Ramón Peña / En pocas palabras: Monroe, Roosevelt, Trump
La llamada doctrina Monroe, con su lema América para los americanos, impulsada por el presidente de Estados Unidos James Monroe en 1823, proscribía todo intento de nueva colonización europea en el continente americano, considerándolo también como amenaza a la paz y la seguridad de EE. UU. Por décadas no pasó de ser una postura simbólica ante Europa, pero también sentó la base para definir el grado de influencia que tendría Washington en el continente.
En los albores del Siglo XX, bajo la presidencia de Theodore Roosevelt, aquella doctrina derivó en la facultad de EE.UU. para intervenir militar y económicamente en naciones latinoamericanas en pro de los intereses estadounidenses. Tal recurso de fuerza fue empleado por sucesivos presidentes a lo largo de esa centuria, razonándolo como medio de contención del comunismo emergente en el hemisferio.
Luego de algunas décadas de relaciones menos impetuosas entre la metrópoli del Norte y el resto del continente, emerge ahora una tercera versión de la doctrina Monroe, impulsada por el presidente Donald Trump,
En esta oportunidad, la declaración, motejada como doctrina Donroe, tiene entre sus ejes: hacer valer la hegemonía estadounidense sobre todo el hemisferio para controlar y apropiarse de recursos naturales estratégicos, léase petróleo, metales preciosos, tierras raras, o también infraestructuras; obstaculizar la presencia comercial, económica y estratégica de China, rival existencial de EE.UU.; interviniendo directa y unilateralmente (no vía OEA, por ejemplo), por cualquier medio, desde aranceles hasta la fuerza militar.
Así, en 203 años, el propósito original anticolonialista de Monroe, de una América republicana contra el absolutismo europeo, reafirmado por otros presidentes como Groover Cleveland, ha evolucionado, pasando por el ejercicio imperial esencialmente anticomunista del SXX, hasta concluir hoy en el mercantilismo primario (sin excluir interés personal) que pretende imponer el actual ocupante de la Casa Blanca…
