La economía venezolana ya era una economía de supervivencia antes del 24 de junio:
PIB reducido a cerca de US$100.000 millones desde US$370.000 millones en 2012,
inflación de 600% al cierre de 2025, pobreza estimada en 68% de los hogares y un
Estado sin caja, sin crédito y con severo deterioro institucional.
El doble terremoto no cambió esa base; la hizo más visible y más costosa, al añadir
daños directos estimados en US$6.700 millones, equivalentes a alrededor de 6% del
PIB, con pérdidas totales que podrían superar los US$10.000 millones o incluso
ubicarse entre 1,5 y 3 veces el daño físico directo.
Desde una óptica liberal, el punto central es este: el país no enfrenta solo una
emergencia de reconstrucción, sino una prueba de modelo. Ya sea que el objetivo sea
reconstruir una economía abierta, con inversión privada, disciplina monetaria y reglas
previsibles, o si, por el contrario, el objetivo real sea administrar escasez con control
político, las medidas actuales son de tal superficialidad que pudieran servir en
cualquier caso… o lo que es lo mismo, son inocuas e ineficaces.
Qué cambió y qué no
El terremoto cambió tres áreas de forma inmediata: elevó la escasez operativa en
zonas comerciales e industriales afectadas, deterioró aún más la logística interna por
fallas en autopistas y daños en Maiquetía, y reordenó prioridades de gasto e inversión
hacia vivienda, hospitales, escuelas, infraestructura pesada y sistemas eléctricos.
También incrementó la presión social, encareció la reconstrucción por la bajísima
cobertura de seguros y amplió la necesidad de financiamiento externo de largo plazo.
En cambio, no alteró la raíz de los problemas estructurales previos. Venezuela sigue
con el mayor cuello de botella en institucionalidad, seguridad jurídica, financiamiento,
estadísticas confiables y capacidad estatal de ejecución; el terremoto no creó esos
déficits, solo los agravó.
Tampoco destruyó el único motor exportador funcional: el balance inicial sobre las
principales instalaciones petroleras fue positivo y su afectación fue mínima o
inexistente, por lo que la producción y los flujos de exportación podían mantenerse
relativamente estables, aunque con interferencias por fallas eléctricas en
procesamiento.
Impactos indirectos
Los impactos indirectos pueden ser más relevantes que los directos. El primero es
inflacionario: la afectación de centros comerciales e industriales, los problemas
logísticos y el aumento inicial de demanda por nerviosismo y acopio añaden presión
sobre precios, mientras el riesgo de emisión monetaria de emergencia amenaza
también el mercado cambiario.
El segundo es financiero: una reconstrucción de esta escala complica la ya difícil
reestructuración de una deuda externa estimada en US$240.000 millones y puede
postergar cualquier resolución ordenada hacia 2027.
El tercero es microeconómico y social. La destrucción de hogares, hospitales y redes
comunitarias reduce productividad, eleva costos de reposición, desplaza consumo
hacia bienes de emergencia y fuerza reasignaciones defensivas de capital,
especialmente en comercio, inmuebles y pequeñas empresas.
El cuarto es político-económico: la encuesta de junio incorpora un módulo especial
sobre repercusiones del terremoto, confianza en actores para la reconstrucción y
evaluación de la respuesta oficial, señal de que la emergencia ya se integró a la
percepción de riesgo político, confianza del consumidor y expectativas económicas de
corto plazo.
Petróleo, inflación y electricidad
En petróleo, la conclusión más importante es que el shock no fue sistémico sobre la
oferta exportable. Las principales instalaciones registraron afectación mínima o nula y
eso preserva la fuente central de divisas del país, algo decisivo porque sin ese flujo la
reconstrucción sería todavía menos viable. Sin embargo, esto no debe confundirse con
fortaleza estructural: incluso antes del terremoto, cualquier mejora productiva dependía
de reglas claras, inversión y rehabilitación de electricidad, agua, refinerías y seguridad
jurídica.
En inflación, el terremoto opera como acelerador, no como causa original. La
economía ya venía de una inflación anual de 600%; el sismo agrega choques de oferta,
disrupciones logísticas y presión potencial de financiamiento monetario del
gasto, una combinación clásica de más inflación y mayor volatilidad cambiaria.
En electricidad, el golpe es especialmente sensible porque toca una restricción previa
y no un sector sano. El informe registra fallas eléctricas severas tras los sismos,
impacto relativo en instalaciones de procesamiento y nuevas oportunidades de
inversión precisamente en provisión de sistemas eléctricos; eso sugiere que el
terremoto no creó la crisis eléctrica, pero sí elevó su costo económico y su urgencia
estratégica.
Para un economista liberal, este es un punto clave: sin liberalización operativa,
inversión privada y reglas tarifarias racionales, la reconstrucción eléctrica tenderá a ser
un cuello de botella para toda la recuperación.
Evaluación liberal de las medidas
Las medidas del gobierno pueden leerse en dos planos:
En el plano correcto, hay señales útiles: apertura regulatoria previa a la inversión en
sectores estratégicos como hidrocarburos, minas y electricidad; recuperación de
acceso a recursos externos; y un intento de crear un fondo inicial de emergencia para
reconstrucción
En el plano insuficiente, el fondo anunciado de US$200 millones es apenas una
fracción mínima de la brecha total, y la ausencia de plena estabilidad institucional,
transparencia y horizonte político limita severamente el multiplicador de cualquier
ayuda o reforma
Desde una visión liberal, las medidas solo están bien encaminadas si buscan mover al
país hacia cinco objetivos: disciplina monetaria estricta; apertura creíble a inversión
privada nacional e internacional; reconstrucción acelerada de electricidad, logística y
servicios públicos; reglas claras de propiedad, contratos y arbitraje; y uso de la
emergencia para desmontar controles discrecionales, no para reforzarlos.
Si, por el contrario, se pretende usar la emergencia para centralizar recursos, repartir
discrecionalmente fondos y postergar definiciones institucionales, el resultado no
llegará a ser ni siquiera un alivio transitorio, con más dependencia, más inflación
reprimida y menos crecimiento potencial.
Resumen de temas para hacer seguimiento
Reconstrucción sin caja: brecha real entre daños, liquidez disponible y acceso a
financiamiento
Petróleo como ancla y límite: estabilidad exportadora sin reconstrucción integral del
resto de la economía
Inflación post-sismo: oferta rota, emisión de emergencia y expectativas de precios
Electricidad como restricción maestra: por qué la recuperación depende más del
sistema eléctrico que del tipo de cambio
Logística y cadenas de valor: autopistas, puertos, aeropuerto y costos de distribución
Banca y reconstrucción: oportunidad de profundización financiera en un país
subbancarizado y descapitalizado
Vivienda, alquileres e inmuebles: desplazamiento de demanda desde mercado
secundario hacia reconstrucción
Seguros y vulnerabilidad patrimonial: baja cobertura y socialización forzada de
pérdidas privadas
Economía política de la ayuda: reconstrucción productiva o clientelismo con fondos
externos
Legitimidad y economía: cómo la emergencia altera la relación entre elecciones,
confianza e inversión.
