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Armando Durán / Laberintos: México ¿territorio libre de Cuba?

 

El pasado 18 de septiembre, en el curso de la VI Cumbre presidencial de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), celebrada en Ciudad de México, donde hoy viernes está previsto que se inicie una nueva ronda de negociaciones entre el gobierno de Venezuela y sus presuntos opositores, el presidente cubano, Miguel Angel Díaz-Canel, desenterró el hacha de la guerra que habían inhumado al alimón Raúl Castro y Barak Omaha con su histórica conversación telefónica de 45 minutos el 17 de diciembre de 2014, y arremetió con renovada virulencia contra el gobierno de Joe Biden por promover una campaña contra Cuba que, según él, y lo reiteró con mayor aspereza aun el pasado jueves desde la tribuna de la Asamblea General de las Naciones Unidas, constituía “una flagrante violación de los derechos internacionales.” En paralelo a la intervención de Díaz-Canel en Ciudad de México, la presencia en la Cumbre de Nicolás Maduro, indeseable para muchos de los países miembros de la institución porque muchos de ellos continúan desconociéndolo como presidente legítimo de Venezuela, provocó muy enérgicos discursos en su contra de Luis Lacalle y Mario Abdo Benítez, presidentes de Uruguay y Paraguay respectivamente, y una igualmente dura réplica de Maduro.

Sin la menor duda, una imprevista tensión en la sesión protocolar de la Cumbre que nos obliga a hacernos una incómoda pregunta. ¿Por qué rebuscada razón el presidente Andrés Manuel López Obrador tomó la decisión de convocar esta Cumbre de un olvidado mecanismo regional que desde hace cuatro años estaba en terapia intensiva?

Creada durante la tercera Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo, celebrada en Caracas en diciembre de 2011, la CELAC fue definida en su momento como mecanismo de concertación política y como “espacio común que garantice la unidad e integración de nuestra región.” Propuesta nada novedosa en un continente donde ya existían docenas de mecanismos de integración regional y subregional, pero que desde la perspectiva de sus promotores, Chávez y Fidel Castro, tenían un objetivo completamente distinto al aparente: hacer más digerible para un mundo cada día más inmune a los cantos de sirena entonados por los profetas de la izquierda violenta la iniciativa llamada Asociación Bolivariana de los Pueblos (ALBA), puesta en marcha formalmente en La Habana, el 14 de diciembre de 2004, con un acuerdo firmado por ambos líderes latinoamericanos.

Como señalaría Carlos Lage, figura clave aquellos días del poder revolucionario cubano, los hechos habían demostrado que “ninguna de las fórmulas de integración alentadas por las potencias imperialistas daban respuesta ni la darán a los problemas reinantes en los países latinoamericanos y caribeños”, sencillamente porque todos ellos eran expresión de “un capitalismo aplastante”,  cuya intención era propiciar “relaciones de explotación capitalista que agudizan, cada día más, las diferencias entre países desarrollados y subdesarrollados.” Precisamente para superar esas diferencias, afirmó, “surgió el ALBA.”

Esta confrontación entre unos y otros tuvo su momento de mayor esplendor el 3 de noviembre de 2005 en Mar de Plata, mientras en un hotel de ese balneario argentino se instalaba la IV Cumbre de las Américas, iniciativa de Washington para promover una Alianza de Libre Comercio (ALCA) entre las dos Américas. A esa cumbre asistiría el presidente George W. Bush, cuya visita había generado la convocatoria para ese mismo día de lo que sus organizadores llamaron la contracumbre. Hugo Chávez, quien en su condición de presidente de Venezuela asistiría a la Cumbre oficial, también había anunciado su participación en ese proyectado evento de protesta antiimperialista, y esa mañana, ante de incorporarse a la Cumbre de verdad, se dirigió al estadio de fútbol de la ciudad y ante una multitud de miles de enardecidos manifestantes, con la bandera de Venezuela y un gran retrato del Che Guevara como telón de fondo, pregonó a los cuatro vientos, “ALCA, ALCA, ¡al carajo!”, Luego sostuvo que “cada uno de nosotros ha traído a Mar de Plata una pala de enterrador, porque aquí vamos a cavar la tumba del ALCA.”

