Animales en primera plana

El crucero AmaMagdalena, de la compañía AmaWaterways, navega por el río Magdalena, ahora sin cólera y con hipopótamosSería abusivo arrimar hacia PLANETA VITAL el mérito del debate suscitado en la sociedad colombiana por los hipopótamos que el bandolero Pablo Escobar dejó como herencia envenenada, pero alivia imaginar que alguna influencia de la campaña mediática global habrá permitido a las rollizas bestias salvarse por ahora de la eutanasia y disfrutar como los amantes contrariados del Gabo la belleza del río Magdalena.
Mientras tanto, la opinión pública alemana sigue desde principios de marzo la febril movilización para salvar a Timmy, una ballena jorobada que encalló en una bahía sobre el Báltico, presa de alguna de las millares de nasas olvidadas por los pesqueros, en un episodio más de la depredación que los cetáceos experimentan, inocentes e impotentes, pagando el pato de la guerra declarada por la civilización.
Es una de las diez colosales criaturas atraídas hacia las costas de Holanda, Dinamarca e Inglaterraen el primer trimestre del año por el eco de la vida ciudadana o desorientadas por perturbaciones sónicas de origen cósmico, militar e industrial.
Una de las centenares que mueren de forma anónima, enredadas o golpeadas por los barcos faeneros y de turismo en expansión constante, sin el consuelo de ésta que al menos disfruta de su glorioso cuarto de hora con los esfuerzos para salvarla, incluso con el accidente de una veterinari
Que pudiera no ser la única víctima, pues el stress acumulado se mediatiza
Igual que ocurre en Colombia, donde el departamento de Antioquia cuestiona la legalidad de las intenciones del gobierno nacional contra los hipopótamos que consideran su patrimonio, en un debate técnico-social motivado por la convivencia humano-zoológica e
Es una controversia incapaz de desvelar en Japón al sexagenario Toru Akama de la planta nuclear de Fukushima, que se erigió en guardián protector de los animales abandonados por sus dueños tras la catástrofe de marzo de 2011.
Esta fotografía, tomada el 5 de marzo de 2026, muestra a Toru Akama, ex trabajador de una central nuclear, acariciando a un gato en su refugio de animales en Namie, prefectura de Fukushima. (Foto de Philip FONG / AFP)
Fue testigo entonces de un terremoto de magnitud apoca
Con el único auxilio de su esposa fue acarreando a su casa y alimentando a los aterrorizados bichos, un millar tal vez, muchos de los cuales hallaron después familias adoptivas, y vuelta la calma continuó brindando asilo con el apoyo financiero de una compensación de la empresa y después con donativos esporádicos y su propia jubilación.
Quince años de una tarea agotadora a la cual, sin embargo, Akama atribuye su salud de acero, porque la responsabilidad lo obliga a seguir activo, cuidando a una familia que incluye actualmente siete perros y 47 gatos en perfecta armonía y sepultándolos en el jardín de su residencia mientras busca ahora, porque el almanaque no perdona, alguien que asuma el relevo de su insólita misión.
Varsovia, mayo de 2026


