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Villasmil: Todos geopolíticos

 

Se han hecho visibles diversas maneras de interpretar la crisis venezolana, tanto por los actores criollos como por los importados. Veamos algunas de los errores, aciertos, tendencias y prejuicios que se asoman estos días.

El primero, por más común, es el de que Juan Guaidó se “autoproclamó” presidente. Mucho noticiero extranjero –especialmente hispano, pero también el New York Times, por ejemplo, que se equivoca más que acierta, como sus amigos de la izquierda del partido Demócrata- habla del “presidente autoproclamado”. Ya basta. Guaidó actuó como lo hizo porque estaba obligado a hacerlo; era su deber, como presidente de la Asamblea Nacional, cumplir con los artículos 233, 333 y 350 de la Constitución. Si algún lector todavía no los conoce, que los busque en Google, es facilito.

El segundo, es el retorno del llamado a diálogo. Reflejo por cierto, en algunos casos, de una cierta pereza analítica. ¿Hay una guerra civil en Timbuctú del Norte? Que dialoguen, punto. Tiene la ventaja de ser un muy postmoderno abandono de cualquier responsabilidad, un lavado de manos a la Poncio Pilato. Ese primoroso llamado al diálogo se ha convertido siempre, como ha afirmado reiteradamente Guaidó, en una nueva carga de oxígeno, desesperada ganancia de tiempo para la tiranía. En ello se han hecho especialistas. Entiéndanlo todos de una vez: el chavismo nunca ha estado interesado en dialogar para llegar a un entendimiento con la oposición sobre la situación del país ni su mejora. Jamás. La lección fue aprendida dolorosamente por la oposición venezolana. El régimen nunca ha sido sincero en sus llamados a negociar. Desde el primer Hugo Chávez, que discrepaba de la democracia que él había jurado servir -juramento que traicionó-, y a la cual intentó sacar en primera instancia a cañonazos.

No olviden, por favor, que el camino es claro y apoyado abrumadoramente por los venezolanos dentro y fuera del país: fin de la usurpación, transición y elecciones libres, con nuevos Consejo Electoral, Tribunal Supremo y Registro Electoral Permanente.

El tercero es el de las virtudes y bondades de aquellos tiempos en que Chávez gobernaba con el barril de petróleo a más de $100. Casi tan ciertos como los aclamados logros siempre mencionados como un tic nervioso por las focas aclamadoras de la izquierda modelo Foro de Sao Paulo sobre la “revolución cubana”. Ni uno ni otro son ciertos. El chavismo, o socialismo del siglo XXI, fue desde la primera hora un esfuerzo coordinado con expertos en cómo destruir libertades, arruinar economías y liquidar instituciones; por ejemplo los castristas, o los asesores hispanos que luego fundarían Podemos.

El cuarto, es que los gringos están solo interesados en apoderarse del petróleo venezolano, la apelación argumental a los muy geopolíticos peligros del   imperialismo yanqui. ¿No recuerda, amigo lector, todas las voces apocalípticas que anunciaban que la invasión a Panamá tenía como objetivo que los gringos se apoderaran del Canal?

El quinto es el interesado olvido de la presencia cubana; la desvergonzada entrega de un país para ser colonia de una tiranía totalitaria, a fin de que la explotara e invadiera, incluso militarmente. Tan sólo por ese hecho Chávez, Maduro y compañía serán considerados por siempre traidores a la patria, porque gracias a ello hundieron nuestro país; en palabras de Fabiana Rosales, la esposa de Juan Guaidó: nos llevaron a “la miseria de sumergirnos en el dolor, nos hicieron tocar fondo en el dolor”.

El sexto, que el enfrentamiento es entre dos partes igualmente legítimas. En esa necedad y estulticia todavía insisten, por ejemplo, el presidente de Uruguay y su canciller. La conducta de quienes afirman tal sinsentido no es que sea inexplicable, sino que ya es repugnantemente explicable.

Rodolfo Nin Novoa

Nin Novoa particularmente pasará a la historia por su horrenda afirmación, hecha aparentemente con la tranquilidad de quien solo destaca una obviedad, al finalizar la reunión pro-madurista de Montevideo, de que un borrador de declaración incluía las siguientes condiciones TODAS RECHAZADAS POR URUGUAY: la liberación de los presos políticos, observación internacional independiente, la eliminación de los obstáculos para la participación libre e igualitaria de todos los partidos y la reorganización del Consejo Nacional Electoral. En palabras de Héctor E. Schamis en El País (Madrid): “parecería ser un éxito diplomático del gobierno de Uruguay mantener presos políticos, impedir la observación internacional y limitar la participación política en Venezuela”.

Una pregunta que me sobreviene es ¿cómo hará esta pareja del horror, Vásquez-Nin Novoa, por la mañana para mirarse al espejo? ¿Usarán acaso lentes oscuros?

El séptimo error, el más dolorosamente extraviado y radical, afirma que “la crisis humanitaria no existe”, es fake news. Quienes señalan esto, estemos claros, no tienen remedio. No vale la pena discutir con zombies ideológicos, para los cuales Lenin y Stalin no asesinaron a decenas de millones de compatriotas, Pol Pot debe ser el nombre de un exótico plato asiático, la economía cubana no tiene medio siglo destruida –en la Isla, porque Miami, sin desearlo, se ha convertido en un auténtico milagro económico y social causado por los Castro-, y el muro de Berlín (que por lo visto en sus mentes todavía no se ha caído), fue construido por la Alemania capitalista para evitar que sus millones de ciudadanos no intentaran huir del infierno del mercado libre y se fueran a vivir gozosamente al paraíso socialista construido por la Stasi.

Todos geopolíticos: los venezolanos no tenemos derecho a un mejor futuro porque las fuerzas salvadoras estarían por repartirse el país: como si no lo tuviéramos ya repartido entre Raúl Castro y su G2, Putin, los chinos, los iraníes, los turcos, la guerrilla terrorista colombiana, Hezbollah y el narcotráfico. A lo mejor ya le dieron su pedacito de torta a los avispados de Osetia del Sur.

Contra todos ellos se enfrentan, cada día con mayores éxitos, las fuerzas cívicas que encabezan gallardamente Juan Guaidó y la Asamblea Nacional, con el apoyo de decenas de millones de venezolanos, en la patria y en la diáspora.

 

 

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