Arístides Calvani: Arquitecto de la Justicia Social y el Protagonismo Laico

El valor protagónico del laico en la sociedad contemporánea encuentra en la vida de Arístides Calvani un testimonio precursor de coherencia y profundidad difícil de igualar. Su historia no es solo una crónica de cargos públicos o hitos académicos, sino ante todo el relato de cómo la Doctrina Social de la Iglesia puede encarnarse en la realidad política y social de un continente.
Escribir hoy sobre él supone un ejercicio de memoria que trasciende lo biográfico; es una invitación a replantearnos la presencia del cristiano en el ámbito público, especialmente en la apremiante tarea de la reconciliación y la reconstrucción material y política de Venezuela.
Esta reflexión nace de una conexión profunda, aunque indirecta. Luis Enrique Marius, mi padre, fue quien dio continuidad práctica a la relación vital entre el movimiento de trabajadores y la Iglesia, un vínculo que Calvani y Emilio Máspero tejieron con paciencia desde sus inicios. Aunque no tuve la oportunidad de conocer a Calvani personalmente —pues su fallecimiento en 1986 ocurrió cuando yo apenas contaba con quince años—, su legado me alcanzó a través de la amistad y el trabajo compartido de toda una vida entre mi padre y Emilio Máspero, quien fue para mí como un tío. Es desde esa herencia familiar que intentaré hilvanar someramente la figura y obra de un hombre que nunca fue un teórico de escritorio, sino un pensador y político que supo tocar y transformar la realidad.
La forja de una sensibilidad: Lovaina y el inicio del camino
La solidez y actualidad intelectuales de Calvani se cimentaron en Europa. Sus estudios en la Universidad Católica de Lovaina, (Bélgica), entre 1943 y 1946, en particular en la cercanía de Jacques Leclercq, teólogo moral y filósofo social, fueron determinantes para su visión humanista. Al regresar a Venezuela, esa formación se volcó de inmediato en la academia y en la acción social. Fue profesor de Sociología y Derecho del Trabajo en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y luego de la caída del régimen de Marcos Pérez Jiménez, fue pieza clave en la fundación de la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) en 1959 y, con una visión estratégica sobre la formación de líderes, fundó en 1962 el IFEDEC (Instituto de Formación y Estudios Demócrata Cristianos).
Sin embargo, su fe se movía más allá de las aulas. Su participación previa en la Acción Católica y su impulso fundamental a la Juventud Obrera Católica (JOC) en Venezuela, que comenzó a dar sus primeros pasos hacia 1944 bajo una clara inspiración de las corrientes sociales francófonas, encarnada por el padre y posterior Cardenal Josef Cardijn, fundador, alma y vida de la JOC, marcaron su compromiso con el mundo del trabajo. En este camino, la influencia de su esposa, Adela de Calvani, fue indispensable; juntos encarnaron una acción social que, inspirada en su fe cristiana, humanizó cada proyecto que emprendieron.
El eje Caracas-Santiago: Un sueño continental
La década de los 60 y 70 fue testigo de una sintonía histórica en el continente. La relación entre los presidentes Eduardo Frei Montalva de Chile (1964-1970) y Rafael Caldera de Venezuela (1969-1974), del cual Calvani fue canciller, permitió que la democracia cristiana se convirtiera en un faro de esperanza. En este contexto, el sindicalismo chileno, inspirado por la labor de San Alberto Hurtado s.j. y su Acción Sindical Chilena (ASICH), fue el germen de un movimiento continental.
Así nació en 1954, en Santiago de Chile, la Confederación Latinoamericana de Sindicalistas Cristianos (CLASC), en la que la figura del argentino Emilio Máspero emergió como líder incansable. La relación entre Calvani y Máspero fue un motor de cambios. Entendiendo que Venezuela era un «paraíso democrático» en la segunda mitad del siglo XX, ambos impulsaron el traslado de la sede a Caracas. Este movimiento se consolidó en el VI Congreso de 1971, cuando la organización adoptó el nombre de Central Latinoamericana de Trabajadores (CLAT). En este punto se produjo un “salto cualitativo” fundamental impulsado por el pensamiento de Máspero y bajo la clara influencia de Calvani: la organización trascendió la autodenominación, primero de personas a organizaciones, y luego, de ‘sindicato’, para adoptar el concepto integral de ‘movimiento de trabajadores’. Con ello, se superó el enfoque exclusivamente obrero-industrial para integrar a otros sectores vitales como los campesinos, el magisterio, trabajadores autónomos, desempleados y diversas áreas gremiales.
