»). «Prepárense como si viniera un terrible huracán». Mensaje claro, acciones decisivas, es su lema.

 

 

 

 

También merece mención la primer ministro de Bélgica, Sophie Wilmès, en el cargo apenas desde el pasado octubre (primera mujer en obtenerlo), quien decretó el pasado marzo que las librerías eran “un servicio público”, y por lo tanto podían permanecer abiertas –con algunas limitaciones y medidas especiales, perfectamente comprensibles-.

Aparte de su sexo, ¿qué otra cosa tienen en común todas ellas? En primer lugar, todas han sido electas por votación democrática y popular, dentro de un sistema pluripartidista y competitivo. Nada de dictaduras, mesianismos o autoritarismos.

En segundo lugar, sus liderazgos han sido incluyentes, no excluyentes. Mientras que muchos de sus pares masculinos practican una política de juego suma cero, de destrucción de sus rivales, con lenguaje guerrerista, ellas por el contrario lideran sistemas donde los políticos son adversarios, no enemigos. Ante la desgraciada coyuntura pandémica han buscado unir sus sociedades, no dividirlas más. Son sembradoras de tolerancia.

En tercer lugar, buscan expresar emociones auténticas, empatías que lleguen a la gente y no simples palabras escritas por gurúes mediáticos. En ellas habla, sin estridencias, la razón científica unida a medidas políticas y sociales eficaces, no el oportunismo, la demagogia y la aventura. Una razón científica contraria a la llamada “alianza avestruz”, formada por jefes de Gobierno que se negaron al principio, e incluso algunos lo hacen todavía, a entender la gravedad de la situación. Ellas en cambio, como afirma Fernando Vallespín, “rompen inercias, asumen riesgos”, y saben explicar la situación a sus conciudadanos. Mientras los “avestruces” solo saben hablar de “yo”, el pronombre favorito de ellas es “nosotros”.

En cuarto lugar, los liderazgos tradicionales de estilo beligerante y confrontacional se preparan para las guerras del pasado, con gastos militares que no disminuyen sino que aumentan incluso en los países más pobres. Pero hay otros liderazgos, como los mencionados en esta nota, que se preparan para las guerras de hoy, como las pandemias, los tsunamis, el calentamiento global. Sus armas son la solidaridad y la cooperación.

En quinto lugar, un sentimiento que en medio de una crisis como la actual pandemia es importante generar es la confianza. Todas ellas están lejos de la simulación antipolítica, del fingimiento. Uno las oye y las ve y siente que son sinceras a la hora de compartir la angustia con sus ciudadanos. Todas han hecho un llamado al sentido de responsabilidad ciudadana, han confiado en sus conciudadanos a la hora de evaluar los riesgos presentes, y hacer lo correcto. Todas logran combinar dos activos difíciles de conseguir en un político hoy: firmeza y amabilidad. 

Y si ellas se están comportando como heroínas en la realidad, no en la ficción, muchos de sus pares masculinos han resultado ser Lex Luthors con lenguaje guerrerista que están causando dolor, pesar y miedo en sus ciudadanos. Eslavos como Putin, latinoamericanos como Bolsonaro, Díaz Canel, Ortega o Maduro, asiáticos como Xi Jingpin, anglos como Trump, o ese dúo siniestro que forman Sánchez e Iglesias en España, todos hacen lo contrario a las prácticas de un demócrata. Cero transparencia, discursos agresivos, mentiras a granel, simulación de todo tipo, persecución de la disidencia, improvisación de las medidas. Inhumanidad en estado puro. ¿Quién puede confiar en ellos?

Con su anti-liderazgo muere la confianza en el estereotipo, en ruinas, del “hombre fuerte”. Hoy ese liderazgo a duras penas se sostiene, en tiempos “normales”, gracias a un aparato mediático, comunicacional. Pero el virus chino ha desnudado a todos esos machos populistas. Ellas, en cambio, innovadoras y arrojadas generadoras de confianza, son ejemplo de que no todo el liderazgo político está en el suelo, desprestigiado.

La confianza es democrática, mientras que la simulación es tiránica y dictatorial. La confianza debe ser el basamento de la política, la simulación es esencialmente antipolítica, y por desgracia ha abundado siempre. Esa es la razón que lleva a Hannah Arendt a afirmar que “nada ha tenido tan corta vida en la historia como la confianza en el poder.”

Y en estos días los ciudadanos exigen confianza y una luz hacia el futuro. Estas líderes, verdaderas “realistas empáticas”, la están ofreciendo.

Es que ellas, al final, son profundamente humanas. ¿Y no es eso acaso lo menos que debemos exigir en estos tiempos atribulados a quienes con sus acciones -o falta de ellas- pueden llegar a decidir sobre la vida y la muerte de millones de personas?

 

 

 

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