Eran otros tiempos. Además de Chávez, en América Latina mandaban y estaban presentes en Mar de Plata, representantes de las más diversas tendencias de la izquierda regional, que activa o pasivamente eran aliados de Chávez, como Michelle Bachelet, Tabaré Vásquez, Luiz Inácio Lula da Silva, Daniel Ortega, Alan García y, por supuesto, Néstor Kirchner, quien por ser presidente del país anfitrión, le daría la bienvenida a Mar de Plata a todos ellos, pero también a Bush. No obstante este delirante optimismo revolucionario de Chávez, lo que pretendía que fuera un indetenible furor antiimperialista en una región sometida a los rigores de impagables deudas externas y a los enormes costos sociales provocados por la aplicación del recetario del Fondo Monetario Internacional para enfrentar esa crisis, comenzó a apagarse a raíz de la devastadora debacle financiera de 2008. Desde ese momento, los vientos que soplaban sobre América Latina no tardarían mucho en cambiar drásticamente de dirección.

Parafraseando a Lage podríamos decir que fue entonces que surgió la CELAC, como versión desideologizada y, por lo tanto, más digerible del rechazo feroz al capitalismo y al imperialismo que proponían los gestores del ALBA. Por su parte, la acusación a Estados Unidos como responsable directo de todos los males que asolaban la región perdieron de pronto intensidad y desde ese momento los dos instrumentos más eficaces y menos personalizados de dominación financiera internacional, el Banco Mundial y el FMI, pasaron a ser los blancos de todos los ataques. A fin de cuentas, la CELAC era el mismo perro que había sido el ALBA, pero con diferente collar. Razón del escaso interés que despertó la alternativa por lo poco llamativa que resultaba su pretensión de sustituir la opción revolucionaria por un aburrido llamado a la concertación política entre contrarios que de ninguna manera podían resolver pacíficamente sus irreconciliables contradicciones.

De ahí la pregunta que nos hacíamos. ¿Por qué realizó López Obrador este esfuerzo de querer resucitar un cadáver llamado pomposamente Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, sin ninguna importancia real ni siquiera para los gobiernos de la región? A no ser que a López Obrador, sonriente representante de la izquierda mexicana, en estos tiempos de grandes dificultades y mayores indefiniciones, vea la posibilidad de ocupar el espacio que la desaparición física de Fidel Castro y de Chávez han dejado vacante en América Latina. ¿Será esa la tentación a la que ha sucumbido un monarca que se resiste a viajar fuera de su reino? ¿O simplemente ha entrevisto que la posibilidad de prestarle escenario a Maduro y a Díaz-Canel podría fortalecer su posición en las negociaciones con Estados Unidos, vecino con el que a pesar de las muy diversas razones y sinrazones para entenderse, México nunca ha dejado de hacerlo?

Es muy temprano para aventurarse a profundizar en el tema, pero me parece oportuno mencionarlo porque la visión que tiene el mundo de un presidente Biden a todas luces profundamente debilitado después del fiasco de Afganistán puede confundir a gobiernos amigos y a los que no lo son tanto. Una confusión muy parecida, por cierto, que después del fiasco de Bahía de Cochinos llevaron a Nikita Jruschov y a Fidel Castro a no pensar cuál sería la respuesta de un presidente Kennedy, extremadamente debilitado después del fiasco de Bahía de Cochinos, a la instalación  en Cuba de misiles ofensivos con cabezas nucleares. ¿Pensará López Obrador que puede salirse con esta absurda jugada de ajedrez sin correr el peligro de convertir a México en algo así como un territorio libre, por ahora de Cuba, y mañana quizá de Cuba y Venezuela?

 

 

Un comentario

  1. SOY un asiduo lector de la columna del Dr Armando DURAN, no solamente por que tengo el honor de conocerlo desde mis andas por Palacios, desde 1960, en defensa de la Patria y sus Instituciones, ademas de la calidad y veracidad sus expresiones. Gracias,

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