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30 años de la investidura de Aznar: otra España, otro PP

Su gran éxito político -y repetida reivindicación- fue aglutinar el espacio de la derecha de manera decisiva y modernizar las siglas del PP. En el Gobierno, la entrada de España en el euro, el peso internacional y el terrorismo de ETA lo marcó todo

Aznar junto a Pujol y Suárez, en 1996, en un acto en la sede de Foment del Treball en Barcelona.

Aznar junto a Pujol y Suárez, en 1996, en un acto en la sede de Foment del Treball en Barcelona. (Abc)

 

 

Son 30 años, otra España, otra sociedad, distintas generaciones, otra derecha y otro Partido Popular. José María Aznar llegó a la presidencia del Gobierno hace tres décadas con un sistema bipartidista fuerte, una opinión pública mucho menos fragmentada, una estabilidad institucional que permitió superar episodios traumáticos y unas líneas rojas, unas reglas del juego, que permanecían inalterables. Era otro tiempo. Consiguió aglutinar todo el espacio de la derecha bajo aquellas siglas, las del PP, modernizando su imagen e introduciendo, por primera vez, un fuerte componente liberal.

El debate de su primera investidura se celebró el 4 de mayo de 1996 y gobernó durante cuatro años en minoría con el apoyo de CiU, y también del PNV y Coalición Canaria. El nacionalismo también era otro. La entrada de España en el euro fue, fuera de toda duda, uno de los principales hitos de su mandato. «Lo hemos conseguido, hemos podido tomar el tren con holgura», aseguró el presidente en mayo de 1998 tras la cumbre extraordinaria del Consejo Europeo en el que se confirmó la lista de países que iban a acceder a la moneda única desde el principio. Aquello fue posible gracias al cumplimiento en tiempo récord de los requisitos que se exigían. Mantener a raya el déficit público -en aquel momento llegó a ser inferior al de potencias como Alemania- y tener una inflación igualmente controlada.

La liberalización de la economía estaba en marcha con la cascada de privatizaciones de empresas -una de sus primeras medidas- y que afectó a compañías como Telefónica, Endesa, Repsol, Gas Natural, Red Eléctrica o Argentaria. El Estado ingresó decenas de miles de millones que le permitieron reducir la deuda y sanear las cuentas públicas. La Seguridad Social registró superávit. Empezaba el camino del «España va bien» y el boom de las inversiones internacionales que lo cambiaron todo. Aznar tenía la obsesión de meter a España en el club de los grandes países europeos.

Aznar tenía la obsesión de meter a España en el club de los grandes países europeos. La entrada en el euro fue posible al cumplir en tiempo récord los requisitos

La decidida vocación atlantista le acompañó de principio a fin, aunque profundizó en esa alianza con Estados Unidos -y también con Gran Bretaña- en la segunda legislatura (2000-2004), ya con mayoría absoluta. El reflejo de aquellos lazos tan estrechos y defendidos por el expresidente quedó plasmado en la famosa fotografía del «trío de las Azores» junto a George W. Bush y Tony Blair, posando juntos en la base de Lajes en marzo de 2003, tan utilizada por la izquierda de entonces y la de ahora, de nuevo, ante la guerra de Irán iniciada por Estados Unidos e Israel. La posición de Aznar, sin embargo, se ha alterado poco. No ha escatimado en duras críticas hacia el actual presidente estadounidense, oponiéndose a decisiones concretas de Donald Trump y, en realidad, del trumpismo como modelo político. Pero siempre ha defendido sin reparos la necesidad de mantener el vínculo atlántico y, sobre todo, de que España no puede confundirse de aliados. Muy especialmente ante el camino tomado por Pedro Sánchez.

Imagen principal - 1. Aznar, Blair y Bush en la Cumbre de las Azores de 2003 junto al entonces presidente portugués, Durão Barroso. | 2. Aznar en el pacto del Majestic, entre PP y Ciu, que facilitó su investidura en 1996, con Pujol y Durán Lleida. | 3. Aznar saludando a don Juan Carlos y doña Sofía en la Pascua Militar del Palacio Real en 1997.
Imagen secundaria 1 - 1. Aznar, Blair y Bush en la Cumbre de las Azores de 2003 junto al entonces presidente portugués, Durão Barroso. | 2. Aznar en el pacto del Majestic, entre PP y Ciu, que facilitó su investidura en 1996, con Pujol y Durán Lleida. | 3. Aznar saludando a don Juan Carlos y doña Sofía en la Pascua Militar del Palacio Real en 1997.
Imagen secundaria 2 - 1. Aznar, Blair y Bush en la Cumbre de las Azores de 2003 junto al entonces presidente portugués, Durão Barroso. | 2. Aznar en el pacto del Majestic, entre PP y Ciu, que facilitó su investidura en 1996, con Pujol y Durán Lleida. | 3. Aznar saludando a don Juan Carlos y doña Sofía en la Pascua Militar del Palacio Real en 1997.
1. Aznar, Blair y Bush en la Cumbre de las Azores de 2003 junto al entonces presidente portugués, Durão Barroso. | 2. Aznar en el pacto del Majestic, entre PP y Ciu, que facilitó su investidura en 1996, con Pujol y Durán Lleida. | 3. Aznar saludando a don Juan Carlos y doña Sofía en la Pascua Militar del Palacio Real en 1997. Reuters, Miguel Berrocal y EFE) 

