Cisne blanco
Delibes decía que, si hubiéramos tenido a un Juan XXIII a tiempo, quizá nos habríamos librado de la Guerra Civil. Quizá con León XIV podamos librarnos de la barbarie

Acto de Santiago Abascal, líder de Vox, en Granada. (Antonio L Juarez)
Una vez escuché decir a monseñor Argüello que a cada evento de la historia le sucede una respuesta evangélica. Así, ante la caída de Roma, surge Agustín de Hipona; ante la cristiandad enferma de las Cruzadas, Francisco de Asís; ante la crisis del papado de Aviñón, Catalina de Siena; ante la Reforma protestante, Ignacio de Loyola y Teresa de Jesús; ante la soberbia racionalista, Lourdes; ante la cuestión obrera, León XIII; ante la Primera Guerra Mundial, Fátima; ante el comunismo, Juan Pablo II, y concluía Argüello diciendo que, si tratamos de impedir que la historia transcurra, estaremos impidiendo también la consecuente respuesta evangélica.
El mayor problema que hoy tiene Occidente es el auge de la extrema derecha, es decir, del nacionalismo, la xenofobia y el relativismo moral que preconiza la ruptura del humanismo cristiano, el multilateralismo y el derecho internacional –es decir, la paz– para entregarse a la guerra, la amenaza global y el maltrato al inmigrante en el nombre del Señor. Si el reto de Juan Pablo II fue mantener la dignidad del ser humano ante la atrocidad criminal del comunismo, el de León XIV será lidiar con la extrema derecha, el caballo de Troya del anticatolicismo. He ahí, sospecho, la respuesta evangélica: si ante la caída de Roma surgió Agustín de Hipona, ante la caída de esta nueva Roma surge otro agustino en defensa de la fe. Por eso su liderazgo crece, su carisma se agiganta y el orgullo de los creyentes por ver a la Iglesia donde debe nos reconforta.
Porque nos hemos quedado solos. En menos de un mes tendremos al Papa en España y cuesta comprender que, precisamente en este contexto, el PP haya decidido firmar una serie de pactos ilegales y xenófobos contrarios a su documento marco, a su Congreso, a su programa electoral, al humanismo cristiano y a la Constitución; cuesta también comprender que nadie en Génova haya sido capaz de preparar a Feijóo para ese escenario ni de detectar que el desprecio del mundo católico hacia Trump y hacia Orbán del norte no se arregla asociándose con Orbán del sur, Abascal; cuesta comprender que sea el PP quien se oponga a la Iglesia en la regularización de inmigrantes y aún más que su alternativa a ello sea privar de fondos a las ONG y a la propia Iglesia por asistir a los inmigrantes irregulares. ¿Pero alguien ha pensado qué cara van a poner cuando el Papa hable de inmigración o de guerra? ¿Cómo piensan digerir sus pactos xenófobos? ¿Tirando de Koldo? ¿De Adamuz? Lamentablemente no hay duda de quién va a ganar el debate público y este puede ser un punto de inflexión hacia una nueva correlación de bloques.
El otro día leía a Delibes decir que, si hubiéramos tenido a un Juan XXIII a tiempo, quizá nos habríamos librado de la Guerra Civil. Bien, quizá con León XIV podamos, al menos, librarnos de la barbarie.