La culminación educativa de este esfuerzo de organización-formación llegaría en 1974 con la concreción de la UTAL (Universidad de los Trabajadores de América Latina), en San Antonio de los Altos, un centro destinado a profesionalizar la lucha sindical a la luz de la doctrina cristiana sobre la dignidad de toda persona, la primacía del trabajo y el protagonismo social de los trabajadores en lo cual Calvani fue un actor estratégico.
El Canciller y la Geopolítica del Diálogo
Como Canciller de Venezuela (1969-1974), Calvani demostró que la identidad cristiana era un puente, no un muro. En plena Guerra Fría, bajo su gestión se iniciaron relaciones con la URSS y Cuba, fundamentadas en el pluralismo democrático y la visión de una Venezuela estratégicamente ubicada en un mundo polarizado por dictaduras y movimientos sociales armados. Sus logros diplomáticos, que incluyeron el fortalecimiento de la OPEP, siempre estuvieron teñidos por una visión geopolítica que ponía la justicia social internacional por encima de los intereses económicos y las conveniencias ideológicas. Esta sinergia, sumada a la presencia de la sede de la CLAT en suelo venezolano, dan fe de la visión estratégica y la vocación de apertura global que caracterizaron la gestión de Calvani.
Puebla y la consolidación de un legado
El año 1979 marcó un hito con la Asamblea del Episcopado en Puebla. Allí, figuras como el Cardenal Eduardo Pironio de Argentina, Mons. Ovidio Pérez Morales de Venezuela y los brasileños Affonso Gregory y Dom Yvo Lorscheiter, facilitaron que la CLAT y el movimiento de trabajadores fueran escuchados por los obispos de América Latina. En ese escenario abierto coincidieron Calvani, y por la CLAT Máspero y Luis Enrique Marius, y se validó que la defensa de los derechos de los trabajadores era un imperativo evangélico.
A partir de allí, gracias a la presencia de Máspero y Marius ante San Juan Pablo II y su tradición polaca de presencia eclesial en el tejido social-laboral, y la intermediación de Guzmán Carriquiry, primer laico en las estructuras pastorales de la Curia Romana, la CLAT consolidó su relación con la Santa Sede. Juntos lograron poner el tema de la dignidad del trabajo en el centro de la discusión eclesial, resaltando el valor de la doctrina social sin caer en las polarizaciones de izquierda o derecha que asfixiaban la política latinoamericana del post-Concilio.
El Arquitecto de un Laicado Transformador
Al contemplar la trayectoria de Arístides Calvani, no solo nos encontramos ante un político o un diplomático, sino, en mi opinión, ante una de las figuras protagónicas más robustas del laicado en la Venezuela del siglo XX. Su vida fue una síntesis excepcional en la que la fe no se refugió en lo privado, sino que se proyectó con fuerza en la construcción de las polis. Calvani logró conjugar tres dimensiones esenciales: la agudeza del estratega, la profundidad del educador y la sensibilidad social innegociable.
Como estratega, operó con maestría para posicionar la justicia social como un imperativo ético. Como educador se empeñó en formar protagonistas capaces de transformar su entorno con herramientas técnicas y morales. Y como hombre de fe comprometida, su sensibilidad social le impidió ser un tecnócrata, viendo siempre en el trabajador a un forjador de su destino y sujeto portador de esperanza.
Hoy, en una Venezuela que clama por reconstrucción y reinstitucionalización, su ejemplo nos interpela sobre el verdadero valor de la experiencia cristiana en la realidad nacional. Calvani demostró que es posible vivir en el mundo sin ser del mundo, transformándolo desde dentro con la fuerza de una fe puesta al servicio de los más necesitados. Su visión favoreció el nacimiento de proyectos que impactaron a todo un continente, dejando una huella que aún hoy nos invita a un protagonismo laico valiente, profesional y profundamente humano.
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Arístides Calvani: Arquitecto de la Justicia Social y el Protagonismo Laico
