Chitty La Roche: Notas sobre transición y/o legitimidad en Venezuela (2)
“Ganarás el pan con el sudor de tu frente.” Génesis 3:19
Hoy es viernes 1 de mayo y se celebrará en Venezuela con una presencia significativa de las organizaciones sindicales en la calle y, por cierto, parecen reanimadas luego de los acontecimientos del 3-E y la secuencia que ha mostrado la dinámica nacional, entre ofrecimientos retóricos y la cruda realidad de una agresiva rutina de aumentos de precios y de precarización sistemática de la faena y no excluye sino a los enchufados, como se les llama coloquialmente.
Habrá quienes recuerden la gesta de Chicago que dio lugar a la efeméride y se conmoverá en la remembranza de los bamboleos de aquella dirigencia con una soga al cuello por el atrevimiento de pedir las “3 ochos”. Ocho horas de trabajo como duración de la jornada laboral, ocho horas para la formación y el mejoramiento del obrero y ocho horas para el descanso.
Juzgados como sedicentes se les impuso la pena de muerte ahorcándolos, pero, como homenaje de la justicia de la historia, a ratos tardía, pero, justicia al fin, alcanzaron la posteridad. No los conseguirá el olvido que suele hacer pareja con la muerte. Honor a Parsons, Fischer, Spies, Engel y a los demás héroes de la batalla que han librado algunos a nombre de todos, por la redención del ser humano que, en suma, demanda el reconocimiento de su dignidad.
Paso ahora al asunto de marras, con una afirmación a tener muy en cuenta, la tomo de un brillante artículo de Mirla Perez publicado hace unos días en La Gran Aldea, “Para el venezolano popular, cuando la relación muere, no puede resucitarla quien la mató” y esta otra cita de muchas posibles en el escrito de la profesora Pérez, recalco, “…no basta con acuerdos de élites, no basta con cambios institucionales, no basta con elecciones. Sin conexión con ese entramado real, cualquier proyecto político queda suspendido en el vacío. Porque el país real no se mueve por decreto. Se mueve por vínculo”
Las encuestas dicen que el cuerpo político venezolano quiere en su cuasi totalidad superar el bache trágico que ha resultado el mal gobierno de los últimos 27 años de demagogia, manipulación, empobrecimiento, desarraigo, deserción, envilecimiento e irrespeto. ¡El pueblo está harto, frustrado, soliviantado, el pueblo está arrecho!
La resiliencia de la que escribe la doctora Pérez, antes mencionada, constituye uno de los varios vínculos que unen alrededor de la idea de cambio a los conciudadanos. “Esto es pa´ lante me decía un dirigente de Cartanal hace días; pa´tras jamás, voy hasta el final, pase lo que pase.”
Hay pues necesidad de sintonizar a ese sentimiento compartido entre los venezolanos para ofrecerle sostenibilidad al esfuerzo que la transición implica. La gente, en su gran mayoría, optó por adentrarse en un proceso de liberación que está detrás del intento de ideologizarlos y alienarlos a todos, por las buenas y/o por las malas que desde Chávez y con Maduro, estuvo siempre en la agenda de la clase política gobernante.
Hay un segmento a rescatar, sin embargo, del llamado daño antropológico que se observó y presentó como diagnóstico en Cuba y que repetimos ha sido perniciosamente inoculado a mucha de nuestra gente y de distintas clases sociales, como cosa curiosa, y lo describe Dagoberto Valdez así, “Sufren un bloqueo -asegura-, el peor de todos, que es el embargo de proyectos de vida independiente sin los que se desmigaja el alma humana y se fomenta un desaliento existencial”.
Por su parte Francisco Javier Muller citando el libro de Luis Aguilar León, “Cuba y su futuro”, agrupa 6 tipos de daños antropológicos específicos: 1) El servilismo, 2) El miedo a la represión, 3) El miedo al cambio, 4) La falta de voluntad política y de responsabilidad cívica, 5) La desesperanza, el desarraigo y el exilio dentro del país (insilio) y 6) La crisis ética. (Tomado de Provea – edición del 15 de enero 2020)
Empero, el criollo advierte que el cambio que requiere es complejo. Es económico, es personal, social, institucional, constitucional, político, cultural y moral. Es de aliento, desde dentro, consciente de que se trata de la crisis perfecta, de la disfunción general.
Más aún, es un compromiso con la evolución, con la adecuación a un cosmos del que un ciclo histórico de regresión nos privó, nos comprimió y enervó. Un devenir que nos rejuvenezca, tecnológico, educativo, cultural, económico y quizás también debe hablarse de ontológico que se ha encargado de transformar casi todo al homo actualis. ¿Llegamos al siglo XXI podríamos entonces interrogarnos? Mariano Picón Salas y Alberto Adriani dirían viéndonos que, tal vez no.
Concluyo estas letras así: la legitimidad no se consuma con un proceso electoral ni la transición con el mero desmontaje del cepo chavomaduristamilitaristacastristaideologista. Reclaman, además, la promoción e incardinación pluralista de un proyecto esencial de libre albedrío ciudadano que pueda conducir en este momento constituyente a una auténtica concertación democrática, deliberativa y decisoria que perfile otro republicanismo.
Nelson Chitty La Roche, nchittylaroche@gmail.com, @nchittylaroche
