Eliane Brum: Brasil entre lo peor y la catástrofe
Brasil acude a las urnas este domingo, 4 de octubre, en unas de las elecciones más determinantes para la configuración del mundo ya en un futuro próximo. Del resultado dependerá el destino de la selva amazónica, de la que depende en gran medida la capacidad de nuestra especie para hacer frente al calentamiento global. Hay que advertir que las previsiones no son buenas. Al contrario: en los escenarios más probables, la situación será peor de lo que es hoy.
En el escenario menos malo, Lula sale reelegido, pero el Congreso sigue dominado por las fuerzas de la destrucción. La mayoría, tanto en la Cámara de los Diputados como en el Senado, estará compuesta por representantes de grupos económicos favorables a la explotación predatoria de la naturaleza, al debilitamiento de los derechos, al desmantelamiento de la sanidad y la educación públicas, a una concepción de la seguridad marcada por la violencia contra los negros y los más pobres, a todas las acciones que erosionan la protección del medioambiente y provocan el calentamiento global.
En la actual legislatura, la composición del Congreso brasileño ya es esta y Lula acumula derrotas y capitulaciones por no tener mayoría. ¿Eso significa que se mantendría el mismo equilibrio de fuerzas de hoy? Probablemente no.
En los últimos casi cuatro años, el Tribunal Supremo ha atajado parte de los excesos y las inconstitucionalidades del Congreso. Pero ahora se encuentra sumido en la mayor crisis de su historia, con magistrados bajo sospecha por una presunta implicación en el mayor fraude financiero de la historia de Brasil. Debilitado, dividido y desmoralizado, el Supremo sería incapaz de desempeñar el papel de guardián de la Constitución que ha tenido en el actual Gobierno.
El segundo escenario es catastrófico: Flávio Bolsonaro gana las elecciones y consigue una mayoría en el Congreso. Si eso ocurre, Brasil vivirá algo peor que el Gobierno de Jair Bolsonaro (2019-2022), hoy encarcelado por intento de golpe de Estado, pero en un contexto mucho peor. En la coyuntura interna, se encontrará con un Supremo debilitado; en la externa, con el impacto y la injerencia del Gobierno de Donald Trump, que pretende convertir Latinoamérica en su patio trasero. Flávio Bolsonaro ya ha demostrado que, si sale elegido, aceptará la tutela de Trump, lo que dejará a casi todo el continente sudamericano subordinado al sociópata de la Casa Blanca. Bolsonaro hijo estará en un momento mucho más propicio para acabar de destruir la democracia que aquel en el que estaba su padre.
Técnicamente, existe un tercer y un cuarto escenario: la reelección de Lula y la renovación del Congreso con un sesgo progresista, o incluso la elección de Flávio Bolsonaro y un Congreso progresista. Pero políticamente son bastante improbables. Aunque las elecciones siempre pueden sorprender, lo más probable es que Brasil se vaya a dormir este domingo con un Congreso electo tan depredador como el actual, o incluso más. Para conocer el desenlace de la disputa presidencial habrá que esperar a la segunda vuelta, a menos que los sondeos electorales fallen espectacularmente, como ya ha ocurrido en comicios anteriores.
En los 21 días que median entre la primera y la segunda vuelta, el bando progresista tendrá que luchar —y mucho— para conseguir un escenario peor que el actual, pero, aun así, mejor que el regreso al poder de la familia Bolsonaro, en un momento en que Donald Trump corroe el planeta, la extrema derecha avanza incluso en lugares que hasta ahora se consideraban a salvo, como Alemania, y el calentamiento global se acelera, agravando los fenómenos climáticos extremos. Mucho más que un resultado electoral, lo que está en juego es la democracia brasileña: hay que impedir que quede reducida a una mera fachada y rebajar el riesgo de que estas sean las últimas elecciones, dado el historial golpista de los Bolsonaro.
Traducción de Meritxell Almarza.

