Ramón Peña / En pocas palabras: Las perreras


El ciudadano de a pie es la víctima más castigada por esta engañifa revolucionaria. Una de las rutinas de su calvario cotidiano lo constituye el trasladarse desde y hasta su lugar de trabajo. La espera larga y ansiosa de los burdos y escasos autobuses o la resignada y agotadora caminata. Últimamente, como novedoso emblema de la vuelta a la Venezuela de la era pre-industrial, se apela a camiones -que a falta de productos agrícolas o fabriles que transportar- amontonan seres humanos en furgones bautizados con el infame vocablo de Las Perreras.

Como es común en las actuales miserias, este padecimiento se concatena con corrupción, desidia e incompetencia: las líneas de trenes urbanos e interurbanos guisadas y no realizadas por Odebrecht, el desmadre del mantenimiento del que fuese nuestro radiante Metro de Caracas, o los más de tres mil autobuses abandonados y desvalijados en cementerios de chatarra. Por cierto, curioseando la página de ventas de un exportador chino de los autobuses marca Yutong, encontramos que el precio FOB-Shanghái de una unidad de 50 asientos, como las adquiridas por el régimen, oscila entre 52 mil y 70 mil dólares. El flete y seguro hasta Venezuela fluctúa alrededor de 5 mil dólares. Pues bien, de acuerdo a investigación realizada por la Comisión de Contraloría de la Asamblea Nacional, por cada unidad se pagaron 180 mil dólares. Calculen y multipliquen ustedes el sobreprecio en las 7 mil unidades compradas por el régimen…

Este drama del transporte urbano no es necesariamente parte de la cultura del comunismo clásico. En la Unión Soviética, en 1935, Stalin ideó, como su gran regalo al proletariado, construir en Moscú el Metro más suntuoso del planeta. Lo logró y todavía hoy lo es. Pero entre corrupción y mediocridad, a estos comunistas nuestros de medio pelo no les da el mate para trascender con obra alguna distinta a la siembra de miseria.