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Chitty La Roche: ¿Si nos guiamos por la verdad, deberíamos todos rendir cuentas?

Qué es la verdad? - EL NACIONAL

“El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla” — Se atribuye a varios autores.

“Cada idea que se nos ocurre tiene la estructura de una pregunta” — H. G. Gadamer

No comenzaré, como quizás sea recomendable, ensayando una definición de la verdad que, como bien nos recuerda Gadamer (a quien parafraseo), “es más vasta que la ciencia misma”. Confiaré en que el lector y yo estemos en sintonía al respecto, tanto como ambos sabemos qué mostramos y qué percibimos en el encuentro en que nos comunicamos.

Claro que el tema que quisiera considerar, aun superficialmente, en estas letras concierne a una prestación de la verdad que nos permite ponderar, valorar, revisar, conocer y discernir nuestro rol en esa complejidad de actos y secuencias que protagonizamos todos, y que constituye el acervo histórico en el cual somos actores y espectadores.

Lo que sí trataré con sencillez es avanzar una presentación de lo que denominamos «rendición de cuentas», algo que también obra en el conocimiento público; sin embargo, a veces la precisión permite una mejor comprensión.

Destaco y hago énfasis en una relación que casi por antonomasia se cumple entre rendir cuentas y ser responsable. En efecto, una definición pertinente sería más o menos así: es la obligación moral o jurídica de justificar las decisiones y la utilización de ciertos recursos financieros o públicos ante los ciudadanos o los accionistas, según sea el caso. En la cotidianidad podríamos decir que rendir cuentas consiste en explicar o responder al requerimiento que se le hace al administrador por sus operaciones, las cuales además conciernen e interesan a su comunidad.

El que administra la cosa ajena —aún si también es en parte suya— debe hacer una gestión y, por eso, es responsable de ella. Rendir cuentas implica asumir la responsabilidad de las propias acciones y explicar sus consecuencias, tanto en el ámbito personal como en el profesional. Es un principio fundamental que fomenta la transparencia, la confianza y la credibilidad en las relaciones humanas. Al desarrollar esta práctica, se fortalecen los valores éticos y se promueve un entorno de colaboración y respeto.

Empero, también es propio de la rendición de cuentas el ámbito de la justicia transicional. Se trata de los procesos, juicios, purgas y reparaciones que tienen lugar luego del cambio de un régimen político a otro. En Atenas se recuerdan especialmente dos episodios que pudiéramos denominar antecedentes del ejercicio de la justicia transicional, por allá en el 411 a. C. y, poco después, en el 403 a. C. En ambos casos se trató de disputas entre los promotores y actores de la oligarquía y los llamados demócratas o defensores del pueblo; evoco a Lisias, a Eratóstenes y a los Treinta Tiranos como los protagonistas de esas pendencias, entre varios más. En 1814 y 1815, con la Restauración de los Borbones, de nuevo se vivió un proceso de justicia transicional y, de manera muy especial, volvió a ocurrir luego de la Segunda Guerra Mundial.

Es interesantísimo el seguimiento que puede hacérsele a la historia de los procesos de justicia transicional posteriores; sin embargo, no es per se el propósito de esta reflexión, la cual apunta a la procura de la verdad y, hasta donde sea posible, al tratamiento que deriva del punto de inflexión entre la impunidad y la responsabilidad.

Cabe y es menester convocar a un gigante del pensamiento que dirige su planteamiento sobre la rendición de cuentas hacia la noción de responsabilidad. En tal sentido se lee:

“Para Georg Wilhelm Friedrich Hegel, la rendición de cuentas (entendida como responsabilidad moral y política, o Zurechnung) no es un simple mecanismo administrativo, sino la condición indispensable para que exista la libertad y la acción humana racional. En sus Principios de la Filosofía del Derecho, Hegel sostiene que un individuo o una institución solo son verdaderamente libres si son capaces de asumir y responder por las consecuencias de sus actos ante la comunidad” (Hegel’s Theory of Responsibility, págs. 1-26, DOI: 10.1017/CBO9781139939614.001, Cambridge University Press, 2015).

Hegel va más lejos y ubica a la historia como el «tribunal del mundo». A esta idea se puede asociar la perspectiva de que la historia juzga a los hombres y los absuelve o condena. La verdad es consustancial a la rendición de cuentas y de allí se desprende un presupuesto esencial para la credibilidad y la paz: la verdad que nos revela y permite asumir lo acontecido a unos, así como la responsabilidad de los otros.

No se trata de juzgar a los demás y eximirnos nosotros mismos. Hay necesidad de una contrición sincera, y estoy pensando en las falencias ciudadanas en las que hemos incurrido como pueblo y que explican por qué estamos donde estamos.

Un estudio de opinión que pude leer recientemente deja ver como aspiración de la sociedad —con miras a la reinstitucionalización y la paz— la instrumentación de mecanismos para asegurar el castigo a aquel que infringió sistemáticamente la ley y cometió crímenes contra los derechos humanos. Además, los encuestados asumen que habrá un mecanismo de resarcimiento para las víctimas.

Todos somos responsables de todos; pero, como diría Hannah Arendt, existen los que sabemos culpables y que deberán responder ante la ley. No hay en nuestra gente, de acuerdo con el estudio mencionado, afanes vindicativos, pero sí se esperan acciones por la justicia que resulte de la decantación de la verdad.

Si algo aprendió el finado de Sabaneta de ese gángster de la política que fue Fidel Castro, fue atreverse a sistematizar la sustitución de la verdad por el discurso y la versión oficial. Venezuela vivió y aún vive en la mentira, la alteración, la deformación y la falsificación de los hechos; y, peor todavía, en la adulteración de todas las normas de cualquier género para imponer en su lugar las engañifas e imposturas que convenían al régimen corrupto que nos ha gobernado en estos últimos 27 años.

Hago votos porque el trabajo de la comisión que, de un lado preside Dinorah Figuera y del otro Jorge Rodríguez, tenga éxito para el bien del país, aunque asomo como metodología impajaritable —habida cuenta del fracaso consecutivo de todos los diálogos que se adelantaron en estos años con el chavomadurismomilitarismocastrismoideologismo— la transparencia y una conducta celosa con la verdad.

Siempre cabe evocar a uno de los más grandes novelistas y, a mi juicio, uno de los mayores conocedores del corazón humano, Fiódor Dostoyevski, quien en Los hermanos Karamázov sentencia:

“El hombre que se miente a sí mismo y escucha sus propias mentiras llega a tal punto que ya no puede distinguir la verdad dentro de sí mismo ni a su alrededor”.

Nelson Chitty La Roche

nchittylaroche@gmail.com | @nchittylaroche

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