A la liberalización de la econoía y el refuerzo del peso internacional, se suma la lucha contra el terrorismo de ETA como el otro gran factor clave de su mandato. El asesinato de Miguel Ángel Blanco (1997) marcó un antes y un después en la sociedad española. Las masivas manifestaciones en la calle dieron prueba de ello. Los españoles se negaban a aceptar más el chantaje. La estrategia de derrota del Gobierno- el «vamos a por ellos» como recuerdan estrechos colaboradores del expresidente- con una enorme presión policial, judicial e internacional, asfixió en parte a la organización. Pero en el plano político el gran hito mira a la ilegalización de Batasuna gracias a la Ley de Partidos aprobada en 2002. La norma, que promovió el Gobierno y apoyó el PSOE, permitía ilegalizar partidos que justificaran o apoyaran la violencia. El Tribunal Supremo actuó contra el brazo político de ETA.

El aglutinador de la derecha

El camino hacia esos ocho años de Gobierno estuvo precedido de una travesía compleja. Aznar, recién designado por Manuel Fraga como candidato, acudió a las urnas en 1989 y se quedó en la oposición, como era previsible. Volvió a quedarse en el mismo lugar en 1993, cuando alcanzó ya los 141 escaños. En ese momento se consolidó como gran alternativa a un socialismo, el de Felipe González, que terminó exhausto tras casi 14 años en el poder. Y en 1996 firmó su primera victoria y gobernó con mayoría relativa apoyándose en los nacionalistas. Las cesiones que se incluyeron en el Pacto del Majestic fueron amplias y sirvieron para fundamentar las bases de un nuevo sistema de financiación, que tiempo después serían aireadas con dureza. En 2000 logra la reelección con mayoría absoluta, confirmando una trayectoria en política nada habitual: Aznar fue de menos a más. Su despedida, en 2004, no pudo tener un final más traumático. Las elecciones, ya con Mariano Rajoy como sucesor, se celebraron tres días después del atentado del 11-M.

Además de la acción gubernamental, su gran éxito político -y repetida reivindicación mirando a sus sucesores- fue la capacidad de reagrupar a toda la derecha, engullendo el espacio del CDS y modernizando la propia doctrina del partido en el congreso de Sevilla (1990). Las comparaciones son odiosas y poco aconsejables. Pero además todos los colaboradores de Aznar, también algunos de sus exministros, reconocen que en este momento «no hay comparación posible». El PP es otro, y el momento también.

En 2000 logró su mayoría absoluta tras haber gobernado una legislatura con el apoyo de los nacionalistas. Aznar fue de menos a más

Alberto Núñez Feijóo dio el salto nacional en 2022. Era presidente de la Xunta de Galicia como lo era Aznar de Castilla y León cuando recibió la llamada de Fraga. «Quizá ahí terminan las similitudes entre ambos, que venían de ser presidentes autonómicos», explica uno de esos colaboradores. Hay otra a la que algunos apuntan. Que ambos empezaron siendo «jefes políticos de despacho». Aznar aguantó siempre la losa de su falta de carisma frente a Felipe, que era, sobre todo, carismático. Pero consolidó un liderazgo propio.

Esa capacidad de aglutinar todo el centro derecha respondió también a un momento concreto: no existía la fragmentación de partidos que estalló en 2015 y que no ha dejado de crecer. Ciudadanos apareció unos años y después se esfumó. Pero su existencia bastó para evidenciar la debilidad del PP. Ahora existe un nuevo fantasma a la derecha: Vox, que con más o menos fluctuaciones, no da síntomas en absoluto de desaparecer. La tendencia internacional habla del fenómeno contrario.

Su reivindicación política -mirando a sus sucesores- es la de todo el espacio de la derecha bajo las siglas del PP. Un escenario que se antoja imposible de repetir

Desde hace una década el PP afronta la necesidad constante de volver a ampliar su base electoral. Feijóo llegó con ese mensaje a la política nacional y ganó las elecciones generales de 2023, aunque no pudo gobernar. En la España de hace 30 años era inimaginable la suma que logró Sánchez para llegar a Moncloa.

Los momentos de ahora y entonces son incomparables, pero el actual líder del PP necesita devolverle a su formación una mayoría amplia. Con todas las dificultades, la realidad es que el PP ha demostrado una fortaleza en España que no existe ya en el resto de Europa. Los partidos homólogos en Francia e Italia -que en su día se fijaron en el modelo de Aznar- han desaparecido. En su lugar se ha consolidado una derecha alternativa que gobierna o está en disposición de hacerlo. España aparece ahora como un oasis. Ni siquiera en Alemania la CDU ha demostrado la misma fortaleza. Y eso, repiten en el entorno de Aznar, tiene mucho que ver con lo que se hizo en el inicio; cómo se implementó territorialmente el partido, y las bases que consiguió instaurar en la sociedad española.

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